Etiqueta: Música

  • King Crimson: ¿que hay detrás de la cara del enigmático “Hombre Esquizoide”?

    King Crimson: ¿que hay detrás de la cara del enigmático “Hombre Esquizoide”?

    Portada de «In the court of the Crimson King» (Disccmusic.ca)

    Una persona claramente enajenada y desesperada revela su expresión. Se trata de la portada de “In the Court of The Crimson King”, el primer álbum del  (grupo británico. La pintura fue motivo de una nueva e interesante conversación con mi amigo Robin Palomar en su disquería.

    Por Gonzalo Figueroa Cea
    Es, para variar, un sábado tipín mediodía. Mi esposa y mi hija se toman un helado por ahí y yo converso animadamente con mi amigo Robin Palomar, en su pequeña disquería del caracol anexo a la estación del metro, sobre mi reciente compra: “Alturas de Macchu Picchu” de Los Jaivas.
    –Etéreo y envolvente el disco -me dice.
    –Los efectos de teclados: el minimoog, las combinaciones de instrumentos eléctricos y acústicos, la energía de cada uno de los integrantes, la potente voz de “Gato”…-le respondo sin terminar.
    Robin: Todo ese álbum es power…Los poemas de Neruda son maravillosos también.
    Yo: “Alturas de Macchu Picchu” me encanta y, Los Jaivas, en general, son inspiradores de grandes bandas nacionales del rock.
    Robin: ¿Cómo cuales?
    Yo: Creo que Tryo y La Desooorden tienen muchos de Los Jaivas y de Congreso, por ejemplo.
    Robin: Sin duda.
    Yo: Oye, cambiando de tema, el otro día me quedé analizando latamente el significado de la portada de “In the Court of The Crimson King”.
    Robin (ríe): ¿Cómo tanto? Igual es cuática la tapa, pero ¿a qué conclusión llegaste?
  • Led Zeppelin: a lo mejor Chiloé es Gales

    Led Zeppelin: a lo mejor Chiloé es Gales

    Led Zeppelin 1979 (sitio radio Futuro)

    Por Gonzalo Figueroa Cea

    16 de agosto de 2013

    Corría principios de 1994. Estaba junto a mi familia en Chiloé y conocimos a unos gringos hippies. Sobre rock y un poco de idiosincrasia chilena fue la conversación.

    Chiloé es hermoso de belleza natural (aunque suene redundante). La isla grande del sur de Chile destaca por su verde intenso, sus modestas y coloridas viviendas (algunas palafitos y otras trasladables: mingas que les llaman), los caminos recónditos, el imponente transbordador que cruza el muy inquieto canal de Chacao, las artesanías, el Caleuche, sus centenarias iglesias, la cultura de los huilliches y la buena onda de su gente en general.

    A principios de 1994, pleno verano, pernoctamos en una hospedería junto a mis padres, mi hermana, mi cuñado y mi primo Alejandro, tras observar la estrellada noche chilota (o chiloense, como hubiese dicho Fernando Paulsen).

    A la mañana siguiente nos encontramos a la hora del desayuno con unos jóvenes estadounidenses, casi treintones y con pinta de pelilargos californianos estilo anti-Guerra de Vietnam de fines de los años 60. Los más entusiastas en querer conocerlos éramos mi primo Alejandro, de 15 años de edad, y yo, quien recién me empinaba en los 22. Empezamos a charlar animadamente.

    -Ustedes hablan muy rápido -nos dijo sonriente John, de notable parecido a Ginger Baker, el legendario baterista de Cream.

    -¿Tú crees?, je, je. Bueno, yo pensaba algo parecido respecto de ustedes -le retruqué yo, también sonriente.

    -A mi dan risa algunas expresiones de ustedes -añadió John.

    -Je, je, ¿cómo cuáles?

    -«Altiro» y «cosa naquever».

    -¡Jajajaj! ¿Escuchaste, Gonzalo?…»Altiro» y «cosa na’ que ver» –indicó Alejandro.

    -Je, je…Y tienen razón: son divertidas. Oye, ¿les gusta el rock? -les pregunté.

    -Sí. Por ejemplo, gustarme mucho Creedence Clearwater Revival -me respondió John.

    -Sí, la banda de John Fogerty. Son muy populares en Chile.

    -¿Sabes? La encuentro mucho mejor que otro conjunto, que debes conocer: Huey Lewis and The News. Creo que Creedence es mucho mejor -nos confesó el rubio forastero.

    -Sí, a mí también me gustan más los Creedence que los Huey Lewis. Lo que pasa es que Huey Lewis es más taquilla -le respondí.

    -¿¡What!?…No entenderte -dijo preocupado pero sonriente John.

    -Más comercial que Creedence…Huey Lewis more showbusiness -respondió Alejandro.

    -Claro. Las canciones de Huey Lewis se escuchan en películas como «Back to the future» o «Beverly Hills Cop» -añadí. Aunque todos reconocieron que son filmes muy entretenidos.

    -Ah, yeah…¿Y a ustedes cuáles grupos les gustan?

    -A mí varios, pero sobre todo Pink Floyd y Tangerine Dream, y músicos como Klaus Schulze -respondió Alejandro.

    -A mí también me gusta Pink Floyd, aunque mis grupos de cabecera son los Beatles, Genesis y Rush. También me gustan Yes, Emerson Lake and Palmer, Jethro Tull, Marillion, Kansas, Toto, Deep Purple, Led Zeppelin -le dije muy convencido a John.

    -A Mary le gusta mucho Led Zeppelin. Es su grupo favorito -respondió John, apuntando a su novia, de notable parecido a Janis Joplin aunque en una versión extremadamente delgada.

    -¡Ah!, ¡grande Led Zeppelin! -dijimos al unísono Alejandro y yo, muy sonrientes.

    -¡Extraordinary! -respondió ella muy sonriente. Las carcajadas no se hicieron esperar.

    -Oye, ¿cuál disco te gusta más?

    -«Led Zeppelin III» -señaló con seguridad ella.

    -Me gustan todos aunque especialmente el «IV» y el «II» -les dije.

    -Y los cuatro son grandes músicos -expresó Mary.

    -¿Y cuál te gusta más?

    -Robert. Él canta muy bonitou. Pero son todos grandes músicos.

    -Bueno, John Bonham es un gran baterista -sostuvo Alejandro.

    -Y John Paul Jones, un gran bajista y tecladista -advertí yo.

