Etiqueta: Yes

  • Salió el número 8 de la revista Música sin límites

    Por Gonzalo Figueroa Cea

    Publicación está dedicada al rock de vanguardia, mirada que involucra evidentemente a los exponentes chilenos.

    Los seguidores del rock en particular y de la música en general agradecen la existencia de proyectos editoriales asociados a estas expresiones. Y Música sin límites entra en esa categoría. Hace algunos días salió su edición 8, la que es de fácil y entretenida lectura como ha ocurrido con los números anteriores. Y este aspecto no sólo es porque tengo un hermoso diseño, sino por la mención y el desarrollo de artículos acerca de interesantes solistas y agrupaciones.

    Y el concepto funciona: las generaciones veteranas recuerdan con admiración los álbumes emblemáticos o las trayectorias más llamativas, las más jóvenes igualmente conocerán las novedades tanto de las bandas predilectas como de las que están conociendo…quizás todo gracias a «Música sin límites».

    Aquí caben menciones relevantes a grandes leyendas, como Premiata Fornería Marconi, Yes, Renaissance, Museo Rosenbach, Vitral y Qamar, pero también a lo nuevo de otros nombres distinguibles. Y así lo enfatiza en su editorial Música sin Límites, donde pone de relieve la relevancia de su sello: Mylodon Records. Enfatiza al respecto que las energías de la casa discográfica «continúan en ascenso con las nuevas ediciones de Juan Ricardo Weiler y Aurea Hybride, además de los futuros proyectos de Matraz y Seti, entre otros».

    «El confinamiento tampoco ha reducido nuestro interés por abrir nuevos espacios para este universo musical. Esto porque ya estamos trabajando en la creación de nuestra futura radio on line y en una edición especial del Festival Santiago Art Rock, de manera virtual, que esperamos pueda concretarse», cita también MSL en las mismas líneas.

    Invitamos a los lectores a disfrutar de los nuevos materiales, tanto para leer como para ver y escuchar a través del sitio del sello y su Band Camp: Mylodon Records (hacer clic aquí).

  • A 48 años de «Fragile» o… cuando Yes se transformó en clásico

    Fragile de Yes (revistaladosis)
    Portada de «Fragile» (sitio Revista Ladosis)

    Por Gonzalo Figueroa Cea

    Uno de los discos más alabados de la legendaria agrupación británica es también el primero con la formación más cotizada. 
    Jon Anderson y Chris Squire se conocieron cuando expiraban los muy emblemáticos años 60. No fue un encuentro casi inducido como el de John Lennon y Paul McCartney cuando cruzaron por primera vez miradas en 1957, sino que casi accidental. Pero también fue bendito: nació así una de las más grandes bandas de rock de todos los tiempos. Como dato curioso cabe mencionar que uno de los primeros temas que Chris y Jon interpretaron juntos fue una recreación, en el marco de un improvisado ensayo, de «Every little thing» de los inigualables Beatles.
    Al cantante y bajista se les unieron poco después, tras la respectiva búsqueda, un baterista, un guitarrista y un tecladista.. La agrupación fue bautizada como Yes y, tras algunos años, ya en plena actividad, con algunas giras y discos en el recorrido colectivo, una reputación virtuosa en curva ascendente y el hito de compartir épocas con otros grandes conjuntos del rock progresivo, como Emerson, Lake and Palmer  y Jethro Tull, llegó el momento en que dieron origen al álbum que, una vez publicado, les dio hasta ese momento el primer gran impulso tanto en popularidad como en reconocimiento crítico.
    Casualmente diferencias personales y musicales dejaron en el camino al guitarrista Peter Banks y al tecladista Tony Kaye, quienes fueron reemplazados por Steve Howe y Rock Wakeman, respectivamente. Howe y Wakeman, bastante más abiertos que sus predecesores en cuanto a la autoexigente idea de Yes de evolucionar, ayudaron a extender el arcoiris sonoro del quinteto. De este modo se estableció la formación más aplaudida: Jon Anderson en voz, Chris Squire en bajo, Bill Bruford en batería, Steve Howe en guitarras y Rick Wakemen en teclados.
    Y, «Fragile», que contó con la producción de Eddie Offord y el diseño del admirado Roger Dean (un planeta que da la idea de fragilidad, cubierto de bonsais y una nave de madera que vuela por encima), es en síntesis el universo musical de Yes, con temas que permiten distinguir los atributos individuales y clásicos como «Roundabout», «Heart of the sunrise», «Long distance Runaround» y «South side of the sky».
    Si bien es cierto las características del rock progresivo suelen asociarse a arreglos complejos, cambios repentinos de ritmo e intensidad, letras abstractas y de alto vuelo poético narrativo, interpretaciones y coros al unísono de ese intrincado espíritu, los Yes siempre parecieron disfrutar lo que hacían…Y eso es lo que parece: hacer que lo díficil suene fácil y hasta entretenido. Además de los temas mencionados así se aprecia en «Cans and Brahms» (una especie de reinterpretación de Brahms en los teclados tocados por Wakeman), «We have heaven» (algo así como la voz de Anderson en una pista principal y en varias simultáneas), «Five per cent for nothing» (el particular tratamiento de la batería por parte de Bruford), «The fish» (subtitulada como «Schindleria praematurus», donde Squire demuestra claramente que el bajo puede liderar la melodía) y «Mood for a day» (la destreza medieval de Howe en guitarra acústica).
    Aquí les dejo ese último tema más «Clap»…en vivo:
  • La música puede tener momentos especiales junto a tus hijos

