Etiqueta: Rush

  • Neil Peart: baterista de otro mundo

    Neil Peart 1976
    Neil Peart en 1976 (sitio https://hearthismusic.co.uk/)

    En torno a Neil Peart no quisiera poner de relieve los manidos lugares comunes del tono «el mejor baterista que vi» o aspectos de la vida del baterista de Rush alusivos a situaciones dolorosas, como las muertes de su esposa e hija en un lapso acotado o la misma causa de su reciente deceso, a los 67 años de edad. Evidentemente Internet ya nos ha permitido, sobre todo a raíz del sensible acontecimiento, saber bastante más sobre el músico y la noticia que conmovió fuertemente no sólo a quienes somos seguidores del power trío canadiense, sino al mundo del rock en general.

    Para el debate postrero quedarán preguntas como cuál es el tema que mejor expuso los atributos de este gran instrumentista, quien a su vez fue un imaginativo y productivo letrista. Para mí, al menos, si bien es cierto pudiese inclinarme por el Neil Peart de «A Farewell to kings» (1977) o «Hemispheres» (1978), no pueden dejarme indiferente el desempeño del batero en «Presto» (1989) o «Roll the bones». Además la nutrida discografía de la banda (que también conformaron sus amigos Geddy Lee, en el bajo y en la voz; y Alex Lifeson, en la guitarra) habla por sí sola.

    Por tal motivo los dejo con dos solos que muestran el enorme potencial de Peart. El ejercicio fue casi aleatorio (hay mucho más, obviamente): el primero corresponde a una faceta más próxima al jazz junto a la Buddy Rich Big Band, en 1992; y, el segundo, a la gira de los 30 años del famoso trío (R30) en 2004. En el primero queda expuesta su gran capacidad de exhibir destrezas y variantes en base a un ritmo acelerado y sostenido, perfectamente adaptable al energético estilo de la orquesta. Y, en el segundo, más prolongado y con una batería con mayor cantidad de elementos para desarrollar percusión y melodía, ratifica aquel sello que lo consagró como uno de los mejores bateristas de la historia del rock.

    https://www.youtube.com/watch?v=rilfhjyOKxw

     

    https://www.youtube.com/watch?v=LWRMOJQDiLU

     

     

     

  • Rush en Michigan, 1994: otra muestra más de sinergia energética

    rushmichigan1994
    Rush en Auburn Hills, 1994 (Youtube)

    Como en otros conocidos vídeos, el trío canadiense demuestra en un recital en Auburn Hills, a mediados de los 90, su reconocido potencial.

    «Xanadu», del álbum «A farewell to kings», y «Cygnus X-1 Book II: Hemispheres» del largaduración «Hemispheres», enganchaditos, tras una hora y media de recital, son los temas que simbolizan con toda su potencia el poderío de Rush en vivo, en este concierto de 1994 realizado en Auburn Hills, localidad perteneciente al estado de Michigan, cercana a Detroit.

    Geddy Lee en el bajo, Alex Lifeson en la guitarra y Neil Peart en la batería demuestran la energía que ya exhibían a mediados de los 70 aunque con la contundencia del sonido noventero y una puesta en escena no necesariamente a la altura de lo conocido por Pink Floyd, pero que brinda mucho colorido, creatividad y sentido del humor.

    El vídeo correspondiente a este recital que comparto se denomina “Rush-Palace of Auburn Hills”, tuvo lugar el 22 de marzo de 1994 -según se consigna en los detalles- y arranca con «Dreamline» el estupendo y dinámico tema inicial del álbum de 1991, “Roll the Bones”.

    Años atrás comenzaban las presentaciones con “The Big Money” («Power Windows», 1985), otro tema de similar energía, tras la divertida introducción con la música característica de «Los Tres Chiflados». Claro, no es parte del repertorio de la actuación referida en este artículo, lo que da la idea de constante renovación y aire fresco de este notable power trío.En efecto, la introducción en Michigan es el majestuoso inicio del poema sinfónico de Richard Strauss, «Así habló Zarastruta».

    Cabe resaltar que el año anterior Rush había lanzado el decimoquinto disco de su carreta: “Counterparts”, que si bien es cierto revela los matices más rockeros y, sobre todo, de guitarras duras de la banda, no es obstáculo para que el triunvirato despliegue en vivo toda la variedad de sonidos, fundamentalmente progresivos y en menor proporción acústicos, que han caracterizado a su carrera.

    Rush – Palace of Auburn Hills 3-22-94 Full Show

  • «Broon’s Bane»: introducción inolvidable de Alex Lifeson

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    Alex Lifeson (Youtube)

    Delicadeza y resonancia de instrumental de guitarra clásica inmortalizado para el álbum «Exit… Stage Left» de Rush, son tan recordados como «The Trees».