    -Ni hablar de Jimmy Page, que toca con pasión su guitarra y hasta ha ocupado un arco de violín para ejecutarla -retrucó John en su pausado pero seguro español.

    -Led Zeppelin es tan legendario como Creedence -agregué.

    –Y también son mejores que Hues Lewis and the News -respondió John, lo que antecede a potentes carcajadas de todos.

    La conversación continuó muy ágilmente. Ellos estaban felices de estar de vacaciones en el sur de nuestro país, como estuvieron por entonces compatriotas suyos como el cantante John Denver o el actor Martin Milner (el oficial Pete Malloy, en la famosa serie policial setentera «Área 12»).

    Cuando vi a Mary no dude en acordarme de Robert Plant y de la portada del clásico disco zeppeliano «Recintos de lo Sagrado» (Houses of the Holy) de 1973.

    A lo mejor hay una conexión entre Led Zeppelin y Chiloé. Quizás la travesía por el canal de Chacao se parezca a la travesía marina de Plant, vestido de héroe medieval en la película «The Song Remains the Same». Un amigo zeppeliano me decía que esa parte del filme fue grabada en Gales.

  • Avispón Dorado

    Avispón Dorado

    Guitarra Azul (Don Disfraz)

    Por Gonzalo Figueroa Cea

    Román aprendió a tocar guitarra a los 14 años de edad. Había recibido de regalo en su reciente cumpleaños una clásica de parte de su tío Braulio. No fue casualidad: aquel hermano menor de su madre tenía un grupo de perfil zeppeliano. A los 10 años el muchachito había quedado alucinado en un festival de rock donde actuó la banda de su tío y sobre todo por la forma de tocar el instrumento por parte de aquel.

    Pero había una frustración también: la carrera de Braulio nunca prendió del todo: tres participaciones fallidas en concursos de cazatalentos, un contrato con un sello que quebró al poco tiempo de grabar algunos temas para el álbum debut, el robo de los equipos y los instrumentos en un evento en una discotheque, un manager que se comprometió a rentabilizar un fondo para la banda y que posteriormente se fugó al extranjero, y la repentina muerte de su padre, de tan solo 50 años de edad, producto de un infarto.

    Curiosamente han pasado seis años desde esa serie de infortunios, que lo motivaron a desmantelar el grupo, y dos desde que Román aprendió a tocar guitarra. Braulio es un entusiasta: ve en Román una proyección suya. Curiosamente su antiguo conjunto musical fue bautizado Los Eternos. Él tenía 20 el año en que tomó la dolorosa decisión. Siguió con su carrera de ingeniería de sonido. Esto no significó que dejase de tocar la guitarra. Sin presiones la práctica se tornó más que habitual. En momentos de relajo, aprovecha de agarrar una acústica para interpretar algún hit histórico de Kansas, Pink Floyd o Led Zeppelin. Jimmy Page o Eric Clapton aprobarían con honores sus energéticos riffs y arpegios si lo vieran.

    No cree que haya sido yeta él mismo por los problemas que le acarreó su breve carrera musical, pero se desmotivó mucho. No descarta seguir en otro momento, pero fueron demasiado situaciones lamentables en poco tiempo y justo en una época que él presentía un despegue artístico. Los Eternos hicieron un tributo a Led Zeppelin, Deep Purple y Peter Frampton durante cuatro años entre los dos últimos de colegio y los dos primeros de la universidad, después hicieron suficientes temas propios para un disco, claramente de hard rock. Fueron pocos meses pero muy intensos: varias presentaciones, giras y participaciones en festivales, hasta la creación de un club de fans y el interés de algún productor o uno que otro ejecutivo.

    Sin embargo, pasados los años el “bichito” del amor por la música de guitarras duras continúa. Braulio se ve reflejado en Román porque hasta se parecen y han llegado a vestirse igual. El sobrino es una versión más esbelta y adolescente del tío. Pelo castaño y muy crespo, estilo Slash de Guns N’ Roses, y como ropa casi habitual, chaqueta de cuero y pantalón de mezclilla azul algo desteñido.

    Aunque siendo un niño Román alcanzó a ver actuar en vivo a Braulio, después vio videos al respecto, escuchó audios (demos o ensayos) y fue testigo de cómo tocaba las seis cuerdas en reuniones familiares. Entusiasmado Román, al regalarle Braulio su primera guitarra alimentó la ilusión de dominar el instrumento y de armar su propio grupo de rock. Posteriormente el tío le regaló una eléctrica.

    ¿Nace una estrella?

    Cerca de cumplir los 17 y de cursar cuarto medio, Román fundó finalmente su grupo con unos amigos del colegio: Avispón Dorado le pusieron de nombre. “Le pediré a mi tío Braulio que sea nuestro representante”, les dijo tras un ensayo en el gimnasio del establecimiento. Cierta madurez y algo de superstición le indicaba que igualmente debía ser cauto y no repetir esquemas.

    Dejaron de hacer tributos a Guns N’ Roses, Poison y otros grupos de moda. A pesar de que en un momento él y los muchachos se consideraban incluso más metaleros, con inclinaciones a escuchar más Iron Maiden, Metallica o Slayer, decidieron que una buena dirección era seguir una línea rockera con más concesiones comerciales, pero por sobre todo tener un repertorio propio y probado ante el público antes de grabar un álbum.

    La conversación de Román con Braulio incluso concretó un valor agregado: ante la idea de power trío que los muchachos habían desarrollado, con guitarra y voz (a cargo de Román), bajo y batería, Braulio no solo se ofreció a ser manager, sino que sonidista, arreglador y, por si pareciera poco, tocar los teclados. Por añadidura se enteraron de la innovadora iniciativa del área de extensión del colegio de crear una escuela de rock y de organizar un concurso de talentos. Román y sus amigos estaban muy entusiasmados con todo, pero curiosamente más lo estaba Braulio.

    A ese regocijo se agregaba la posibilidad de resarcirse consigo mismo. Muy atrás quedó la rabia acumulada. Nunca más supo del tipo que escapó con el dinero. Tampoco de quienes se robaron los equipos y los instrumentos. Algunas teorías e informaciones apuntaban al mismo sujeto: algo así como alguien que lideraba una banda delictual organizada y  “altamente especializada para esos fines y otros”. A pesar de algunos esfuerzos de la policía y la “recuperación” de un amplificador (muy parchado) en un sitio eriazo, no hubo un solo rastro más del tipo u otras personas. Ido todo con el viento, solamente quedaron las rumiaciones de Braulio.