    Víctor Jara radio.uchile.cl
    Víctor Jara
    radio.uchile.cl

    Las variantes acústicas son las favoritas mías y de mi pequeña hija: pueden ser Víctor Jara o Silvio Rodríguez, pero también Emerson, Lake & Palmer o Rush.

    Una de las cosas que más disfruto con mi pequeña hija, Rocío (quien cumplió 10 meses de vida), es compartir la música que me gusta con ella. ¿Cómo es eso? Muy simple: la pongo en la camita con la cabecita sobre una almohada y mirando al techo (ahora se sienta y se para, lo que es sin duda motivo de orgullo para cualquier papá o mamá), y mediante mi celular o mi tablet, pongo algún tema a través de Youtube.

    Antes me bastaba con poner «guitarra clásica», pero he ido variando según motivaciones y circunstancias. Por ejemplo, puse en alguna oportunidad la «Sinfonía de los juguetes» de Leopold Mozart, la Pastoral de Beethoven (también conocida como la Sexta Sinfonía) o el Cuarto Movimiento de la Novena Sinfonía del mismo autor.

    Ahora nuestro repertorio habitual es una mezcla acústica o semi acústica de conocidos intérpretes del rock, de la Nueva Canción Chilena, del Canto Nuevo o de la Nueva Trova Cubana. Podemos hablar de música para bebés, pero en otras categorías.

    Y ha funcionado: se nota un sentimiento de felicidad muy especial, el que ha sido engalanado por ella mediante alguna sonrisa o algún ademán parecido a estar tocando la guitarra. Sin duda, yo también contribuyo a ese sentir haciendo morisquetas y gestos parecidos a estar tocando batería o guitarra.

    En otro plano, al momento de los dulces sueños, escuchar música es tan eficaz como leer un cuento. Aprovecho de compartir mis listados de temas más regulares al respecto (no necesariamente escuchamos las versiones de los autores originales, sino que a veces interesantes covers):

    MÚSICA EN CASTELLANO

    «La partida» (Víctor Jara)

    «Charagua» (Víctor Jara, versión en vivo de Inti Illimani)

    «Y Nada más» (Silvio Rodríguez)

    «Los Momentos» (Eduardo Gatti)

    ROCK

    «The Sage» (Emerson, Lake and Palmer)

    «Still you turn me on» (Emerson, Lake and Palmer)

    «Mood for a Day» (Yes)

    «The Clap» (Yes)

    «The Dusk» (Genesis)

    «After the Ordeal» (Genesis)

    «Harlequin» (Genesis)

    «A Farewell-Broon’s Bane»

    (Rush)

    MÚSICA SELECTA

    «Sinfonía de los Juguetes» (Leopold Mozart)

    Dueto de Papageno y Papagena («La Flauta Mágica» de Wolfgang Amadeus Mozart)

  • El vinilo resucita

    PiazzollaFerrer
    Piazzolla y Ferrer (1970) Wikipedia

    A propósito del reciente y renovado interés por estas grabaciones de audio, recordé con cariño algunas joyitas de la música popular.

