Categoría: Teatro

  • Elvis Presley: «Suspicion», una sospecha clásica

    Elvis
    Elvis Presley
    viax.cl

    Por Gonzalo Figueroa Cea

    Ojo, que no se trata de “Suspicious Minds”, un tema archirrepetido pero igual de formidable. El Elvis más romántico también seduce por la delicadeza de sus canciones.

    Quise darle un toque diferente al presente texto. No necesariamente referirme a una canción con la subjetividad propia de quien escribe, sino que referirme a la letra. Así de simple.

    Mi idea original era referirme a Elvis Presley a secas, su prematura muerte (a propósito de cumplirse recientemente 36 años de la misma), una cosa graciosa que le escuché decir a mi papá sobre él cuando yo era muy pequeño y Elvis todavía estaba vivo, su adicción a las drogas, en fin.

    Posteriormente, derivé a la idea de la letra pero pensando originalmente en los Beatles y, específicamente, en “Till There Was You”, ese hermoso tema del norteamericano Meredith Wilson, ya conocido a fines de los años 50 y revitalizado en 1963 por el cuarteto británico, con la voz de Paul McCartney.

    Pero no fue así. De todos modos los temas referidos serán parte de futuros textos míos.

    Así, finalmente elegí otra canción que también me gusta mucho, pero que es interpretada por el “Rey del Rock and Roll”: “Suspicion”, que en castellano significa “Sospecha”. Como dato curioso, este tema, cuyos autores son los estadounidenses Doc Pomus y Mort Shuman, fue publicado en 1962 en la interpretación de Elvis, sin embargo su mayor repercusión tuvo lugar con la del compatriota de todos ellos, Terry Stafford, versión de 1964.

    Sin embargo, es recordada bastante más hasta nuestros días la versión de Elvis, cuya parte de la letra, una dulce alegoría a los celos expresada por un hombre enamorado, comparto con ustedes:

    “Cada vez que me besas, todavía no estoy seguro de que me amas”

    “¿Dices las mismas palabras a otros cuando no estoy?”

    “Sospechas atormentan mi corazón”

    “Sospechas nos mantienen separados”

    “Sospechas, ¿por qué me torturan?”

    “Cada vez que me llamas y me dices que nos veremos mañana, no puedo dejar de pensar que te reúnes con alguien esa misma noche”

    “Cariño, si me amas, te ruego esperar un poco más”

    “Espera hasta que aleje todos esos tontos temores de mi mente”

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  • Pink Floyd: “A Saucerful of Secrets”, un disco de colección

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    Regularmente se mencionan otros álbumes entre los memorables del cuarteto, pero el long play de 1968 no puede ser soslayado entre los trabajos relevantes de la agrupación.

    Los seguidores de Pink Floyd más acérrimos atesoran, entre sus discos predilectos de la legendaria banda británica, sobre todo “The Dark Side of the Moon” (1973) y “The Wall” (1979) como álbumes de cabecera. No hay duda que la relevancia de ambas producciones están a la altura de un “Sgt. Pepper’s Lonely Hearts Club Band” de The Beatles, un “Thick as a Brick” de Jethro Tull, un “Close to the Edge” de Yes o un “IV” de Led Zeppelin, solo por nombrar algunos de los trabajos más emblemáticos de la historia del rock.

    Sin embargo, afortunadamente el repertorio del “robusto señor Rock”, próximo a cumplir 60 años de vida como el gran fenómeno masivo de la música popular, es amplísimo y no se puede limitar a una cantidad X de producciones por muy influyentes o exitosas que éstas sean.

    Y, tal como lo pienso yo, también lo piensa Orestes, quien un día echaba un vistazo en su casa a las repisas que albergan, al menos, unos 300 discos de música rock, cuando redescubrió “A Saucerful of Secrets”, el interesantísimo segundo álbum de estudio de los Floyd, grabado en 1968 cuando el cuarteto estaba en plena transición entre el “reinado” de Syd Barrett y la toma de posesión del liderazgo de la banda por parte de Roger Waters, más el ingreso del guitarrista David Gilmour.

    Y mientras Orestes redescubría la referida etapa del conjunto inglés y se disponía a escucharlo, su pequeña hija Simona curioseaba por allí.

    -¿Qué es eso que suena tan raro, papá?

    -Es como un bajo, pero tocado súper rápido – respondió Orestes en relación al inicio del clásico tema con que arranca “Saucerful of Secrets”: “Let there be more light”.