    Pero ahora todo era distinto. Su sobrino Román tiene su grupo, participarán en un concurso, ya conocieron las bases, la naturaleza de los premios para los tres primeros lugares y ya están muy enfocados en ensayar y en que el tema con el que van a competir, “Dulce desquite”, no solamente logre su mejor forma sino que, por el espíritu de su letra, originalidad y potencial, gane el certamen.

    “Rozagante Rocinante”

    Una semana antes del evento, a un mes de los primeros acordes y palabras sueltas que dieron origen a “Dulce desquite” y con una importante participación de Braulio, la canción ya ha adquirido una solidez y soltura dignas de músicos profesionales y el suficiente atractivo como para lograr un impacto trascendente.

    “Altos y bajos, querida/no lograron derrumbarme/la esperanza me dio vida/rozagante Rocinante”, canta en una estrofa Román, muy convincente y con un vozarrón y postura que recuerda un poco a Camilo Sesto en “Jesuscristo Superestrella”. La han tocado varias veces durante las horas de ensayo autorizadas para cada grupo en el gimnasio. Las novias de los jóvenes, incluyendo la de Román: Natalia, están contentas y motivadas. Pero hay otros testigos del desempeño de ellos. No vinculados al jurado pero con conocimientos musicales, incluyendo al integrante de un reputado grupo folclórico, un profesor de música del colegio y otro docente de ese ámbito y que conoció a Braulio cuando tocaba la guitarra en Los Eternos, han confesado a amigos y cercanos a Avispón Dorado, su muy grata impresión del cuarteto.

    “Me recuerdan al espíritu acelerado y vívido de “Comunication Breakdown”, de los Zeppelin”, «los teclados le dan un toque progresivo, que enriquece las variantes del sonido” y “Braulio se graduó de eximio tecladista si es que antes solo tocaba guitarra. Me recuerda a Jon Lord”, han sido algunas de las frases expresadas por testigos familiarizados con el arte de los sonidos.

    El día clave

    Llega la jornada del concurso: un sábado muy primaveral. Son las 11 de la mañana y 300 butacas están perfectamente dispuestas para recibir a los asistentes en el auditorio donde tendrá lugar el evento. La veintena de grupos postulantes esperan en igual número de salas. Todo comenzará en una hora más. El nerviosismo y la tensión son patentes. Los dimes y diretes se suceden en forma compulsiva.

    Pasadas las 12 horas y con las actuaciones de un par de agrupaciones, la atmósfera emocional no ha cambiado.

    -Dicen que esto está arreglado y Cóndor Sideral ganará -enfatiza algo incrédulo Bastián el baterista.

    -¿Quién te dijo eso? -pregunta extrañado Román.

    -Lo escuché en el baño.

    -Bueno, si es por eso ganará Dragón Violeta -sostiene irónico Gonzalo, el bajista.

    -¿Y dónde escuchaste eso? – retruca Bastián.

    -Cuando fui al baño -responde Gonzalo. Todos ríen menos Bastián.

    -Muchachos: fuera de broma tenemos méritos para ganar. Yo nunca logré resultados satisfactorios en un concurso, pero por primera vez tengo una corazonada fuerte en una situación como esta. Independientemente de que ganemos o no, ustedes ya son ganadores espiritualmente hablando. Tomen esto como un desafío -puntualiza Braulio. Los muchachos asienten sonrientes. Román le palmotea la espalda a su tío.

    Pero Braulio muestra esa coraza para motivar a los jóvenes. Por dentro han brotado, cada cierta cantidad de rato, sus propios fantasmas: el sujeto que se escapó con la plata, los equipos e instrumentos, el disco que no fue, la muerte de su padre…No ha alcanzado a entrar en pánico: de repente vuelve a recordar cuan talentosos son sus muchachos y le vuelve el optimismo. Pero después irrumpe de nuevo el malestar. Es como un zigzag anímico bien extraño.

    Son los penúltimos en tocar porque los organizadores determinaron que las presentaciones son por orden de inscripción. “Puede ser una ventaja, pero también los integrantes del jurado estarán cansados”, piensa Braulio, conforme a esos mismos zigzagueos mentales que le vienen. Rato después estimula a los jóvenes con frases del tono: “ustedes son los mejores”.

    Considerando algunas pausas, ajustes de sonido, pruebas menores y la hora de almuerzo alrededor de las 13 horas, la organización calcula que a razón de unas nueve bandas por hora, Avispón Dorado actuará pasadas las 15 horas. El esquema de tensiones y distensiones se mantiene hasta que llega el momento.

    -A continuación les presentamos a Avispón Dorado, cuarteto integrado por Román Buitrago en guitarra y voz, Gonzalo Giusti en bajo, Bastián Busquets en batería y Braulio Soriano en teclados y segunda voz, con el tema “Dulce desquite” -detalla en voz alta y amplificada el animador. Los aplausos se dividen en unos tibios y otros entusiastas.

    Segundos de duda

    Tras un inicio en falso (Gonzalo se apresuró con el bajo y Bastián entró a destiempo con un redoble de la caja), el jurado casi sin meditarlo acepta un nuevo comienzo de “Dulce desquite” (aunque el presidente de la instancia arrugó un poco la frente y carraspeó). Alguien del público comenta a viva voz: “¡pero esto es inédito!: dos horas y no había ocurrido algo así”. Se siente una que otra tibia rechifla. Las novias de los muchachos se inquietan pero mantienen la compostura.

    El nuevo comienzo da origen a una verdadera clase magistral y contagiosa de potencia rockera. Román domina la escena con toda la destreza guitarrística que heredó de Braulio y, a su vez, hace gala de un histrionismo que recuerda un poco, no solamente una gestualidad próxima a Camilo Sesto, sino que el perfil de “Dulce desquite” como un homenaje a su tío más que una canción de amor. Gonzalo y Bastián, a su vez, lucen sus talentos y hacen olvidar un tanto esa mañosa caricatura del bajo y la batería como simples instrumentos de marcación o de base. Y Braulio, a su vez, arropa y otorga más belleza al tema con el piano eléctrico. El rol de tecladista y segunda voz lo cumple a cabalidad. 