    Recuerdo que a principios de los años 80 debo haber escuchado por vez primera «Broon’s Bane». Me encantó su aire medieval, ajeno a cualquier asociación gris y citadina, y más bien propia de cualquier referencia a la naturaleza de más bucólica connotación, como si fuera siempre de noche y con la espléndida bóveda de estrellas luminosas de un cielo azul más que marino.

    Esta idea, que puede parecer más bien el extracto de un relato de Edgar Allan Poe (de alta riqueza poética en plena prosa), es nada inexacta.

    Es lo que me ocurre con un tema que dura tan sólo un minuto y 37 minutos, donde el guitarrista Alex Lifeson seduce con la dulzura de las cuerdas de la variante clásica de su instrumento predilecto, alejado circunstancialmente de la elegante y efectiva dureza que caracteriza a su banda, Rush (en efecto, acto seguido irrumpe el bajista Geddy Lee y el baterista con el potente «The Trees«, cuyo inicio tiene el espíritu de «Broon’s Bane).

    Ambas píezas pegaditas están en el álbum en vivo «Exit…Stage Left» (1981) del power trío canadiense. «Broon’s Bane» es un homenaje al productor del grupo, Terry Brown.

    En un vistazo por Youtube, descubrí tiempo atrás diversas versiones que tiene «Broon’s Bane». Por ejemplo, una enlazada a «A Farewell to kings» y «The Trees», una de «Broon’s Bane» a secas; y otra de los dos temas mezclados uno tras otro en «Exit…Stage Left».

     

     

  • La música puede tener momentos especiales junto a tus hijos

    Víctor Jara radio.uchile.cl
    Víctor Jara
    radio.uchile.cl

    Las variantes acústicas son las favoritas mías y de mi pequeña hija: pueden ser Víctor Jara o Silvio Rodríguez, pero también Emerson, Lake & Palmer o Rush.

    Una de las cosas que más disfruto con mi pequeña hija, Rocío (quien cumplió 10 meses de vida), es compartir la música que me gusta con ella. ¿Cómo es eso? Muy simple: la pongo en la camita con la cabecita sobre una almohada y mirando al techo (ahora se sienta y se para, lo que es sin duda motivo de orgullo para cualquier papá o mamá), y mediante mi celular o mi tablet, pongo algún tema a través de Youtube.

    Antes me bastaba con poner «guitarra clásica», pero he ido variando según motivaciones y circunstancias. Por ejemplo, puse en alguna oportunidad la «Sinfonía de los juguetes» de Leopold Mozart, la Pastoral de Beethoven (también conocida como la Sexta Sinfonía) o el Cuarto Movimiento de la Novena Sinfonía del mismo autor.

    Ahora nuestro repertorio habitual es una mezcla acústica o semi acústica de conocidos intérpretes del rock, de la Nueva Canción Chilena, del Canto Nuevo o de la Nueva Trova Cubana. Podemos hablar de música para bebés, pero en otras categorías.

    Y ha funcionado: se nota un sentimiento de felicidad muy especial, el que ha sido engalanado por ella mediante alguna sonrisa o algún ademán parecido a estar tocando la guitarra. Sin duda, yo también contribuyo a ese sentir haciendo morisquetas y gestos parecidos a estar tocando batería o guitarra.

    En otro plano, al momento de los dulces sueños, escuchar música es tan eficaz como leer un cuento. Aprovecho de compartir mis listados de temas más regulares al respecto (no necesariamente escuchamos las versiones de los autores originales, sino que a veces interesantes covers):

    MÚSICA EN CASTELLANO

    «La partida» (Víctor Jara)

    «Charagua» (Víctor Jara, versión en vivo de Inti Illimani)

    «Y Nada más» (Silvio Rodríguez)

    «Los Momentos» (Eduardo Gatti)

    ROCK

    «The Sage» (Emerson, Lake and Palmer)

    «Still you turn me on» (Emerson, Lake and Palmer)

    «Mood for a Day» (Yes)

    «The Clap» (Yes)

    «The Dusk» (Genesis)

    «After the Ordeal» (Genesis)

    «Harlequin» (Genesis)

    «A Farewell-Broon’s Bane»

    (Rush)

    MÚSICA SELECTA

    «Sinfonía de los Juguetes» (Leopold Mozart)

    Dueto de Papageno y Papagena («La Flauta Mágica» de Wolfgang Amadeus Mozart)

  • El vinilo resucita

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    Piazzolla y Ferrer (1970) Wikipedia

    A propósito del reciente y renovado interés por estas grabaciones de audio, recordé con cariño algunas joyitas de la música popular.