    Luego, Simona queda sorprendida con “Remember a Day”, de Richard Wright, por los efectos volátiles de la guitarra, la presencia del piano y de la percusión, pero también por su delicadeza.

    -¡Es lindo, papá!

    -¿Yo?

    -Je, je…Tú sí, pero el tema también.

    Simona se anima a escuchar el disco con mucho interés, lo que llega a emocionar más de la cuenta a Orestes.

    Floyd
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    -…Nada. Lo que pasa es que estoy segregando mucha serotonina, je, je….

    -¿Qué es eso?

    -Otro día te explico. ¿Te gusta el disco?

    -Sí. Está muy bueno.

    Simona queda particularmente tiesa mirando el minicomponente a través del cual se escucha “Saucerful of Secrets”, sobre todo a la altura de temas como “Set the Controls for the Heart of the Sun” y aquél que le da nombre al disco. Al primero lo define como “misterioso” y, al segundo, como “conmovedor”.

    Respecto al primero, Orestes le formula una pregunta a la pequeña:

    -¿Por qué lo encuentras así?

    -Porque es como estar escondido en la selva.

    -¡Jajaja!.

    En todo caso, algo de razón tiene: sobre todo la forma cómo Nick Mason toca la batería da esa idea. A su vez, en relación al tema “Saucerful of Secrets”, Simona le formula una pregunta extrañada a su padre:

    -¿Por qué es así ese tema, papá? Es como que le ponen mucho color.

    -Es como la voz del universo -le responde él con mirada penetrante, sin olvidar que en la película “Pink Floyd at Pompeii” el mismo tema tiene una introducción diferente, donde los músicos ejecutan sus instrumentos en forma desaforada. Es como la idea de la formación del universo: «del caos al cosmos», como hubiese dicho el recordado profesor Luis Advis.

    Sin embargo, a diferencia de los temas referidos, “Corporal Clegg” le arrancó fuertes carcajadas a Simona.

    -¿Qué te causa gracia, Simona?

    -Esas trompetas, papá. Suenan muy divertidas.

    Simona se refería, evidentemente, a los instrumentos de viento de la banda del Ejército de Salvación, una gran ocurrencia de Waters para «Corporal Clegg».

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  • Cualquiera puede opinar de música

    Bach
    Bach
    lastfm.es

    Escuché decir en alguna oportunidad que la música es un “vehículo de emociones”. Puede ser. La subjetividad en este tema es neta: no tiene por qué acomplejarnos.

    El título que le coloqué al presente texto no es casual. Tiene que ver con sucesivos debates en mi mente, otros que he observado y otros que he sostenido con otras personas. ¿Cuál es mi fundamento respecto de la afirmación? (“cualquiera puede opinar de música”).

    Muy simple: si entendemos por “emoción” como una “conmoción afectiva de carácter intenso”, a su vez “conmoción” como “agitación o inquietud del ánimo” y “ánimo” simplemente como “alma o espíritu humano”, independientemente de las ideas de “positivo” o “negativo” que haya al respecto, quiere decir que la música genera emociones, hay subjetividad neta en tal sentido y, por lo tanto, cualquiera puede opinar.

    Una cosa diferente es la crítica. Por “crítica” se entiende, entre sus diversos significados, “conjunto de opiniones o juicios técnicos que se hacen sobre una obra artística o del conocimiento”. La palabra “técnica” da la clave: tiene que ver con “conocimientos especiales”. Allí no cabe necesariamente la subjetividad.

    Opiniones y «no tan opiniones»

    Recuerdo que un músico, perteneciente a una conocida banda tributo chilena, me explicó muy claramente esta distinción: “cuando un músico que es admirador de un grupo X observa a una banda que tributa a ese conjunto, se fija en aspectos de tiempo, afinación, pronunciación del vocalista y hasta detalles propios de las grabaciones originales de la agrupación tributada. Quien no es músico probablemente dejará pasar más de un detalle, pero quien lo es detectará de inmediato las debilidades. Es una manera simple de decirlo”. Y no tengo por qué no creerle.

    El tema es tan apasionante que recordé mis tiempos de la universidad, en 1995, cuando un gran profesor que tuve por entonces: el recordado Luis Advis, nos pasó el ramo de “Apreciación Musical”. Esa cátedra tuvo una introducción en 1994 denominada “Arte Contemporáneo” aunque el prefería para esa cátedra el nombre de “Estudio Comparado de las Artes”. Fue muy entretenido y enriquecedor.