    A los dos minutos la gente canta a gritos el estribillo, a los tres bate las palmas y a los cuatro y hacia el final, todos los asistentes escuchan con mucha atención y la gran mayoría, sobre todo mujeres de distintas edades, bailan de pie sobre las sillas y, el resto, en las zonas aledañas y los accesos. Termina “Dulce desquite” y las hurras se prolongan por un minuto de aplausos furiosos y gritos como “¡bravo!” y “¡se pasó!”.

    Los rostros sonrientes de Román y su grupo ahorran palabras. Pasada un poco la algarabía, un asistente de sonido, un desconocido para el grupo, se acerca a Braulio y le susurra al oído: “el grupo que iba a cerrar la competencia se bajó” para luego añadir “vi un papel cuidadosamente escrito por el presidente del jurado y detecté que el nombre del grupo de ustedes encabeza una lista muy corta firmada por los cuatro miembros…pero haz cuenta que nunca te lo dije”. Braulio sonríe levemente y, antes de abandonar el escenario, el rector del colegio se le acerca sigilosamente.

    -¿Te acuerdas que teníamos problemas para lanzar la escuela de rock?

    -Sí.

    -Bueno, ya lo resolvimos: tú serás el director -dicho esto por el mandamás del colegio, Braulio vuelve a sonreír, pero no articula palabra alguna.

    -Te agregaré algo más…

    -Dígame…

    -El ejecutivo de un sello los vio actuando recién. Quiere hablar contigo y con Román.

    -…

    -Le ofrecerá un contrato al grupo para grabar un disco.

    Mientras tanto el jurado delibera (supuestamente).

  • Las citas del Robusto Señor Rock, capítulo 2

    https://www.lavanguardia.com/

    Por Gonzalo Figueroa Cea

    18 de junio de 2021

    Continúo en la senda de esta sección de citas, por cierto documentadas, de famosos o sobre famosos del rock o de la música popular en general. Cuatro voces, cuatro reflexiones, cuatro ideas…que alguna vez se dijeron…o fueron escritas.

    «Si puedo encontrar a un joven cantante blanco con el sonido y el espíritu de un hombre negro, ganará millones de dólares». (Sam Phillips en los años 50, como anticipándose al fenómeno de Elvis Presley ) Fuente: «Estrellas del rock», 1997, ediciones Altaya.

    «Jerry Lee Lewis era un simple cantante country hasta que escuchó mi música. Yo le enseñé lo que era rock and roll». (Little Richard) Fuente: «Estrellas del rock», 1997, ediciones Altaya.

    «Fiel a su palabra, John perdió el juicio. Al parecer, culpaba a todos por la muerte de su madre y estaba decidido a vengarse. Su ira y su congoja no tenían límites. Seis semanas más tarde, cuando volvió al Colegio Superior de Arte, fue más vil que nunca. Sus condiscípulos recuerdan haberlo visto sentado en la soledad de una escalera de atrás, mirando fijamente por la ventana y llorando. Se mantenía en un estupor anestésico de alcohol y, con suma frecuencia, pasaba el día entero un poco ebrio. Empezó a ver tragedia, deformidad y fealdad en todo. Extraía un placer especial de burlarse de los mendigos callejeros y los lisiados. Su conducta típica solía ser acercarse a un desventurado parapléjico con quien se encontraba en la calle y hacerle bromas crueles acerca de sus miembros inútiles. «¿Adónde se han ido tus piernas, compadre? ¿Se han escapado con tu esposa?» Sus blancos favoritos eran los ancianos; parecía resuelto a causar un ataque cardíaco a cualquier ciudadano maduro, asustándolo. Tan rabioso estaba, que aporreaba a cualquiera que se atreviera a enfrentar sus agresiones, y salvo su banda, todos empezaron a alejarse de él. Ciertamente, ninguna muchacha en su sano juicio quería salir con él. Una joven llamada Thelma Pickles fue la que más duró, pero esa relación terminó cuando ella le gritó en Ye Cracke: «¡No te desquites conmigo sólo porque tu madre ha muerto!»

    Y entonces, en 1958, John conoció a Cynthia Powell, que lo iba a salvar». (Peter Brown y Steven Gaines) Fuente: «Los Beatles (una biografía confidencial)» (1991, Javier Vergara Editor S.A.)

    «Yo tenía una novia medio moderna, que había venido de Bélgica y sabía mucho sobre grupos nuevos. Tashi me aconsejaba sobre la manera de vestir y los grupos, conocía a algunos muy novedosos. Lo que más me gustaba era la mano medio Police, era un fanático, absoluto. Cuando tocaron en New York City, los corrí hasta el Sheraton para pedirles autógrafos. De golpe, en el tumulto, me encontré con Sting. Tengo una foto que es genial: está Sting y mi cara, así, saliendo. En realidad la hice ampliar para darme importancia». (Gustavo Cerati) Fuente: «Corazones en llamas (Historias del rock argentino en los 80») de Laura Ramos y Cynthia Lejbowicz (1991, Clarín /Aguilar)

  • Quiero volver a ti y amarte hasta morir

    Quiero volver a ti y amarte hasta morir

    Pareja de enamorados (foto de Ibrahim Asad)

    Por Gonzalo Figueroa Cea

    17 de octubre de 2019 

    Popular tema de Juan Antonio Labra, transformado nuevamente en hit por Lucy Helena, inspiró un sublime momento de amor entre Andrés y Nieves.

    Los éxitos de Lucy Helena son escuchados en gran parte de América Latina. «He sentido amor», «Camina minero», «El vino» y «No puedo amarte más» son algunos de las canciones preferidas de sus fans, que en crecen en número día a día, la transforman en la artista más popular de un mes en la escuchadísima radio Gema – de alta recepción continental-, descargan sus temas y sus álbumes en las principales plataformas de música popular para escucharlos, bailarlos, hacer dedicatorias y alabarla constantemente por las redes sociales. La cantante chilena tiene clubes de seguidores en su país y en México, donde además una fundación que desarrolla una gran labor social descubrió su enorme sensibilidad por el bienestar de sus pares y, por tal noble atributo, la nombró embajadora.

    La belleza, la energía y el talento de Lu también irradian milagros. Y en esa categoría entra la historia de amor de Andrés y Nieves.

    Desilusionada ella por una infidelidad de la que fue objeto por parte de Andrés y que había puesto en peligro más de 20 años de relación, lo echó de la casa y se juramentó no verlo más. ¿Los hijos de ambos?. Él podía verlos a ellos, pero… ¿él a ella?. Por ningún motivo, conforme a un sentir que ella no estaba dispuesta a negociar.