    Hace algunos días tuvo amplia difusión una gran feria del vinilo. Sin duda un buen panorama para quienes son coleccionistas y una gran oportunidad para darle mayor visibilidad a un mercado que resucita, aunque no para vender necesariamente millones de long plays (como ocurría hasta entradita la década del 80 en los grandes mercados), sino para satisfacer la demanda que involucra la pureza del sonido de las grabaciones de los discos originales, las hermosas y coloridas cubiertas, la generosa información alusiva y, sin duda, la nostalgia.

    Es cierto que hay copias nuevas, fidedignas a las originales (como dirían por allí en forma rimbombante), pero eso no necesariamente le quita fuerza a los referidos atractivos de un evento. Si el tema en sí mismo generó un interés importante, ya eso lo transformó en un hecho insoslayablemente destacable. De hecho, en el mall de una populosa comuna también vi un espacio dedicado al vinilo.

    Por añadidura, durante años ha sobrevivido alguna clase de comercio restringido dedicado al vinilo, al estilo de los negocios de antigüedades. En efecto, se me viene a la mente un local que está casi en la entrada norte de San Diego.

    No me interesé por ir. Curiosamente tampoco siento mucha pasión por el tema. Más allá del precio de algunos elepés (hasta 90 mil pesos), tampoco éste es el factor que me hizo desistir de acudir a esa feria. Lo cierto es que estoy pasando una etapa (mi más reciente paternidad) en que los discos long plays simplemente son un tópico secundario.

    Sin embargo, el acontecimiento en sí mismo me recordó la gran colección de discos que tenían mis padres y mis hermanos, la que contempla los más diversos géneros y artistas.

    Nostalgia pura

    Dicen que en tiempos de la Nueva Ola Chilena se vendieron millones de long plays sólo en Chile. Luis Dimas se jactó de vender un millón de discos en su mejor momento. Lucho Gatica no vendió tantos ejemplares en nuestro país, pero no tengo dudas que vendió bastante más en el extranjero que el “Pollo” Fuentes, Luis Dimas y Los Prisioneros. Sospecho que lo mismo debe haber ocurrido con Antonio Prieto y Los Ángeles Negros.

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    Genesis «Duke» Coveralia.com

    Mi mamá me dijo una vez que en tiempos de la Unidad Popular se vendían long plays y libros como pan caliente. La cultura estaba al alcance de la mano, como bien señaló con convicción el recordado dirigente comunista Luis Corvalán en su libro “El Gobierno de Salvador Allende”.

    Recuerdo con cariño unos de Astor Piazzolla, que mi madre escuchaba sobre todo para disfrutar “Balada para un loco”, tanto como cuando escuchaba a las notables Mercedes Sosa y Edith Piaff.

    En las postrimerías del siglo XX recuerdo que mi padre junto a un tío llamado Abel disfrutaba viendo el estado de los viejos registros de tango; entre éstos, algunos de Piazzolla.

    Uno de mis hermanos mantenía una colección de álbumes de la Nueva Canción Chilena: Quilapayún, Víctor Jara e Inti Illimani sobresalían claramente. Me llamaba mucho la atención que, por entonces, se grabaran hasta bandas sonoras de obras de teatro. ¡Impresionante!

    Los rockeros

    Mi hermana alucinaba con el clásico de Peter Frampton, “Frampton Comes Alive”. Recuerdo puntualmente “Do you feel like we do”, que al escucharlo hoy automáticamente me transporta a algún verano juguetón de 1977 ó 1978, vestido de pantalón corto y juntando tierra con agua, uno de mis “deportes” favoritos por entonces. Era niño. Mi hermana y mi hermano mayores eran adolescentes. Mi otro hermano era casi adolescente.

    Por último, cómo olvidarme de los elepés de rock, los favoritos de mi hermano mayor: alucinaba con las figuras de los discos de Genesis. Me llamaban la atención la diferencia entre la tapa de “Nursery Cryme” (una especie de obra de arte mezcla de psicodelia con barroco) y la de “Duke” (una caricatura de un gordo que mira por la ventana el horizonte y da la espalda a quien mira).

    Una década más tarde comprendí el por qué de esa diferencia: 9 años y dos estilos muy distintos. En cuanto a los de Kiss, siempre me llamaron la atención los maquillajes. También había uno de Rush (el primer disco en vivo) y otro de Yes (“Yesshows”)…

    …En fin (ya casi no me queda suspiro), ¡qué época!