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    Paul McCartney
    www.fanpop.com

    No fue fácil, pero fue una buena introducción para el ramo de “Apreciación Musical”. Lo sentí como “anillo al dedo”: y no sólo por el hecho de haber sacado las mejores notas del curso en esa cátedra, sino porque aprendí mucho. La coda: una especie de “puente” entre una parte y otra de un tema musical; el acorde suspensivo: que es una variante que deja el tema musical como “pendiendo de un hilo” hasta que lograr proseguir; y el acorde conclusivo: el claro final de un tema musical, entre otras, fueron algunas de las enseñanzas de ese período.

    Pero de lo que tampoco tuve duda por entonces fue de la subjetividad. Advis era músico 100 por ciento, tocaba el piano maravillosamente, componía y orquestaba. Autor de la “Cantata Santa María de Iquique”, este notable académico nos facilitó la comprensión de las diferentes etapas de la música: Barroca, Clásica, Romántica o Moderna, por ejemplo. Desde ese punto de vista, Johann Sebastian Bach no puede parecerse a Wolfgang Amadeus Mozart, y Tchaikovsky no encaja en el mismo estilo de Stravinsky.

    Sentido cósmico y atractivo

    Allí no sólo opera un tema de épocas distintas, sino de estilos distintos y, por cierto, toda clase de emociones. Un músico veterano, integrante de una renombrada agrupación nacional, me confesó algo revelador: “la música, tal como sostuvo Mozart, está en el universo, existe y lo que uno hace es rescatarla. Hay música en muchas cosas. Yo, que soy músico, puedo detectarla hasta en sonidos simples”.

    Paul McCartney, el reconocido ex Beatle, sostuvo que cuando componía junto a John Lennon en pleno apogeo de los “fab four”, hacían algo espontáneo aunque se preocupaban mucho de que sonara atractivo. McCartney reconocía, no obstante, que la clave estaba en la sección media. La sección media brinda, a juicio del británico, una pausa especial, un impulso diferente a la canción.

    En síntesis, así como Pilar Sordo exclama «¡viva la diferencia!», yo digo «¡viva la subjetividad».

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  • «Harlequin» de Genesis, ideal como para los bebés

    Genesis
    Sitio Genesis Museum

    Me gustan también «Michelle» de los Beatles o «Beautiful» de Marillion, pero la breve canción del mítico «Nursery Cryme» me cautiva más.

    La delicada guitarra de Steve Hackett, el coro liderado por Peter Gabriel (correctamente secundado por Phil Collins) son los elementos más llamativos de «Harlequin», el simple y bello tema de Genesis, parte del tercer álbum de la banda británica, publicado en 1971.

    Dejando al margen el aspecto de las letras, «Fearless» de Pink Floyd, el inicio de «Thick as a Brick» de Jethro Tull, «Mood for a Day» de Yes, «Michelle» de The Beatles o «Beautiful» de Marillion, por citar algunos ejemplos, son algunos de los temas suaves del rock que más me atraen pensando en los bebés, pero «Harlequin» los supera en mis predilecciones.

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  • Steve Howe y Steve Hackett: guitarristas insignes del rock progresivo

    Steve Hackett y Steve Howe
    Steve Hackett y Steve Howe (fotografía sacada de sitio Nación Progresiva)

    Por Gonzalo Figueroa Cea

    Integrantes de bandas legendarias como Yes, Genesis y GTR, estos músicos británicos representan fielmente el espíritu de la música de guitarras pesadas en la época en que un quinteto o un cuarteto podía sonar como una orquesta sinfónica.

    Para quienes seguimos la música como fieles admiradores, es difícil elegir un instrumento favorito.  En el caso específico del rock, aunque todos los instrumentos convencionales son muy interesantes, definitivamente y tras el ejercicio de rigor, siempre he sentido especial atracción por los teclados pero más especialmente por la guitarra.

    Allí mis héroes son muchos. Unos más creativos que otros, otros más revolucionarios que los restantes y, una cantidad nada despreciable, quizás no entren ni hayan entrado en la categoría de músicos extraordinarios, pero fueron tocados por la varita mágica del destino que dispuso que fueran parte de grupos legendarios y, en efecto, son talentosos casi como hubiesen recibido una herencia de un familiar muy querido.

