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  • «Wish you were here» de Pink Floyd ganó encuesta de sitio «Rock-Progresivo» sobre mejores baladas 

    Por Gonzalo Figueroa Cea

    Pink Floyd en vivo, 1974 (fotografía sitio Reditt)

    Ganó a temas de King Crimson, de Genesis y de otras emblemáticas bandas del género.

    No me extenderé demasiado en una materia donde los amigos y amigas que gustan del género (¿o subgénero?) del rock progresivo, simplemente tienen que disfrutar de la música.

    En efecto las escasas líneas que expondré aquí tienen que ver con los resultados de la encuesta abierta que realizó un sitio sobre noticias del ámbito referido, que me gusta mucho y que se llama Rock-Progresivo. Al sondeo sus lectores/as pudieron responder abiertamente y, más allá de mayores popularidades históricas y ventas multimillonarias nivel top ten, no sorprendió que lo ganara Pink Floyd pero sí llamó la atención que King Crimson ocupara el segundo puesto y que tuviera más temas en la lista íntegra. Es más: superó también a grupos como Genesis o Yes. 

    Yo voté por «The Carpet Crawlers» de Genesis. Incluso respecto de las versiones del mismo tema tengo mi regalona: me gusta más la del álbum doble en vivo «Seconds Out» (1977) que la del también doble, pero de estudio, «The Lamb Lies Down on Broadway» (1974). Pero también debo reconocer que en el listado hay canciones maravillosas: «Epitaph» de los Crimson (la que obtuvo el segundo puesto de las preferencias), «Dust in the Wind» de Kansas y «Lucky Man» de Emerson, Lake and Palmer, entre otras. De todos modos, no dudamos que todas éstas son  grandes agrupaciones del rock, tanto como otras mencionadas: Dream Theater, Led Zeppelin, The Moody Blues, Marillion y Rush, por ejemplo.

    Rock-Progresivo explica en el artículo alusivo las motivaciones para armar la encuesta y el por qué de la preselección que efectuó previamente al sondeo. No obstante la loable iniciativa, quisiera referirme a qué entiendo por balada. Al acudir al diccionario figura como significado una composición musical de ritmo lento e instrumentación suave con un carácter íntimo y muy expresivo asociado a un tópico amoroso. Otra explicación es asociada a una composición tradicional del norte de Europa, con estrofas y estribillo como los de las canciones en su sentido popular actual, pero referida en este caso de manera sencilla a sucesos legendarios y populares. Me gustan las dos definiciones, pero me quedo con la primera.

  • Especial «Registros exclusivos»: Pink Floyd en el «Grupo del Imperio»

    pinkfloydempirepool1974 (1)Registró de 1974 permite apreciar el potencial en vivo de la legendaria banda en una época trascendental de su historia.

    Tras escribir el artículo de la semana pasada (algo así como un especial de rock y de música electrónica en Semana Santa), retuve con fuerza en mi mente dos registros de Youtube compartidos para ustedes al final de aquella publicación: uno de ellos, al que me referiré hoy, es de Pink Floyd y corresponde a un recital en vivo efectuado el 16 de noviembre de 1974 en el Empire Pool (hoy Wembley Arena) de Londres. El otro es de Genesis y se trata de una presentación en Montreal el mismo año. Pero aquélla quedará para otro capítulo.

    Al igual que en el artículo anterior no me extenderé demasiado acerca de la grabación. Sólo resaltaré que me gustó mucho, no sólo por tratarse de una época particularmente brillante de la banda inglesa con su formación más aclamada, sino por su sonido: se notan todos los instrumentos y las voces, a pesar de tener cierto perfil exclusivo (no quisiera poner «pirata» porque es demasiado fuerte: generalmente estas verdaderas joyitas de audio, suelen tener irregularidades).