    Pasaron un par de meses hasta que un día de sol primaveral, la Jesús -la hija mayor de ambos, de 16 años de edad- le pidió permiso a Nieves para ir a comprar a un almacén cercano.

    -¡Ya eres grandecita!. ¡No necesitas que te dé permiso! -exclamó algo molesta Nieves a la Jesús, mientras preparaba el almuerzo. Acto seguido, Jesús fue a comprar con su hermano Dámaso, de 11 años.

    No pasaron más de 20 minutos y los hijos de aquella relación herida volvieron. Nieves tenía casi listos tres platos generosos de arroz con salsa y una exquisita y abundante ensalada surtida. La mujer estaba levemente de mejor humor.

    -Esto necesita de música apropiada para la ocasión -sostuvo la muchacha de 16 años, quien tras dejar un envase de helado de piña (igualmente abundante) en el refrigerador, le pidió a su hermano que trajera un notebook, unos parlantes pequeños y un cargador para ponerlos en un costado de la mesa. Nieves quedó extrañada, más todavía cuando sintió un extraño aroma a incienso, que puso su hija.

    -Bueno, al menos hay suficiente espacio en la mesa- reflexionó. El incienso, con un peculiar aroma a lavanda, estaba en el esquinero. Un dato curioso: ambos muebles, de pino oregón, fueron regalados por la familia del padre de sus hijos cuando la pareja decidió vivir bajo un mismo techo. Habían pasado 15 años…La Jesús tenía uno cuando se fueron a vivir allí.

    Los muchachos sólo tardaron algunos minutos en manipular equipos y cables para que, finalmente, se lograra escuchar el delicado comienzo de una canción, cuya elegante percusión programada y hermosa melodía del principio eran tan inconfundibles como el resto del audio, con sus coros y bella voz líder.

    «Cuantas noches y tú no estás/ sueño tanto tenerte y tú no estás/ cada minuto amor, yo me arrepiento de mi error, si por mi culpa te perdí.. .». Nieves, se apoyó en la cocina, todavía con una temperatura alta por las recientes cocciones aunque tolerable para sus manos, miró seria un reloj de pared que estaba colgado frente a sus ojos, aparentemente le afloró un recuerdo, agachó la cabeza y lloró, sin disimular un minuto y en forma histriónica.

    «Quiero volver a ti/ por favor permítelo/ quiero tenerte aquí/ amarte hasta morir… «. La canción continuó su curso desde el pequeño computador y, ya en la segunda ocasión del estribillo, ella sintió una mano suave en su espalda, la que tomó tiernamente al acercarse al cuello. No se dio vuelta. Detrás de uno de sus oídos una voz susurró con dulzura el estribillo hasta que esa misma boca y la de ella pronunciaron al unísono «amarte hasta morir… «. Así continuaron en el resto del tema escuchado, con la poderosa muralla sonora de Lucy Helena y su gran banda…Hasta que Nieves y Andrés -traído de vuelta por iniciativa de los hijos de ambos- se fundieron en un apasionado beso.

    -¡Hará falta otro plato de arroz con salsa! -enfatizó Dámaso, sonriente y muy cerca de la mesa, con la mirada fija en el sector de la cocina, cuya puerta plegable de madera dejaba al descubierto el beso entre sus padres. Al lado del muchachito estaba Jesús, igualmente sonriente.

    -Y si de salsa se trata, ¡pondré «El Vino» o «He sentido amor»! -complementa con entusiasmo la muchacha, antes que todos se reían de la felicidad y se fundan en un abrazo.

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  • Un caballero

    Un caballero

    Chop cerveza (sitio Multibrand)

    2 de noviembre de 2018

    Hay un ambiente agradable en el House, Rock & Country. Es verano, son algo más de las 23 horas del sábado y la temperatura es óptima. Afuera la mayoría de la gente fuma a la espera de la presentación de la banda contemplada para la jornada. Mi esposa está en la casa con nuestras dos pequeñas. El acuerdo es muy simple: cuando no podemos salir los dos, uno se queda y la otra sale, o viceversa como ahora.

    Converso con Úrsula de rock, tras hacerlo de política, mientras la música de fondo, proveniente de unos potentes parlantes y congruente con un recital de Toto, corresponde al animado instrumental «Child’s Anthem». Casi todos están encuerados: los hombres de chaqueta combinada con el clásico jeans y las mujeres, casi una mayoría relativa, al unísono con ellos. El negro y el azul dominan ampliamente. Mi estilo es el de Caszely: soy el único que lleva una polera lila con un banano encima y sólo coincido con el resto por los pantalones de mezclilla. Nunca me ha agradado parecerme a la mayoría.

    -Hace tiempo que no venías para acá -enfatiza Úrsula antes de sorber su suculento primer chop (yo todavía no me animo a inaugurar el mío).

    -Al juzgar por tus comentarios en redes sociales, tú tampoco -le retruco a ella, quien mientras apoya la cabeza con su mano izquierda, con la otra pasa sus dedos por su lacia melena rojiza.

    -La muchacha que nos sirvió cerveza te sonríe harto -dice Úrsula casi en tono de revelación, mientras se escucha el instrumental de Genesis «Do the Neurotic». Ella ya le dio al súper chop su segundo sorbo.

    Como que quedo perplejo. Callo varios segundos. Una eternidad en una conversación con una amiga que me conoce hasta mis debilidades…Claro, no tanto como las conoce mi mujer. Me pongo rojo.

    -Claramente le gustas. Y a ti te gusta -opina mi amiga, siempre tan despierta.

    -Es una especie de clon de Francisca Valenzuela, pero en «frasco chico» -me limito a decir…Confieso que la alusión fue un tanto grosera, poco digna de estos tiempos. Me pongo nervioso y me tomo de un viaje la mitad de mi chop.

    -Si ella te hubiese escuchado te hubiese pegado una cachetada, Andrés -me responde Úrsula.

    -Lo sé.

    -Eres un caballero. Eso de «frasco chico» no responde a tu perfil -complementa ella antes de largar una sonora risotada. El ruido no es tan fuerte. El volumen de la música es lo suficientemente alto para disfrutarlo y lo suficientemente moderado para conversar. En este momento escuchamos «The Camera Eye» de Rush. Mi amiga comenta sobre los punteos de Alex Lifeson, pero yo sé que el desempeño de Neil Peart en la batería y sobre todo la voz de Geddy Lee le causan una excitación especial. Tiene casi terminado su chop y le hace señas a la misma chica para que le traiga otro.