    Entre los primeros del listado caben claramente nombres como Jimi Hendrix, Eric Clapton, Jan Akkerman, Brian May, Jeff Beck y Steve Vai, sólo por nombrar algunos. En cuanto a los segundos, puede que también quepan los primeros aunque además Steve Hackett, Steve Howe, Robert Fripp, Jimmy Page o Mark Knopfler. En cuanto a los terceros, podemos considerar  nombres como George Harrison, Martin Barre, Ritchie Blackmore, Keith Richards, David Gilmour, Andy Summers, Joe Strummer o Alex Lifeson.

    ¿Justa o injusta esta clasificación? Ambas para ser justos (ji, ji). Es la subjetividad en su forma más libertina. Y eso, en redes no especializadas, es bueno porque hace más amplio el abanico de opiniones y, por ende, más entretenido un eventual debate

    ¿Faltan nombres? Sin duda. Pero de lo que tampoco debe dudarse es del talento de los que nombre.

    Steve Hackett y Steve Howe

    Pero, como muchas veces en la vida tenemos que elegir, elijo a dos guitarristas que se aproximan más a lo que yo hubiese deseado si hubiera sido cien por ciento músico y, por necesaria añadidura, porque tiene que ver con el tipo de rock que más me gusta: el progresivo.

    Se trata de Steve Hackett y Steve Howe. Ambos ingleses. ambos casi de la misma edad (63 y 66, respectivamente) y ambos piezas fundamentales de los grupos que los hicieron famosos: Genesis y Yes, también respectivamente.

    Ambos apenas se empinaban sobre los veinte años de edad cuando empezaron a adquirir reputación como virtuosos de la guitarra. Howe debutó en Yes en el tercer álbum de la banda: «The Yes Album». Corría 1971, curiosamente el mismo año en que Hackett inició su trayectoria genesiana con «Nursery Cryme», el tercer álbum del grupo que lideraba entonces Peter Gabriel.

    Los punteos retumbantes de las guitarras de ambos, casi como si los instrumentos se sintieran en las nubes; conceptos como tapping, de alto interés para especializados; efectos casi idénticos al sonido de la cajas musicales y una fuerte predilección por la música clásica y la guitarra clásica española forman parte de generosa diversidad sonora de estos excelentes músicos.

    He querido en esta oportunidad privilegiar la veta acústica de ambos. Los temas elegidos son «Mood for a Day» de Steve Howe, como integrantes de Yes; y «Horizons» de Steve Hackett, original de tiempos de Genesis, pero interpretada acá en su etapa solista.

    [youtube=http://www.youtube.com/watch?v=ZiA1XBXAE6U]

  • ¿Qué te pasó Chuck?

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    www.emol.cl

    ¿Puede un músico de 86 años, cuya movilidad y sincronización dista mucho de la que tenía a los 25 e, incluso, a los 50, seguir su carrera musical con normalidad? De lo que no hay duda es que su leyenda se seguirá alimentando.

    La reciente presentación de Chuck Berry en el Movistar Arena de Santiago y su actuación precedente en Buenos Aires no sólo dio pie a un vendaval de opiniones acerca de la vejez del legendario cantante y guitarrista de rock, sino que también propuso una interesante pregunta, a la que estamos invitados a responder no solamente los seguidores de la música de guitarras duras sino que los seguidores de la música en general. Es la interrogante planteada en la bajada del presente texto.

    No está en absoluto en cuestionamiento la calidad de leyenda del rocanrolero estadounidense. Eso es imborrable, como también lo es su relevancia en la historia misma del rock and roll como el exponente más influyente -al menos, a mi juicio y al de muchos seguidores- y referente fundamental para personajes de la talla de Elvis Presley y los Beatles, sólo por nombrar algunos de los más populares e importantes.

    Pudiese pensarse con exagerada facilidad que los grandes responsables de su longeva y dificultosa presencia en los escenarios son sus hijos, sus asistentes y los responsables de la gira que lo trajo hasta Sudamérica, pero creo que es apresurado señalarlo con fuerza. También pudiese pensarse que él mismo es quien quiere seguir brindando espectáculos a pesar de que le cueste más acordarse de ciertos acordes y de la letra de las canciones que lo hicieran famoso.