    Hace algunos días tuvo amplia difusión una gran feria del vinilo. Sin duda un buen panorama para quienes son coleccionistas y una gran oportunidad para darle mayor visibilidad a un mercado que resucita, aunque no para vender necesariamente millones de long plays (como ocurría hasta entradita la década del 80 en los grandes mercados), sino para satisfacer la demanda que involucra la pureza del sonido de las grabaciones de los discos originales, las hermosas y coloridas cubiertas, la generosa información alusiva y, sin duda, la nostalgia.

    Es cierto que hay copias nuevas, fidedignas a las originales (como dirían por allí en forma rimbombante), pero eso no necesariamente le quita fuerza a los referidos atractivos de un evento. Si el tema en sí mismo generó un interés importante, ya eso lo transformó en un hecho insoslayablemente destacable. De hecho, en el mall de una populosa comuna también vi un espacio dedicado al vinilo.

    Por añadidura, durante años ha sobrevivido alguna clase de comercio restringido dedicado al vinilo, al estilo de los negocios de antigüedades. En efecto, se me viene a la mente un local que está casi en la entrada norte de San Diego.

    No me interesé por ir. Curiosamente tampoco siento mucha pasión por el tema. Más allá del precio de algunos elepés (hasta 90 mil pesos), tampoco éste es el factor que me hizo desistir de acudir a esa feria. Lo cierto es que estoy pasando una etapa (mi más reciente paternidad) en que los discos long plays simplemente son un tópico secundario.

    Sin embargo, el acontecimiento en sí mismo me recordó la gran colección de discos que tenían mis padres y mis hermanos, la que contempla los más diversos géneros y artistas.

    Nostalgia pura

    Dicen que en tiempos de la Nueva Ola Chilena se vendieron millones de long plays sólo en Chile. Luis Dimas se jactó de vender un millón de discos en su mejor momento. Lucho Gatica no vendió tantos ejemplares en nuestro país, pero no tengo dudas que vendió bastante más en el extranjero que el “Pollo” Fuentes, Luis Dimas y Los Prisioneros. Sospecho que lo mismo debe haber ocurrido con Antonio Prieto y Los Ángeles Negros.

    dukecoveralia
    Genesis «Duke» Coveralia.com

    Mi mamá me dijo una vez que en tiempos de la Unidad Popular se vendían long plays y libros como pan caliente. La cultura estaba al alcance de la mano, como bien señaló con convicción el recordado dirigente comunista Luis Corvalán en su libro “El Gobierno de Salvador Allende”.

    Recuerdo con cariño unos de Astor Piazzolla, que mi madre escuchaba sobre todo para disfrutar “Balada para un loco”, tanto como cuando escuchaba a las notables Mercedes Sosa y Edith Piaff.

    En las postrimerías del siglo XX recuerdo que mi padre junto a un tío llamado Abel disfrutaba viendo el estado de los viejos registros de tango; entre éstos, algunos de Piazzolla.

    Uno de mis hermanos mantenía una colección de álbumes de la Nueva Canción Chilena: Quilapayún, Víctor Jara e Inti Illimani sobresalían claramente. Me llamaba mucho la atención que, por entonces, se grabaran hasta bandas sonoras de obras de teatro. ¡Impresionante!

    Los rockeros

    Mi hermana alucinaba con el clásico de Peter Frampton, “Frampton Comes Alive”. Recuerdo puntualmente “Do you feel like we do”, que al escucharlo hoy automáticamente me transporta a algún verano juguetón de 1977 ó 1978, vestido de pantalón corto y juntando tierra con agua, uno de mis “deportes” favoritos por entonces. Era niño. Mi hermana y mi hermano mayores eran adolescentes. Mi otro hermano era casi adolescente.

    Por último, cómo olvidarme de los elepés de rock, los favoritos de mi hermano mayor: alucinaba con las figuras de los discos de Genesis. Me llamaban la atención la diferencia entre la tapa de “Nursery Cryme” (una especie de obra de arte mezcla de psicodelia con barroco) y la de “Duke” (una caricatura de un gordo que mira por la ventana el horizonte y da la espalda a quien mira).

