
Por Gonzalo Figueroa Cea
El cuarteto trasandino es una de las grandes bandas de la historia musical del vecino país.
Como se dice en buen chileno, no andaré con rodeos: me encanta el rock argentino. Es como una especie de obsesión, tal como me ocurre con el rock progresivo, aunque en este último caso mi gusto no se centra en un país.
De hecho, en mis constantes «investigaciones» (lo expongo así para no parecer sabueso), a raíz de un reportaje hecho por el suplemento Culto, de La Tercera, redescubrí a Aquelarre, una banda emblema del rock en Argentina durante el primer lustro de los 70 y que, en cierto sentido, tiene como agrupación subsidiaria a Almendra. Pongo «redescubrí» porque sabía de la importancia de esta agrupación, había escuchado hablar de ella como mil veces pero sin profundizar en aquella… importancia.
Justamente, para hablar de Aquelarre, en Almendra me quiero detener un poco, no necesariamente para alabar a Luis Alberto Spinetta (del querido «flaco» podemos hablar muy bien largo y tendido), sino para señalar que dos de sus ex integrantes fueron los que dieron origen a Aquelarre: el bajista Emilio del Guercio y el baterista Rodolfo García. Completaron la formación Héctor Starc en guitarra y Hugo González Neira en teclados. Todos cantaban.
Sin interés, por ahora, en profundizar mucho acerca de la separación de Almendra, supe que Spinetta no quiso introducir temáticas políticas en las creaciones musicales de la banda, a diferencia de lo que pensaba Del Guercio, quien en Aquelarre tuvo el espacio para dar cabida a lo que el consideraba muy relevante en el quehacer de su arte: reflejar una realidad, la que por entonces era cruda en Argentina. Sin ir más lejos, desgraciadamente por entonces tuvieron lugar las masacres de Trelew (1972) y de Eseiza (1973), anticipos de lo que fue la dictadura militar que comenzó en 1976 y temas que, por su altísima sensibilidad, no podían pasar inadvertidos para el bajista.
De hecho, estos últimos aspectos de la carrera de la agrupación fueron expuestos por el periodista Diego Giordano (autor de Uniendo fisuras, acerca de la carrera de Soda Stereo, y otras obras literarias) en las líneas en que justificó la elección de su «disco clave» del rock argentino, en el marco del reportaje que mencioné en el segundo párrafo del presente artículo: «15 discos clave del rock argentino: la guía definitiva», publicado por Eduardo Ortega en enero del presente año en Culto.
Sin embargo, no quisiera quedarme sólo en lo ya señalado y en el disco que eligió Diego Giordano en la citada ocasión: el álbum homónimo de Aquelarre, el primero de su discografía, lanzado en 1972 (en efecto, el registro lo dejé para descarga al final de esta entrada). Si quisiera compartir la presentación en la televisión española de esta excelente banda durante su residencia en el país peninsular, en 1975.
Esa grabación incluye una entrevista y cinco temas: «Ceremonias para disolver», «Violencia en el parque», «Canto cetrino» y «El hombre cercano». Allí se puede apreciar el rico estilo del grupo, provisto de estructuras intrincadas donde combina blues, jazz, psicodelia, guitarras duras y letras muy apegadas al ámbito terrenal. Añado, como previa, palabras de dos de sus integrantes debajo de este párrafo.
«Fue, pienso yo, el primer grupo que fue realmente y netamente argentino, que hacía una música rock pero totalmente nacional, sin influencias o muy pocas influencias y cantada en castellano».
(Héctor Starc en relación a Aquelarre)
«Yo pienso que eso se dio como una evolución natural. Es decir, en la medida que vas tomando conciencia de la necesidad de crear una propia música, esa conciencia te lleva a hacerla directamente. Ahora el hecho no es instantáneo sino que los elementos se van mezclando y vas consiguiendo, a medida que transcurre el tiempo, un lenguaje propio».
(Emilio del Guercio, consultado acerca de cómo hace su música Aquelarre)
«No creo conocer todo. En Uruguay, por ejemplo, se desarrolló un movimiento bastante importante, hubo conjuntos importantes. En Brasil, pienso que ahora hay grupos que están un poco alejados de la bossa nova y de todo lo que significó ese movimiento. Y en los demás países también sé que existen grupos, pero no han trascendido; es decir, no tengo demasiado conocimiento de ello, no creo que se haya desarrollado como en los dos países que te nombré anteriormente; es decir, en Uruguay y en Argentina».
(Rodolfo García, acerca del impacto del rock de factura sudamericana)
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