    Lo importante es que, afortunadamente, hubo bastante respeto por la leyenda de parte de sus seguidores (entre quienes me incluyo). Creo que la prensa argentina fue muy vehemente y la nacional la secundó un poco en ese plano. Pero yendo a la pregunta que planteara al principio, la respuesta es muy simple y rotunda: NO.

    ¿Elton John o The Cure en 20 ó 30 años más?

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    www.paniko.cl

    Me encanta Chuck Berry y su legado. Durante este año, entre los recitales masivos que ha habido, tuvo el goce de estar en dos y, curiosamente, esos dos fueron de británicos: el show de Elton John en el último Festival de Viña del Mar, el pasado jueves 28 de febrero; y la actuación de The Cure en el Estadio Nacional de Santiago el domingo 14 de abril.

    Elton, además de tocar el piano maravillosamente, mostró una energía y una voz de grandes formas, lo que a sus 66 abriles bien vale la pena resaltar. ¿Su banda? Veterana en su mayor parte pero formidable en todas sus líneas: la gente bailó, coreó y se emocionó. Y eso habla por sí solo.

    En el caso de The Cure, al margen de la tremenda energía de sus integrantes para brindar ante 50 mil personas un espectáculo de tres horas y algo más, la voz de Robert Smith, quien cumplirá 54 abriles el domingo 21 que viene, se mantiene tan potente y emotiva como cuando tenía 20. Y eso que ha pasado por distintos períodos y, su banda, diferentes cambios en su formación: de los integrantes originales sólo se mantiene su amigo de siempre, el bajista Simon Gallup.

    Es aquí donde corresponde hacerse otra buena pregunta en torno a lo mismo: ¿vendrá Elton John y su banda dentro de unos 20 años más a estas latitudes a mostrarnos su rico repertorio con la misma energía? La misma pregunta cabe para los Cure pero haciendo una proyección a 30 años.

    Los dejo con Chuck Berry interpretando un clásico suyo junto a John Lennon, otro astro de la historia del rock; y luego el gran Elvis cantando el mismo éxito:

    [youtube=http://www.youtube.com/watch?v=AaIXNjC0piA]

    [youtube=http://www.youtube.com/watch?v=BG7UL9NfP8c]

  • The Cure: “Seventeen Seconds”, atractivamente oscuro

    The Cure en Chile
    http://caratulascd.com/

    El segundo álbum de la banda de Robert Smith muestra a un cuarteto con una propuesta tan llamativa como difícilmente encasillable.

    Se avecina The Cure. La banda británica, liderada por el carismático Robert Smith, estará por primera vez en nuestro país para brindarnos un show este domingo 14 de abril en el estadio Nacional. Eso, sin duda, es archiconocido. Sin embargo, a la memoria se me vienen mil recuerdos.

    En  1987 escuché por primera vez a los Cure. Tenía 15 años. Estaba en mi primer año de liceo. En aquel momento eran difundidos fuertemente, tanto en radio como televisión, los hoy ya clásicos “Boys don’t cry” e “In between days”, temas que, pese a ser publicados en años diferentes (1979 y 1986, respectivamente) se transformaron, en ese momento, en los grandes hits del grupo inglés en Chile.

    Años después, por ahí por 1991, fuertemente atraído entonces por un “arcoíris musical” que iba desde la música medieval hasta Sinead O’Connor, un amigo se animó a hacerme escuchar “Seventeen Seconds”, el segundo álbum de The Cure. Quedé perplejo.

    No profundizaré en el tema de las letras, aspecto que en el plano musical siempre da pie para una mención aparte en cuanto a análisis. No obstante eso, quedé impactado con la gran capacidad de Robert Smith de transmitir emociones con su voz y la energía de The Cure, capaz de ir de temas rápidos y hasta hiperbailables, nada convencionales conforme a la estructura de canciones pop o rock and roll conocidas hasta 1980 -año de la publicación de “Seventeen Seconds”-, a temas un tanto succionados de energía pero que igualmente me generaban interés.

    Los dejo con un breve recital de The Cure realizado en la misma época de “Seventeen Seconds”:

    [youtube=http://www.youtube.com/watch?v=Rj7lbz_yr6E]

     

  • «Corazones en Llamas»: varias historias del rock argentino

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    Charly García
    (distintaslatitudes.net)

    El libro, que incluye relatos sorprendentes acerca de músicos trasandinos del vecino país en los 80, nuevamente es objeto de mi pluma.