    -¿Y tú pensando en tu media naranja? -le pregunto.

    -No viene hoy -responde seca. No tiene nada más que responder para que yo comprenda que simplemente no desea dar más detalles. Pasan algunos minutos. La pantalla y el sonido ambiente coinciden ahora con Pink Floyd y su versión de «Comfortably numb» de «Pulse». La gente empieza a volver de fumar. Pronto empezará la actuación del cuarteto anunciado.

    -Te veo confortablemente adormecida-.Ríe fuerte nuevamente antes de responderme aquella pregunta con inspiración floydiana.

    -Veo como ella no dejar mirarte. Puede estar atendiendo a otros clientes, pero siempre hay algún momento en que ella te mira. La he pillado varias veces.

    -Sí me he dado cuenta, Úrsula  –contraataco serio.

    -Yo también te lo he notado, amigo.

    -¡Eres muy observadora, amiga! –digo y sonrío.

    -Tengo la seguridad que Nieves nunca se sentirá engañada por ti -responde Úrsula. El recital de la banda estrella de la noche está por empezar. Mientras ella y yo estamos disfrutando de «Fortress around your heart» de Sting.

  • Admiradores en las altas esferas

    Admiradores en las altas esferas

    Lucy Helena + banda (Facebook)
    4 de agosto de 2019

    Hay historias donde los protagonistas son personas algo más comunes que totalmente corrientes. ¿Dónde esta lo interesante? La contagiosa admiración hacia una celebridad. Es lo que le ocurrió a Ferenc Mancilla con la gran Lucy Helena. 

    Corre finales de 2017. Como en cualquier otro día de trabajo, Ferenc Mancilla acude al sector de Comunicaciones del Ministro, donde muchas otras veces se ha quedado largo rato conversando con sus colegas periodistas, reporteros gráficos y diseñadores sobre temas de la contingencia y del día a día, pero sobre todo de fútbol, tragos y mujeres.

    Pero en esta ocasión, Ángel le formula, en forma intimidante aunque graciosa, una pregunta a Ferenc:

    -¿Quién es Lucy Helena?

    -Una amiga cantante. Canta hermoso… Y es muy linda, también– contesta, espontánea y entusiastamente Ferenc.

    -¡Ah!, con razón. Es que te vimos en un vídeo.

    -Sí, ¿cual?

    -Este que pilló el Lipe en Youtube -responde Ángel, quien justo en su computador muestra el clip, específicamente el momento en que Lucy y su staff bajan de la camioneta que los traslada a un bar del sector sur de la capital, donde la cantante hará un recital acompañada de su banda. Eso, por cierto, también aparece en el trabajo audiovisual.

    -¡Ah!, «He sentido amor» -aclara Ferenc, antes de entregar detalles sobre el lugar: el Kike’s Bar, uno de los regalones de Lu.

    -Le gusta la onda latina a tu amiga -comenta Ceci, quien justo pasa frente al computador con su café, mientras los siete varones miran detenidamente el computador con los ojos bien abiertos y muy sonrientes, sin dejar de comentar algunos de los entretelones del vídeo.

    -Es que, sabes, Ferenc: la Ceci es admiradora secreta de Lucy Helena y quiere cantar también como ella -comenta Ángel.

    -¡Mentiroso!… No lo digo porque no me guste como canta ella, de hecho me encanta… Pero yo no voy a cantar -aclara, sonriente, Ceci, tras la chistosa intervención de Ángel. El resto sólo ríe.

    Luego ven otro vídeo de Lu, uno que recrea una ruptura amorosa de la cantante y donde aparecen unos elegantes desnudos. El interés de quienes ven el clip audiovisual crece. Ferenc sonríe.

    -Me causó gracia la cara que pusiste cuando te pregunté por Lucy.

    -¿Por qué?

    -Porque te pusiste rojo. ¿Pensaste algo malo? -pregunta Ángel. Tras cartón se siente una sonora risotada de los muchachos.

    -Es que hay tanta vieja conventillera en este edificio -responde con algo de fastidio Ferenc, aunque después se ríe como lo hacía Borges después de una respuesta dura. Las risas se multiplican.

    -La envidia. Tú sabes -contesta Lipe, quien descubrió el vídeo.

    -Pero me alegra que les guste la música de Lucy Helena…Oye, ¿y cómo diste a parar con el vídeo?

    -¡Ah!, no te puedo contar…Pero te aseguro que no fue una vieja copuchenta – responde sonriente Lipe.

    VER video He sentido amor

  • Las citas del Robusto Señor Rock, capítulo 1

    https://www.latercera.com/canal/culto/

    11 de junio de 2021

    Por Gonzalo Figueroa Cea

    Inauguro esta sección con citas, por cierto documentadas, de famosos o sobre famosos del rock o de la música popular en general. En esta ocasión frases o reflexiones de personajes como…la aclamada voz que inmortalizó «My way» y otros clásicos, el «rey del rock and roll», uno de los «fab four» y una reconocida fotógrafa argentina.


    «El rock & roll es la forma de expresión más brutal, fea, viciosa, artificiosa, depravada, sucia…apestosa, afrodisíaca…la música «de guerra» de todos los delincuentes de la faz de la Tierra». (Frank Sinatra, 1957) Fuente: «Estrellas del rock», 1997, ediciones Altaya.

    «Sólo puedo ser yo mismo cuando atravieso la puerta de mi habitación y la cierro por dentro». (Elvis Presley) Fuente: «Estrellas del rock», 1997, ediciones Altaya.

    «Me lo pasaba murmurando de un lado al otro hasta que al fin se me ocurrieron estas palabras: «Picks up the rice in a church where a wedding has been» (junta el arroz en una iglesia donde ha habido una boda). Esas palabras salieron simplemente como un fluir de conciencia, pero comenzaron a establecer el tono de toda la canción, porque después tienes que preguntarte: ¿Qué quise decir? Es algo extraño: la mayoría de la gente deja el arroz ahí, a menos que la mujer trabaje haciendo la limpieza. Así que existe la posibilidad de que se dedique a limpiar la iglesia, ¿o es algo más intenso? Podría ser una mujer soltera y solitaria de esa parroquia, que no va a poder casarse, y fue eso lo que elegí. Así que ésta se convirtió en una canción sobre la gente sola». (El ex The Beatles, Paul McCartney, sobre «Eleanor Rigby») Fuente: «Paul McCartney: Hace muchos años» de Barry Miles, 1997, Emecé Editores.