    Es relevante resaltar que esta presentación tiene lugar en un año intermedio entre discos claves del cuarteto: «The Dark Side of the Moon» (1973) y «Wish you were here», sin embargo, tal como se aprecia, en el repertorio abundan temas del primer largaduración citado (el más célebre y vendido junto con «The Wall» de 1979), más una versión preliminar de la suite «Shine on you crazy diamond», del álbum venidero por entonces; otra pieza larga: «Echoes», de «Meddle» (1971); y dos cortes más que aparecerían en «Animals» (1977), cuyos nombres en 1974 eran diferentes: «Raving and drooling» (posteriormente «Sheep») y «You gotta be crazy» (después «Dogs»).

    Los invito a disfrutar de esta actuación de Roger Waters (bajo y voz principal), David Gilmour (guitarra y voz), Rick Wright (teclados y voz) y Nick Mason (batería): Pink Floyd.

  • Otro «The Wall» que ya es un clásico

    rogerwatersthewall
    Escribir una leyenda (sitio On Record)

    El documental de 2014, dirigido por Roger Waters y Sean Evans, es una potente visión actualizada del disco, las presentaciones y las películas originales del mismo nombre.

     

    Presenciar el recital de Roger Waters, parte del documental de 2014: «Roger Waters. «The Wall» fue para mí una experiencia sobrecogedora, como lo fue también el resto de la misma película.

    Tuve la oportunidad de verlo en una plataforma de pago a la que estoy suscrito y, pesar de haber subtítulos sólo en aquellas partes que no integraron el rompecabezas del largometraje original (dirigido por Alan Parker), me impactó la prolija opulencia visual traducida en pirotecnia, juegos de luces, colorido, histrionismo de animaciones, aspecto emotivo de fotografías y una puesta en escena global donde el ex líder de Pink Floyd toca, canta y actúa.

    El resto de los músicos, con cambio de vestuario incluido, participa de la lógica del relato, donde la emoción traducida en recuerdos (sin ser necesariamente esto simple nostalgia) y tragedia da origen a lo que Waters busca transmitir en memoria y legado.

    La irrupción del avión de guerra (fusión de imágenes entre un camposanto con memorial y el espectáculo en sí mismo) remece. El sereno sólo de trompeta es el instante previo al fuerte cambio de atmósfera. En recorridos en automóvil con paradas puntuales y en secuencias en el propio hogar de Waters, el ex líder de los Floyd, al estilo de ciertas meditaciones introspectivas o conversaciones, se encuentra con distintos personajes. Los paisajes se extienden a Francia e Italia ¿Y el recital? Sigue su curso de modo intercalado.

    Esta conjunción de escenas, que no pierden el ritmo y no dan cabida al aburrimiento gracias al atributo de ir y volver entre el concierto y la historia paralela, da cuenta no sólo del elocuente significado de la imagen del padre del protagonista (muerto en la Segunda Guerra Mundial cuando el ícono británico del rock era un bebé; el abuelo corrió similar suerte) sino del concepto que él desarrolla en el filme: un homenaje a los caídos en cualquier circunstancia cuyo perfil responda a ese absurdo denominado «conflicto bélico» o «guerra».

    Universalidad de la simbología

    Al más puro estilo de la original «The Wall», tanto la película y las propias presentaciones que el director creativo de los Floyd liderara en sus presentaciones del disco a fines de los setenta y principios de los 80, la simbología copa casi integralmente el aspecto visual: basta con pensar que quizás las imágenes o marcas con las que son familiarizados el nazismo, el comunismo o el propio capitalismo tienen un denominador  común: algún tipo de violencia contra ser humano o cualquier manifestación autoritaria que atente contra su libertad.

    El enorme cerdo inflable (con colmillos) es uno de los personajes que representa esa apabullante idea de autoritarismo sin contrapeso (totalitarismo, bien dirán algunos). El maestro y la madre sobreprotectora irrumpen con efecto similar. La fuerza de la impresión que causa el derrumbe del más que notorio muro, es algo así como el big bang de quienes son capaces de vencer las barreras que imponen esos sistemas que reducen la libertad del accionar humano.

    Como fuere, Waters, quien visitará nuevamente Santiago en noviembre de este año para presentarse junto a su banda el 14 de noviembre en el estadio Nacional Julio Martínez Pradanos, al igual que la banda que lo hiciera famoso siempre nos regala espectáculos que se distinguen, no sólo por sublimación que transmite lo visual, sino también por un contenido que siempre aportará mucho más que un puñado de significados.

