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  • Cualquiera puede opinar de música

    Bach
    Bach
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    Escuché decir en alguna oportunidad que la música es un “vehículo de emociones”. Puede ser. La subjetividad en este tema es neta: no tiene por qué acomplejarnos.

    El título que le coloqué al presente texto no es casual. Tiene que ver con sucesivos debates en mi mente, otros que he observado y otros que he sostenido con otras personas. ¿Cuál es mi fundamento respecto de la afirmación? (“cualquiera puede opinar de música”).

    Muy simple: si entendemos por “emoción” como una “conmoción afectiva de carácter intenso”, a su vez “conmoción” como “agitación o inquietud del ánimo” y “ánimo” simplemente como “alma o espíritu humano”, independientemente de las ideas de “positivo” o “negativo” que haya al respecto, quiere decir que la música genera emociones, hay subjetividad neta en tal sentido y, por lo tanto, cualquiera puede opinar.

    Una cosa diferente es la crítica. Por “crítica” se entiende, entre sus diversos significados, “conjunto de opiniones o juicios técnicos que se hacen sobre una obra artística o del conocimiento”. La palabra “técnica” da la clave: tiene que ver con “conocimientos especiales”. Allí no cabe necesariamente la subjetividad.

    Opiniones y «no tan opiniones»

    Recuerdo que un músico, perteneciente a una conocida banda tributo chilena, me explicó muy claramente esta distinción: “cuando un músico que es admirador de un grupo X observa a una banda que tributa a ese conjunto, se fija en aspectos de tiempo, afinación, pronunciación del vocalista y hasta detalles propios de las grabaciones originales de la agrupación tributada. Quien no es músico probablemente dejará pasar más de un detalle, pero quien lo es detectará de inmediato las debilidades. Es una manera simple de decirlo”. Y no tengo por qué no creerle.

    El tema es tan apasionante que recordé mis tiempos de la universidad, en 1995, cuando un gran profesor que tuve por entonces: el recordado Luis Advis, nos pasó el ramo de “Apreciación Musical”. Esa cátedra tuvo una introducción en 1994 denominada “Arte Contemporáneo” aunque el prefería para esa cátedra el nombre de “Estudio Comparado de las Artes”. Fue muy entretenido y enriquecedor.

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    Paul McCartney
    www.fanpop.com

    No fue fácil, pero fue una buena introducción para el ramo de “Apreciación Musical”. Lo sentí como “anillo al dedo”: y no sólo por el hecho de haber sacado las mejores notas del curso en esa cátedra, sino porque aprendí mucho. La coda: una especie de “puente” entre una parte y otra de un tema musical; el acorde suspensivo: que es una variante que deja el tema musical como “pendiendo de un hilo” hasta que lograr proseguir; y el acorde conclusivo: el claro final de un tema musical, entre otras, fueron algunas de las enseñanzas de ese período.

    Pero de lo que tampoco tuve duda por entonces fue de la subjetividad. Advis era músico 100 por ciento, tocaba el piano maravillosamente, componía y orquestaba. Autor de la “Cantata Santa María de Iquique”, este notable académico nos facilitó la comprensión de las diferentes etapas de la música: Barroca, Clásica, Romántica o Moderna, por ejemplo. Desde ese punto de vista, Johann Sebastian Bach no puede parecerse a Wolfgang Amadeus Mozart, y Tchaikovsky no encaja en el mismo estilo de Stravinsky.

    Sentido cósmico y atractivo

    Allí no sólo opera un tema de épocas distintas, sino de estilos distintos y, por cierto, toda clase de emociones. Un músico veterano, integrante de una renombrada agrupación nacional, me confesó algo revelador: “la música, tal como sostuvo Mozart, está en el universo, existe y lo que uno hace es rescatarla. Hay música en muchas cosas. Yo, que soy músico, puedo detectarla hasta en sonidos simples”.

    Paul McCartney, el reconocido ex Beatle, sostuvo que cuando componía junto a John Lennon en pleno apogeo de los “fab four”, hacían algo espontáneo aunque se preocupaban mucho de que sonara atractivo. McCartney reconocía, no obstante, que la clave estaba en la sección media. La sección media brinda, a juicio del británico, una pausa especial, un impulso diferente a la canción.

    En síntesis, así como Pilar Sordo exclama «¡viva la diferencia!», yo digo «¡viva la subjetividad».

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