    «Hay fotos que me conmueven más que otras por el contexto, la circunstancia y cierta cosa que ocurre en el aire y no alcanzo a definir. Las fotos de Federico Moura en estudio, unos meses antes de su muerte en 1988, por ejemplo, y también las de Luca Prodan. En ambas sesiones de fotos tuve la sensación de que algo no andaba bien. Federico ya tenía los síntomas del HIV y Luca, esa profunda mirada triste. Ambos llegaron al estudio con sus karmas, que se reflejaron en la imágenes». (Andy Cherniavsky) Fuente: «Acceso directo (Memorias de una fotógrafa del rock argentino en los años 80, 2020, editorial Planeta.

  • «Take on me» en clave balada acústica o estilo Lucy Helena

    «Take on me» en clave balada acústica o estilo Lucy Helena

    Lucy Helena + banda en vivo

    Por Gonzalo Figueroa Cea

    Pedro busca afanosamente la mirada de Natalia pero sin la intención de parecer obsesivo (¡vaya tarea!). Ella lo mira, coinciden los ojos, pero luego baja la vista. Él está con sus amigos en otra mesa del pub. Se esfuerza en evitar que su interés se vea tan expuesto ante ellos. Es como un juego. Pero la diferencia está en que ese interés es serio. Ella lo detecta y también se siente atraída por Pedro, pero no quiere que parezca de fácil conquista. Y, evidentemente, tampoco lo manifiesta con sus amigas.

    El animador del local, mientras se escucha de fondo y suave «One more night» de Phil Collins, anuncia que dentro de algunos minutos habrá un recital sorpresa y que pronto entregará más detalles. El local está casi lleno. Los habitués del lugar saben que después de la presentación musical, habrá baile hasta altas horas de la madrugada. 

    Pedro está un poco ansioso. Natalia mira al techo pero de pronto nuevamente mira fijo, en diagonal, hacia la mesa donde está él, pero como esmerándose en demostrar que es absolutamente casual. De hecho, una vez que coinciden de nuevo, instantáneamente voltea la vista y se toma el pelo. En todo caso, intuyen que hay onda entre los dos. Como que los demás muchachos están de más.

    Pero el amor inminente siempre es así. Nos solemos hacer los lesos. No queremos por ningún motivo la puesta en escena tan obvia, pero el corazón late fuerte por dentro: estamos «on fire». Pedro hace gestos algo erráticos con las manos y la propia cara. Los minutos se hacen eternos. «Perderá interés en mí», piensa, mientras se come las uñas. Ella simula que conversa muy animadamente con sus amigas.

    Nuevamente el hombre del micrófono anuncia que se avecina aquel número tan atractivo sobre el que informara antes. La tensión aumenta, pero en la mayoría de la gente no, sino en Pedro y Natalia. Las miradas comienzan a ser más frecuentes: como que anticipan que algo bonito se viene…o «quizás audaz», especula ella en sus pensamientos. Los escarceos parecen interminables. Es una repetición de esquemas, pero con matices: tiende a haber una mayor aproximación entre uno y otra.

    Los pensamientos se acumulan tan velozmente como las pulsaciones. Pedro se acuerda de cuántas veces fracasó con novias o casi novias. A su vez Natalia recuerda cuántos varones cancheros la conquistaron y luego la decepcionaron. Pero pensar en aquellas situaciones pasadas es como hacerse zancadillas.

    Luego de cinco minutos parecidos a una eternidad, irrumpe el momento perfecto. Pero todavía no lo saben. El animador anuncia la naturaleza de la sorpresa. «Una cantante tan nuestra, tan chilena. Más de 20 años de carrera,  discos de oro y platino por las ventas físicas de sus discos, una banda y una producción fenomenales, la combinación perfecta de baladas, folclor, salsa y bachata arropadas con una hermosa y sensual voz. Es un privilegio tenerla acá. ¡Con ustedes, la gran Lucy Helena!», enfatiza, antes de la presencia de ensordecedores vítores previa a la aparición de la artista.

    Y Lucy Helena irrumpe en el escenario: radiante, de vestido rojo, taco alto, su larga cabellera oscura y ondulada perfectamente cuidada y un maquillaje que resalta sus facciones. Y aparece junto a su banda. Los aplausos se prolongan. 

    -¡Buenas noches! -exclama ya con el micrófono en mano, mientras las dos cantantes que la acompañan en los coros también acomodan los suyos y los músicos toman sus instrumentos. El público responde con vítores más entusiastas que los de hace un rato. En medio de manos alzadas y aplausos Pedro y Natalia pierden las miradas entre ambos.

    Lu (como le apodan afectuosamente los fans) pudo empezar con cualquiera de sus éxitos, lo que incluye covers de clásicos de la música popular (en ese mezcla entre unos y otros cabe de todo: «Cóncavo y convexo», «Quiero volver a ti», «Que sabe nadie», «Mira como se mueve», «Tu corazón», etcétera). Pero el tema que remece el ambiente es otro, nada habitual aunque igualmente un suceso de antaño.

    Un dulce arranque acústico es la causa de algo así como un despertar. Pedro y Natalia son los únicos que se ponen de pie. Y se dirigen al despejado centro del escenario cuando finaliza la primera estrofa de «Take on me» de los noruegos A-ha. 

    «We’re talking away/I don’t know what I’m to say/I’ll say it anyway/Today is another day to find you/ Shyin’ away/Oh, I’ll be comin’ for your love, okay?» (seguimos hablando/no sé lo que voy a decir/pero lo diré de todos modos/hoy es otro día para encontrarte/evitándome/estoy yendo por tu amor, ¿está bien?), canta Lu mientras la delidadeza es engalanada con arpegios de guitarra electroacústica y una pertinente percusión. Pedro y Natalia se miran y sonríen. Ya intuyen lo que viene. Son los protagonistas. Es la magia de la música.

    En el estribillo, con «Take on me» («acéptame» o «dame una oportunidad») pronunciado cuatro veces para rematar con «I’ll be gone/In a day or two» (me iré/en un día o dos), el baile es inevitable. Él, en forma galante, pero sin caer en la caricatura, la invita. Ella cede. Él toma la cintura de ella. Ella toma la mano que flota mientras las miradas entre ambos fluyen con sus sonrisas.