    «Roger Waters: The Wall» es el fruto de múltiples esfuerzos, cuyos orígenes son las presentaciones que del mítico álbum y película hiciera el músico en diversos países y ante multitudes apreciables durante los años iniciales del primer lustro de esta década. El espíritu de sus protagonistas, incluyendo a los espectadores, goza de la misma motivación de hace casi 40 años. Sólo cambian los años, la tecnología y los administradores del planeta.

    TRAILER OFICIAL ROGER WATERS THE WALL

     

     

     

  • «Atom Heart Mother»: gigantes que se acercan

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    Gigante arescronida.wordpress.com

    La mítica suite, perteneciente al disco del mismo nombre, es otro de los emblemas de Pink Floyd.

    Debe haber sido por ahí por 1987, con tan sólo 15 años de edad, cuando escuché por vez primera “Atom Heart Mother” de Pink Floyd, la suite (tema largo) del álbum del mismo nombre.

    Recuerdo que mi hermano inmediatamente mayor, quien recién había pasado el umbral de los 20 años de existencia, tenía un caset con una grabación de un especial radial sobre el grupo británico. La cinta tenía temas de la época inicial (1967) hasta material del período previo a la grabación de “The Dark Side of the Moon” (1972-1973).

    Los agudos gritos de Syd Barrett en “Astronomy Domine”, más algunas “zapadas” (palabra que le copié a los argentinos) de tinte jazzero eran parte de lo que se podía escuchar de esa cinta Sony de color café semi transparente con cubierta de papel roja, blanca y negra.

    Sin embargo, lo que más recuerdo era “Atom Heart Mother” con su casi silencioso comienzo, parecido al ruido de un motor de una máquina grande a lo lejos, previo a la irrupción gradual de instrumentos de viento que, de pronto, dominan la escena sonora.

    Como unos gigantes

    Debo confesar que la irrupción de los bronces era como si unos gigantes se salieran del océano y se acercaran a la ciudad. Por mi mente pasaban imágenes. Lejos estaba de pensar en qué pudiese haber estado pensando (valga la redundancia tipo Arjona) Roger Waters al momento de decidirse por el título de la larga pieza instrumental.

    Gigante arescronida.wordpress.com
    Gigante
    arescronida.wordpress.com

    Por aquel entonces yo me consideraba más melómano que oyente concentrado en las letras, a diferencia de lo que me ocurre hoy.

    No obstante es relevante precisar que, salvo la presencia extravagante aunque igualmente atractiva de un coro, «Atom Heart Mother» es, esencialmente, una suite instrumental.

    Posteriormente, en el mismo tema, los teclados de Rick Wright suenan al unísono junto a un violín que inspira tristeza, para luego dar paso a la potente guitarra de David Gilmour, con punteos dulces al principio y, después, más duros y envolventes.

    Hay instantes de pausa, otros más calmos y, los restantes, parecidos a un clímax. Roger Waters lidera el bajo en un momento sereno. Nick Mason se debate entre redobles de batería adormecedores y ritmos que invitan a volar. El coro suena rupturista: una mezcla entre solemnidad e interjecciones al estilo de los militares.

    No es que me haya drogado alguna vez para escuchar el disco, pero la sensación de suspensión de este tema -de 23 minutos y medio de duración divididos en seis partes- y otro de larga duración, como “Meddle” (1971), es grandiosa. Por algo Pink Floyd fue denominado en alguna oportunidad como “space band” (banda espacial), concepto que quedó patentado.

    El importante complemento orquestal para el tema referido comenzó con Ron Geesin y finalizó con John Alldis. El disco que lleva el mismo nombre, publicado en 1970 y que llama la atención por la imagen de una vaca en su portada, lo recibí de regalo algunos años después, no sin antes haber tenido algún caset original en calidad de préstamo o, bien, una cinta propia pero grabada de otra original…En fin: otros tiempos.

    (Les dejó acá una interesante versión orquestada de «Atom Heart Mother»)

    http://www.youtube.com/watch?v=3cEwMz7T6tU