    Ha pasado un tiempito desde que comenté brevemente «Corazones en Llamas: Historias del rock argentino en los 80», de Laura Ramos y Cynthia Lejbowicz. Pero hubo lectores que quedaron con gusto a poco. Por tal motivo esta vez me referiré nuevamente a esta simpática publicación, pero sin comentarla.

    Al contrario: para motivar la opinión de los lectores reproduciré algunos párrafos de este atractivo texto, de Clarín y Aguilar, que salió a la luz pública en 1991.

    «Cuando lo mataron a Lennon fue un bajón. Un bajón. Era el crimen del siglo. Hasta ese momento, para mí, era lo más fuerte que había pasado. Aparte, yo era fan de los Beatles, conocía todos los temas. Lennon era un tipo re importante para mí, y bueno, lo mataron. Vino un chiflado y lo mató».

    Fito Páez, diciembre de 1980.

    «Me quise morir. Yo vivía con mis padres, ya estaba en la facu, y mi vieja me lo contó cuando me levanté. Fue espantoso, Lennon era el que el que más me gustaba de los Beatles. Lo que sentía era muy fuerte. Lo primero que me acuerdo de la música es con alguna escoba, frente al espejo, tocando Twist and Shouts. Fue muy doloroso».

    Gustavo Cerati, diciembre de 1980.

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    Gustavo Cerati
    (sodaporsiemprestereo.es)

    «La lluvia hacía globos en el cemento, y allá abajo, en el césped, la tierra se convirtió en barro. Hubo corridas y peleas violentas. Harto de esperar, el público rugía de furia. En los camarines de los músicos argentinos el chiste era: a ver cuántas pifias vas a recibir. En un momento se cortó la luz, nadie se animaba a salir al escenario y Daniel Grinbank pidió a García que saliera para calmar a la gente mientras intentaba arreglar la falla. Charly subió y juntó sus manos en un rezo. La multitud lo aclamó».

    Extracto de «Un gato de metal» acerca de un episodio de noviembre de 1985, donde Charly García y su banda -conformada por Fito Páez, Daniel Melingo, Fabiana Cantilo y los G.I.T.- debían tocar en el estadio de Vélez Sarfield en el marco del Festival Buenos Aires Rock & Pop. Entre los invitados extranjeros al evento figuraban John Mayall, INXS y Nina Hagen.

    «Poco días después, tras cuatro noches sin dormir, Gustavo sintió que el corazón le estallaba y paró la grabación, salió del estudio y se subió a un taxi. Al llegar a la puerta del Hospital Italiano, el reloj marcaba doscientos australes.

    -Quedate con el vuelto -gritó, mientras arrojaba al taxista un billete de quinientos. En el hospital, lo recibió una médica de la guardia.

    -¿Voy a vivir, doctora? -le preguntó.

    -Quedate tranquilo -le dijo la médica después de tomarle la presión. Gustavo fue a la casa de sus padres y se metió en la bañadera. Por primera vez, había sentido que su vida se escurría».

    Extracto de «Caja negra», referido a hechos ocurridos en 1986 cuando Gustavo Cerati, como parte de Soda Stereo, participaba en la grabación del legendario álbum «Signos». Es importante resaltar que, quedando tan sólo una semana para finalizar el registro, faltaban las letras de casi todos los temas, lo que Cerati alcanzó a realizar de «un tirón» en una noche.

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    Federico Moura
    (andrejkoymasky.
    com)

    -Estando en Chile vino a verme una mujer. Me dijo que había escrito un libro en el que yo aparecía enfermo de SIDA.

    -¡Qué mala onda esa mina! -se molestó Jacoby.

    -Lo peor es que es cierto -le contestó Federico.

    Un día después de Navidad, Virus dio un concierto en el Fénix de Flores».

    Extracto de «Fuck You» acerca de una conversación que sostuvo en Buenos Aires, a fines de 1987,  Federico Moura con su amigo Roberto Jacoby, despues de una gira de Virus por Chile.

    Para finalizar los dejo con clásicos de grandes exponentes del rock argentino citados aquí:

    [youtube=http://www.youtube.com/watch?v=ChdiF69yQxE]

    [youtube=http://www.youtube.com/watch?v=zOnl2mF3aSk]

    [youtube=http://www.youtube.com/watch?v=jN-gpYQz4n8]

  • Yes: “Fragile” (1971), el todo y cada uno

    Yes Fragile
    Yes Fragile
    (www.copertinedvd.net)

    El cuarto álbum del quinteto británico confirma a éste como uno de los grandes grupos de la historia rock progresivo de los 70.