    Una década más tarde comprendí el por qué de esa diferencia: 9 años y dos estilos muy distintos. En cuanto a los de Kiss, siempre me llamaron la atención los maquillajes. También había uno de Rush (el primer disco en vivo) y otro de Yes (“Yesshows”)…

    …En fin (ya casi no me queda suspiro), ¡qué época!

  • Vangelis: «Spiral», sonidos en distintas direcciones

    Vangelis Spiral
    Vangelis «Spiral»
    Progarchives.com

    Ya con 70 años de edad, quizás estará de más decir que el músico griego ha demostrado todo lo que sabe. Pero ésa es la gracia: uno nunca deja de sorprenderse con él. Y con el disco de 1977 me ocurre, una vez más, aquello.

    Al igual como ocurre con otros maestros de la teclas y de la música electrónica, como el japonés Tomita, el alemán Klaus Schulze, el francés Jean Michel Jarre o el británico Rick Wakeman, el desempeño musical del griego Vangelis Papathanassiou me genera mil pensamientos y sensaciones que se cruzan y entrecruzan. Por cierto, siento una gran admiración por todos ellos y podría llenar hojas de hojas escribiendo al respecto.

    Sin embargo, no pretendo hacer aquello ni tampoco comentar, aplicando teoría y práctica musical pura, la música de cualquiera de ellos . Evidentemente no es la pretensión de este modesto blog.

    En el caso de Vangelis, al margen del breve comentario «espiritual» acerca del disco que elegí: «Spiral» de 1977, hay dos aspectos que no puedo dejar de soslayar: ¿pudo ser el tecladista de Yes? Pudo serlo. No sólo por su amistad con el líder de la banda, Jon Anderson, y sus colaboraciones con aquél ya como dúo, sino porque promediando los años 70, mientras Wakemen iba y volvía, y el suizo Patrick Moraz reemplazó a éste por un tiempito, el tecladista griego «sonaba fuerte» como un eventual sucesor de aquéllos en el quinteto británico de rock progresivo.

    ¿Cuál es el otro aspecto de la música de Vangelis que no puedo dejar de lado? Muy simple: la facilidad de ir de lo épico, como en «1492» (música del filme sobre el descubrimiento de América) a lo espacial, como en el caso de «Spiral», su duodécimo álbum, publicado en 1977, cuando el tecladista ya había establecido Inglaterra como centro de operaciones, tras un paso por Francia.

    Spiral: ecos en pleno espacio sideral

    Vangelis
    Vangelis
    Vangelismovements.com

    Tal como lo insinúo en el título: «Spiral», de 39 minutos de duración y cinco temas, es como un conjunto de sonidos que arrancan hacia distintas direcciones, se juntan, se entrelazan, divergen, convergen, a veces se convierten en ecos en pleno espacio sideral, se aceleran, otras tantas veces se serenan, permiten hacernos soñar, nos brindan la sensación de hacernos volar, etcétera.

    En efecto, el tema que le da nombre al disco y que es el primero de la secuencia, me recuerda a los tiempos en que daban noticias científicas en el noticiario de canal 13 o cuando daban el programa «Cosmos», de Carl Sagan, en la misma estación.

    Allí ponían imágenes de satélites, planetas o galaxias mientras paralelamente se escuchaba «Spiral» y el conductor o comentarista se refería a algún importante descubrimiento científico o a algún acontecimiento alusivo a la NASA, por ejemplo. ¿Quienes narraban las informaciones alusivas? Los recordados José María Navasal y Hernán Olguín, y otros hombres del periodismo nacional que también han dejado huella como Bernardo de la Maza o Julio Prado.

    Eso fue a fines de los años 70 y durante una gran parte de los 80. En fin, tiempos en que, quizás por factores no precisamente culturales, la cultura (valga la redundancia) en la TV «visitaba» con regularidad los hogares chilenos…Y, a veces, con música de Vangelis.

    [youtube=http://www.youtube.com/watch?v=OIl0rlR7zgU]

  • Pink Floyd: “A Saucerful of Secrets”, un disco de colección

    Pink_Floyd-A_Saucerful_Of_Secrets-Frontal
    www.coveralia.com

    Regularmente se mencionan otros álbumes entre los memorables del cuarteto, pero el long play de 1968 no puede ser soslayado entre los trabajos relevantes de la agrupación.

