
Coveralia.com
El noveno disco de Genesis tiene los atributos suficientes como para ser mirado más allá de la idea de un álbum bisagra.
La primera vez que vi la portada de «Wind and Wuthering» supuse de inmediato que debía ser muy diferente a otros discos de Genesis. Tenía unos 13 años de edad. Era, no obstante, una suposición superficial, como muchas que uno tiene en la adolescencia más temprana.
Por ese entonces, «Wind and Wuthering» era ya un clásico: había sido grabado y publicado hacía 9 años (es de 1976). Aclaro que mis 13 años de edad corresponden con 1985.
Y los referentes de otros álbumes que yo tenía de la banda británica no eran muchos en ese momento. En un mueble en casa de mis padres había (y siguen allí donde mismo) seis long plays del mítico conjunto de rock: «Trespass», «Nursery Cryme», «Live», «A trick of the tail», el referido y «Duke». Son de mi hermano mayor.
No iré al detalle sobre lo que me produce a esta altura cada uno de estos discos (no es la idea), pero sí comentaré lo que me ocurrió al querer conocer más acerca de «Wind and Wuthering». Eso agarró forma de conocimiento total en 1991. Ya tenía 20 años de edad y el oído más fino.
El mejor elepé de la era post gabrielana
Para quienes poco conocen la historia de Genesis, el elepé citado es el segundo después del retiro del cantante Peter Gabriel de la banda, el noveno de ésta en la cronología general y el último de estudio en el que participó el guitarrista Steve Hackett.
«Es el mejor disco del conjunto de la era post Gabriel», me comentó un amigo que estudió sonido y que, a petición expresa mía, me hizo escuchar «Wind and Wuthering» en una modesta grabación de caset (con el sonido fidedigno de un peak up de tocadisco).
Etéreo, por no decir intangible o sublime; tal como se señaló en un reportaje de «Bajo Cuerdas» (revista sobre música que existía por entonces) con letras y sonido inspirados en la naturaleza romántica de David Copperfield; «un disco bello», como sentenció una voz de la Radio Futuro en un especial acerca del guitarrista Steve Hackett, lo cierto es que coincido con todos estos sentires y, por añadidura, con mi amigo: creo que es el mejor álbum de Genesis de la era post gabrielana.
Frenesí y serenidad
Un sonido que envuelve y reverbera, con la virtud de lograr que los instrumentos que más se distinguen con la melodía: la guitarra y los sintetizadores, se noten todavía más y que, en los momentos de mayor frenesí, los temas adquieran mayor potencia aunque sin llegar a la opulencia del hard rock o del heavy metal, o a la exageración del prog metal en cuanto a virtuosismo y velocidad.
Por cierto, están los espacios para los momentos calmos: he ahí «Blood on the Rooftops», con el inicial arranque de guitarra clásica de Hackett; o la delicadeza puesta en la combinación de piano y guitarra eléctricos entre el tecladista Tony Banks y el mismo Hackett en «One for the vine». Pero aquéllos son sólo un par de ejemplos de una producción que difícilmente aburre escuchada con atención.
Es cierto que se había ido el arcángel Gabriel, pero no se perdió la capacidad de asombrar en Steve Hackett, Tony Banks, Phil Collins y Mike Rutherford. Se puede decir que «Wind and Wuthering» está a medio camino entre «A trick of the tail» y «And then there were three».
La evidencia está en que «A trick of the Tail» es el puente entre el sonido más intrincado de la era gabrielana y el acercamiento al pop, mientras que «And then there were three» es el paso directo entre esa concesión al pop y el pop romántico próximo al estilo Collins.