Virus siempre nos invitó a imaginar y amar, pero sobre todo a bailar y reír

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Virus-1984
Virus (sitio Crock)

Perteneciente al tercer disco de la recordada banda trasandina, «Hay que salir del agujero interior» es como un himno de libertad.

Leí recientemente tres interesantísimos artículos sobre Virus. Uso el adjetivo plural no sólo por la abundancia de detalles de esas publicaciones sino por la profundidad de los mismos.

Uno, de Camila Hadad, se refiere al remezón familiar por la enfermedad que padeció el líder y cantante de la banda, Federico Moura, y en consecuencia su muerte, pero también del sufrimiento bastante previo tras el asesinato del hermano mayor del clan, Jorge, por parte de la dictadura militar (testimonio de su hermano Marcelo); otro, autoría de Daniel Gigena, resalta los atributos distinguibles del último disco del conjunto con Federico: «Superficies de Placer» (1987), a treinta años de su lanzamiento; y, el restante, escrito por Mauro Apicella, resume la trascendencia que tuvieron algunos grupos y solistas del rock argentino en 1983 con producciones surgidas justamente en el período transicional entre dictadura y democracia. Allí figura Virus con «Agujero Interior».

Da la casualidad que ese álbum, el tercero de la agrupación, fue lanzado el mismo día en que retornaba la democracia: el 10 de diciembre. Considerado el disco más rockero del grupo, el mejor hasta ese entonces y el que los lanzó a la masividad (merece, sin duda, un reportaje propio), contiene varios éxitos, entre éstos aquél que quiero resaltar en estas líneas: «Hay que salir del agujero interior».

Y no lo elegí porque sí: escrita por Federico Moura y Roberto Jacoby, con letras del cantante, resume un poco el estilo de Virus y su línea de acción ante la vida, a pesar de los sinsabores que les tocó vivir.

Hay que salir del agujero interior
Largar la piña en otra dirección
No hace falta ser un ser superior (todo depende de la transpiración)
Poner el cuerpo y el bocho en acción.

A la vida hay que hacerle el amor
Sin drama, con locura y pasión
Jugar con la imaginación
Sin tener que pedir perdón

La canción se transformó en un emblema del tercer largaduración de Virus y, a la larga, en un gran clásico de la agrupación originaria de La Plata. Analizada la letra (un juego de dos estrofas que se repite después de los lúdicos lucimientos de las teclas y la guitarra) recuerdo las palabras de Sandra Mihanovic, en un especial de televisión que condujo hace algunos años, sobre el cantante de Virus: “Federico apareció en el horizonte musical argentino como una explosión de color y energía. Los Virus desacartonaron la música con letras irónicas y diciéndonos que nos largáramos a bailar. Proponían salir del agujero interior, hacerle el amor a la vida. Federico no quería que nos quedaramos pegados con la tristeza. Él fue el primero en decir que la diversión no es pecado”.

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