    No hay vítores, como a la llegada de Lucy Helena al escenario. Sí el público bate las palmas para seguir el ritmo. Más parejas acuden a bailar, Natalia y Pedro no se despegan y tampoco las miradas entre una y otro. Sonríen. Lu sonríe y canta. ¿El resto?,  algunos cantan, pero por sobrre todo también sonríen y  bailan.

    Es el inicio de la fiesta de verdad.

    Ver video de Take on me (A-ha) en versión desenchufado:

     

  • Nunca imagine que iba a ser de ti

    Nunca imagine que iba a ser de ti

    Pareja, palmeras y horizonte (Foto de Ibrahim Asad)

    Por Gonzalo Figueroa Cea


    30 de octubre de 2019

    «He sentido amor», canción escrita por el peruano Pelo D´Ambrosio y nuevamente popular gracias a la hermosa voz de Lucy Helena, tiene una especial conexión con la historia de Andrés y Luz.

    Corre marzo de 1987. En medio de anuncios de nuevos paros y protestas contra el gobierno de facto, bulle en nuestras latitudes el rock latinoamericano. Y Andrés y Luz coinciden en el mismo curso de primero medio. Una amiga en común los presenta entre sí antes de la primera clase del año. Andrés queda hipnotizado con los rizos color trigo de Luz, quien a su vez sonríe pero sin que le llame demasiado la atención el corte de pelo algo militarizado del muchacho.

    A partir de allí, cada momento, en la sala de clases, en los recreos, en la primera fiesta del colegio y en las sucesivas de cumpleaños y reuniones de amigos y amigas, Andrés concentra sus esfuerzos en lograr que sus ojos coincidan con alguna mirada coqueta de la hermosa Luz, quien a su vez, y a pesar de los intentos del joven por lograr que la muchacha enganche con algún tema -música, ropa, asignaturas favoritas, deporte predilecto, etcétera- sólo se limita a saludarlo…Y a conversar con sus amigas sin que se crucen miradas ni palabras.

    Llegada la graduación de cuarto, en 1990, ya en plena democracia y con los sonidos de la lambada y Juan Luis Guerra dominando en las radios y en la televisión, los muchachos siguen rumbos distintos, se pierden en el mar de intereses dispersos. Él estudia periodismo y, ella, diseño gráfico. Años después, a principios del actual siglo: con un nuevo panorama mundial, con corralitos pero sin torres gemelas y la irrupción de la música axe, gracias a la misma amiga en común Andrés y Luz se encuentran en la fiesta de cumpleaños de aquella. Luz está igual de guapa y una figura que ya quisiera tener una quinceañera. Andrés está más robusto. Ella está radiante, con un vestido rojo y zapatos del mismo tono. Se saludan muy amablemente. Él siente un cosquilleo.

    Tuvieron que pasar 10 años para reencontrarse nuevamente. ¿El motivo?. La amiga en común cumple 40 años de edad. Ellos también son cuarentones. El reggaeton es uno de los ritmos que dominan en las fiestas, pero los muchachos tienen una veta abiertamente romántica. Y su amiga en común le pide al discjockey que contrató para la ocasión poner canciones de Juan Antonio Labra, Luis Miguel, Juan Gabriel y Raphael. Luz le confiesa a su amiga que Andrés luce muy bien. Ella no para de mirarlo. Él tampoco para de mirarla, pero voltea la mirada a otro lado con más regularidad a fin de disimular. Finalmente se acerca, la invita a bailar y acuden a la pista para dar juntos unos pasos de vals. Se miran y conversan con un entusiasmo moderado.

    Sin embargo, sus vidas continúan con sus respectivos rumbos, sin posibilidades de enlaces ni cruces hasta que, en 2017, coinciden en el Kike’s Bar del paradero 37 y medio de la Gran Avenida José Miguel Carrera, en plena comuna de El Bosque y a 20 kilómetros de la comuna de origen de los dos. Ambos ya son maduros. Ella tiene un hijo, él una hija y, ambos, relaciones sentimentales desahuciadas recientemente. Él está igualmente robusto pero con complexión armónica. Viste casaca negra y jeans. Ella, igual de guapa que hace algunos años, luce un vestido lila y sus cabellos rizados están notablemente largos y bien cuidados. Se ven, se saludan, se ponen al día, se miran fijo y, en un momento nada estudiado y muy espontáneo, se toman las manos. Piden trago, una tabla para picar y conversan alrededor de media hora hasta que…irrumpe la música de Lucy Helena. El DJ pone el single «He sentido amor», original del peruano Pelo D’ Ambrosio y él, automáticamente, la invita a bailar. Ella accede …automática y sonriente.

    -¡Me encanta este tema! -exclama Luz, fascinada.

    -¡A mí también!. ¡Es mi tema regalón!…¡Lo tengo grabado en mi celular! -enfatiza Andrés.

    -¡En serio!. ¡Yo lo escucho en mi auto!…-responde la mujer.

    Conocen el tema de memoria. Las facciones de Lucy Helena son parecidas a las de Luz. Andrés queda tan hipnotizado que canta todo el tema y ella lo sigue: la segunda estrofa prácticamente la actúan. Así de prendidos están. Es como si la sintieran: «cuando te me acercas pierdo la razón/ y cuando tú bailas yo pierdo el son/ y cuando sonríes te quiero besar/ y cuando caminas me puedes matar». 

    «He sentido amoooor/ por primeera vez/ nunca imaginééé/ que iba a ser de tiii», dice el estribillo, que ambos cantan con todas sus fuerzas.

    -Es mi canción favorita -confiesa al final ella.

    -Y la mía…-complementa él. Acto seguido se dan el beso que él espero por 30 años y, ella, por cinco, cuando sintió el primer «tun tun» genuino por él.

    -Te llevaré a un lugar hermoso -afirma, con dulzura, Andrés.

    -¡Llévame! -responde con firmeza, pero enamorada, Luz.

    Visita los enlaces de Lucy Helena en Internet:

    https://lucyhelena.net/

    https://www.facebook.com/lucyhelenamusic/

    https://www.instagram.com/lucyhelenamusic/

    https://www.youtube.com/channel/UC8_lXREY3MMuWlTSDe9CJYA