
Diez bandas, unas consagradas y otras emergentes, provenientes de Chile, Uruguay y Argentina fueron parte de la gran cita musical.
Han pasado algunos días de la tercera y última jornada del evento en sí, pero sus ecos, traducidos en verdaderas clases de jazz en ricas variantes, todavía me suenan tanto como las imágenes asociadas, aunque ya todo quede para la imaginación… Como todos los recuerdos bonitos.
Aquel fue el espíritu del Quinto Festival de Jazz de Valparaíso, efectuado en el Teatro Municipal de la ciudad puertas durante los días 18, 19 y 20 del presente mes.
No pongo en duda que hay elementos emocionales que confluyen en mi sentir: estaba con mi familia de vacaciones de invierno y, junto a mi esposa, no dudé en aproximarme al recinto de calle Uruguay, a un costado del Parlamento, en compañía de nuestras dos pequeñas hijas. La decisión gozaba de plena legitimidad: cada jornada del espectáculo, de carácter gratuito, comenzaba a las 19 horas, lo que le otorgaba (bendito sea) un toque evidentemente familiar.
En cuanto a su realización, no debe pasarse por alto el apoyo de diversas instituciones públicas y privadas, entre éstas algunas asociadas a los ciudades de origen de algunos de los invitados. El municipio, encabezado por el alcalde y el concejo, brindó su respaldo aunque es ampliamente destacable el impulso de la Dirección de Desarrollo Cultural de la entidad y de un importante contingente de personas que hizo posible in situ un lindo encuentro.
Sin embargo hay dos aspectos que distingo como sobresalientes por sobre los señalados: el primero tiene que ver con el perfil de ciudad cultural que ha ido ganando Valparaíso. En la misma semana se inició un ciclo de cine infantil en la Universidad Católica de La zona y fue anunciado, en el marco del mismo Festival de Jazz, el próximo desarrollo de los «Jueves Porteños» en el mismo teatro de la capital regional. El segundo aspecto dice relación con el fortalecimiento de interesantes redes en torno al jazz en Sudamérica, no sólo por eventuales intercambios y la posibilidad de encuentros similares al reciente, sino por la conexión con los países invitados: Uruguay y Argentina; con otros como Perú, Brasil, y Paraguay; y con ciudades como Arica, Punta Arenas, Santiago y, naturalmente, Valparaíso.
En el ámbito de lo musical, la programación deambuló desde las big bands, pasando por una mega banda hasta los cuartetos y los tríos. Abundaron sonidos amplios, otros más íntimos, guiños al rock, a la fusión, a lo latino; lucimientos individuales, irrupción de llamativos instrumentos de cuerda y viento, sin que el piano y la batería hubiesen perdido protagonismo; voces tradicionales y rupturistas; y homenajes a Violeta Parra, Charlie Parker, Fulano y Jobim, entre otros elementos llamativos.
Lucieron sus talentos Ensamble Quinta de la Escuela Moderna de Música, de Viña del Mar; Mirza Trío, de Santiago; y Antonio Monasterio Ensamble, el jueves 18; Arica Jazz Ensamble, de la ciudad del mismo nombre; Nicolás Reyes Cuarteto; Patricia López Cuarteto, de Montevideo, Uruguay; y Mediabanda, el viernes 19; Mauricio Farfán Cuarteto, de Valparaíso; Tren Nocturno, de Mendoza, Argentina; y Situación de Calle (SdC) Big Band, de Valparaíso (quienes aparecen en la fotografía), el sábado 20.