    Los seguidores de Pink Floyd más acérrimos atesoran, entre sus discos predilectos de la legendaria banda británica, sobre todo “The Dark Side of the Moon” (1973) y “The Wall” (1979) como álbumes de cabecera. No hay duda que la relevancia de ambas producciones están a la altura de un “Sgt. Pepper’s Lonely Hearts Club Band” de The Beatles, un “Thick as a Brick” de Jethro Tull, un “Close to the Edge” de Yes o un “IV” de Led Zeppelin, solo por nombrar algunos de los trabajos más emblemáticos de la historia del rock.

    Sin embargo, afortunadamente el repertorio del “robusto señor Rock”, próximo a cumplir 60 años de vida como el gran fenómeno masivo de la música popular, es amplísimo y no se puede limitar a una cantidad X de producciones por muy influyentes o exitosas que éstas sean.

    Y, tal como lo pienso yo, también lo piensa Orestes, quien un día echaba un vistazo en su casa a las repisas que albergan, al menos, unos 300 discos de música rock, cuando redescubrió “A Saucerful of Secrets”, el interesantísimo segundo álbum de estudio de los Floyd, grabado en 1968 cuando el cuarteto estaba en plena transición entre el “reinado” de Syd Barrett y la toma de posesión del liderazgo de la banda por parte de Roger Waters, más el ingreso del guitarrista David Gilmour.

    Y mientras Orestes redescubría la referida etapa del conjunto inglés y se disponía a escucharlo, su pequeña hija Simona curioseaba por allí.

    -¿Qué es eso que suena tan raro, papá?

    -Es como un bajo, pero tocado súper rápido – respondió Orestes en relación al inicio del clásico tema con que arranca “Saucerful of Secrets”: “Let there be more light”.

    Luego, Simona queda sorprendida con “Remember a Day”, de Richard Wright, por los efectos volátiles de la guitarra, la presencia del piano y de la percusión, pero también por su delicadeza.

    -¡Es lindo, papá!

    -¿Yo?

    -Je, je…Tú sí, pero el tema también.

    Simona se anima a escuchar el disco con mucho interés, lo que llega a emocionar más de la cuenta a Orestes.

    Floyd
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    Montrealgazette

    -…Nada. Lo que pasa es que estoy segregando mucha serotonina, je, je….

    -¿Qué es eso?

    -Otro día te explico. ¿Te gusta el disco?

    -Sí. Está muy bueno.

    Simona queda particularmente tiesa mirando el minicomponente a través del cual se escucha “Saucerful of Secrets”, sobre todo a la altura de temas como “Set the Controls for the Heart of the Sun” y aquél que le da nombre al disco. Al primero lo define como “misterioso” y, al segundo, como “conmovedor”.

    Respecto al primero, Orestes le formula una pregunta a la pequeña:

    -¿Por qué lo encuentras así?

    -Porque es como estar escondido en la selva.

    -¡Jajaja!.

    En todo caso, algo de razón tiene: sobre todo la forma cómo Nick Mason toca la batería da esa idea. A su vez, en relación al tema “Saucerful of Secrets”, Simona le formula una pregunta extrañada a su padre:

    -¿Por qué es así ese tema, papá? Es como que le ponen mucho color.

    -Es como la voz del universo -le responde él con mirada penetrante, sin olvidar que en la película “Pink Floyd at Pompeii” el mismo tema tiene una introducción diferente, donde los músicos ejecutan sus instrumentos en forma desaforada. Es como la idea de la formación del universo: «del caos al cosmos», como hubiese dicho el recordado profesor Luis Advis.

    Sin embargo, a diferencia de los temas referidos, “Corporal Clegg” le arrancó fuertes carcajadas a Simona.

    -¿Qué te causa gracia, Simona?

    -Esas trompetas, papá. Suenan muy divertidas.

    Simona se refería, evidentemente, a los instrumentos de viento de la banda del Ejército de Salvación, una gran ocurrencia de Waters para «Corporal Clegg».

    [youtube=http://www.youtube.com/watch?v=yRVgZDKyhK4]