    Por sí sola la carrera de Yes, tanto por lo extensa como por sus cambios de integrantes y de estilo, genera mucha controversia. Por citar sólo un aspecto, como los álbumes, muchos seguidores se inclinan por “Close to the Edge” (1972) al momento de elegir su disco de cabecera. Otros se inclinan por la etapa más pop, en los años 80, con producciones como “90125” o “Big Generator”.

    En síntesis, se puede hablar y escribir mucho al respecto. Sin embargo, la misma libertad que la música nos ofrece al activar nuestras emociones, nos permite con facilidad elegir: no es que “Fragile” sea mi disco favorito del referido grupo de rock progresivo británico, pero sí lo reconozco por su potencial espectacular y por ser una especie de macizo resumen de todo lo que era capaz de hacer Yes en 1971.

    Provisto de los atractivos diseños de portada, contratapa e interiores de Roger Dean, el álbum, de 9 canciones y 41 minutos de duración, revela los talentos colectivos e individuales de la agrupación. La complejidad de los arreglos se torna grata de escuchar porque está provista de un sonido que matiza la delicadeza con la distorsión, lo diminuto con lo envolvente, lo veloz con lo que necesariamente debe ser escuchado más lento. “Roundabout”, “Heart of the Sunrise” y “Long distance Runaround” son los temas más conocidos en una producción clásica en su integridad.

    Sobresale allí la particularidad de Yes de traspasar eficazmente el velo que separa el rock and roll con otros estilos, subgéneros o géneros, como la música selecta o el folk. Jon Anderson se distingue con su aguda voz, Chris Squire se esmera en sacarle melodías de fuerte presencia mediante el bajo, Bill Bruford da la impresión que combinara ritmos sobre ritmos, Rick Wakeman (quien visitara Chile muy recientemente) hasta nos regala una reinterpretación de un clásico de Brahms y Steve Howe añade a sus intrincados riffs y punteos de guitarra eléctrica una sobresaliente ejecución en guitarra clásica.

    Para finalizar los dejo con la interpretación en vivo, a cargo de Steve Howe, de un tema de este gran álbum: 

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  • Toto: “The Seventh One”, un álbum entretenido

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    Portada «The Seventh One»
    www.lyricspond.com

    El grupo californiano ratifica en este disco un rock de gran atractivo comercial y de llamativos desempeños individuales.

    Toto es una de las grandes bandas del rock mundial y, particularmente, de Estados Unidos. Los años 70 y 80 lo tienen como referentes pop ineludibles.

    Una docena de destacados músicos han sido parte de esta agrupación a lo largo de sus 36 años de existencia, trayectoria que ha dado origen a una docenas de álbumes de estudio.

    No está de más decir que me gusta esta agrupación, originaria de los Ángeles. Podría extenderme más de la cuenta al referirme a su historia y las razones por las cuales me gusta. Podría referirme a grandes producciones como «Hydra» (1979) ó «Toto IV» (1982), pero prefiero centrarme en su séptimo álbum: “The Seventh One”, lanzado en 1988 y donde figuran, entre 11 temas, los éxitos “Pamela”, “Anna”, “Stop Loving You” y “Straight for the Heart”.

    Potencia y variedad

    Destacado regularmente como un conjunto de rock conformado por destacados músicos de sesión, Toto demuestra en “The Seventh One” la capacidad de sus músicos para armar buenas canciones, varias de ellas comercialmente muy atractivas; contar con un repertorio bailable tanto en pista lenta como rápida; y llamar la atención por el virtuosismo instrumental de sus músicos, que en conjunto no limitan sus talentos a los instrumentos tradicionales del rock: guitarra eléctrica, bajo eléctrico y batería, sino que agregan guitarra clásica, teclados y piano eléctrico.

    Elementos del jazz, del rock and roll y del rock progresivo se entrelazan en este gran disco, donde Toto cuenta en su formación con Jeff Porcaro en batería, David Paich en teclados y voz, Joseph Williams como cantante principal, Steve Lukather en guitarras y voz, Mike Porcaro en bajo y Steve Porcaro en teclados.

    Para finalizar, un gran clásico de este álbum:

    [youtube=http://www.youtube.com/watch?v=pdo39aFqL10]