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| Phillip Sevy (ilustrador) |
Les invito a leer dos cuentos acerca de tiempos de transición de unos jóvenes entre la etapa escolar y la universidad.
Por Gonzalo Figueroa Cea
Ferenc Mancilla tuvo una gran amistad con Ferdinando Huerta. La cimentaron en la universidad. Notablemente diferentes en algunos aspectos vitales, en ese tiempo ambos querían dejar atrás un pasado que, como dos jóvenes próximos a la veintena de edad, no los tenía del todo satisfecho. Ferenc entró a estudiar periodismo porque quería especializarse como crítico de música, usaba el pelo largo al estilo Jim Morrison, era de vestir extravagante, alucinaba con Genesis y el Colo Colo de Jozić, y se declaraba izquierdista. Ferdinando, en cambio, usaba el pelo muy corto, sobresalía con un fisico de gimnasta olímpico y 1,85 de estatura, se sentía atraído con Creedence Clearwater Revival, le gustaba Cobreloa y, aunque entró a estudiar periodismo, su horizonte estaba en la aviación.
Y se conocieron de manera bien particular. Corría 1991:
-Mataron a Jaime Guzmán, nuestro gran referente -señaló cabizbajo Ferdinando. El resto sólo atina a escuchar…Salvo Ferenc.
-No justifico el crimen. Pero no me agradaba -retrucó Ferenc.
-Claro, ¡si lo mataron los hijos de puta del Frente Patriótico Manuel Rodríguez! -responde a su vez Ferdinando.


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