Etiqueta: Luis Advis

  • Fito, Cerati y Charly: grandes en energía y sintonía

    Fito Páez
    Fito Páez
    gratismusica.org

    Ante el mar de alternativas audiovisuales que hoy nos ofrece Youtube, rescato un momento con estos tres grandes del rock argentino.

    Esa apabullante y gran herramienta llamada Youtube me ha permitido acceder a todo aquello que, en el ámbito de la música popular, vi lejano durante muchos años debido a que la tecnología no avanzaba tan vertiginosamente como ahora y desde hace algunos años ocurre.

    Fue en Youtube donde pillé un extracto, un momento, un legendario lapso en que un tridente destacado de músicos argentinos se lucía en un muy exclusivo lugar de Buenos Aires llamado Gran Rex.

    El responsable de subir el video respectivo (instalado abajito de este texto) puso como fecha del evento el 13 de noviembre de 1999. La secuencia dura tan sólo 17 minutos y medio, pero es una gran muestra de la energía y sintonía de Fito Páez, Gustavo Cerati y Charly García.

    “¡Gracias por venir!”

    Páez, García y Cerati siempre han ido por carriles distintos. Páez en su permanente búsqueda de la audacia musical, sus interesantes hallazgos y el mensaje irreverente y poético complementados con su agudeza vocal; García, quizás ya no tan prolífico como en los 70 y los 80, pero siempre extrovertido, gracioso, histriónico y, de alguna manera, siempre innovador; y, Cerati, alejado desde hace un par de años del grupo que lo llevó a la fama: Soda Stereo y con una carrera solista que ya había despegado por entonces y muy alto en materia de exploración de sonidos y metáforas.

    Cerati
    Gustavo Cerati
    fundacionkonex.com.ar

    La presentación de Fito al inicio revela esta sintonía y el sentido de admiración entre él y los otros dos superclase del rock argentino: “tenemos a uno de los músicos, a uno de los artistas más genuinos y legítimos del pop mundial. Es un honor presentar esta noche conmigo a Gustavo Cerati”, enfatiza el rosarino, a lo que siguen efusivos aplausos.

    “¡Aloja!” responde con entusiasmo y sonriente un agradecido Cerati, antes de arrancar con “Puente”, un tema de ritmo reposado al principio, donde la guitarra eléctrica comanda la música, muy en función del lucimiento vocal y su mensaje, y cuyo estribillo viene a dar la sensación de un clímax donde el ex guitarrista de Soda Stereo canta: “gracias por venir” junto a Fito.

    De pronto aparece Charly, con su clásico de 1984, “Cerca de la Revolución”. No obstante, no es Pablo Guyot quien lo acompaña en la guitarra principal, sino que Cerati; y, en las voces, Fito, como ocurriera 15 años antes, y el ex Soda acompañan al ex Sui Generis. Luego viene el añadido de los lucimientos de Gustavo, quien eleva a la altura de las nubes el sonido de su guitarra, y del propio García, quien toca el piano al más puro estilo Jerry Lee Lewis.

    Cierra la breve y energética secuencia “Ciudad de Pobres Corazones”, tema que da el nombre al mismo disco que publicara Páez en 1987. La interpretación es repartida casi en forma equitativa por los tres músicos aludidos en perfecta armonía con el resto de la banda. Todos, por cierto, partiendo por los líderes naturales, muy entusiastas, casi como poseídos.

    ¿Por qué recalco esto de expresar lo que siento por la música? 

    No soy músico: soy periodista. Pero soy un convencido de que una cosa no me invalida para opinar sobre la otra. Claro: desde un punto de vista técnico, apenas sé un puñado de notas de guitarra y, en un teclado de juguete (evidentemente más propio para el uso de mi pequeña hija), soy capaz de sacar la melodía característica de “la Novicia Rebelde”, que no es tan complicada. Por lo tanto, difícilmente podré referirme a aspectos técnicos de la música.

    Charly
    Charly García
    abrocomillas.com.ar

    Sin embargo, la música es un vehículo de emociones y, desde ese punto de vista, puedo manifestarlas, como lo he hecho varias veces sin pretender de dármelas de crítico musical. Tampoco he pretendido (valga la redundancia) hacer diferenciaciones a la altura de un licenciado en arte o un experto en estética acerca de qué es una percepción o qué es una sensación.

    Pero a lo mejor un día lo hago y, francamente, creo que sería un bonito homenaje al recordado músico Luis Advis, de quien tuve el privilegio de ser su alumno en mis tiempos de estudiante de periodismo de la Universidad Bolivariana.

    [youtube=http://www.youtube.com/watch?v=BTo-m27wGwg]

  • Pink Floyd: “A Saucerful of Secrets”, un disco de colección

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    Regularmente se mencionan otros álbumes entre los memorables del cuarteto, pero el long play de 1968 no puede ser soslayado entre los trabajos relevantes de la agrupación.

    Los seguidores de Pink Floyd más acérrimos atesoran, entre sus discos predilectos de la legendaria banda británica, sobre todo “The Dark Side of the Moon” (1973) y “The Wall” (1979) como álbumes de cabecera. No hay duda que la relevancia de ambas producciones están a la altura de un “Sgt. Pepper’s Lonely Hearts Club Band” de The Beatles, un “Thick as a Brick” de Jethro Tull, un “Close to the Edge” de Yes o un “IV” de Led Zeppelin, solo por nombrar algunos de los trabajos más emblemáticos de la historia del rock.

    Sin embargo, afortunadamente el repertorio del “robusto señor Rock”, próximo a cumplir 60 años de vida como el gran fenómeno masivo de la música popular, es amplísimo y no se puede limitar a una cantidad X de producciones por muy influyentes o exitosas que éstas sean.

    Y, tal como lo pienso yo, también lo piensa Orestes, quien un día echaba un vistazo en su casa a las repisas que albergan, al menos, unos 300 discos de música rock, cuando redescubrió “A Saucerful of Secrets”, el interesantísimo segundo álbum de estudio de los Floyd, grabado en 1968 cuando el cuarteto estaba en plena transición entre el “reinado” de Syd Barrett y la toma de posesión del liderazgo de la banda por parte de Roger Waters, más el ingreso del guitarrista David Gilmour.

    Y mientras Orestes redescubría la referida etapa del conjunto inglés y se disponía a escucharlo, su pequeña hija Simona curioseaba por allí.

    -¿Qué es eso que suena tan raro, papá?

    -Es como un bajo, pero tocado súper rápido – respondió Orestes en relación al inicio del clásico tema con que arranca “Saucerful of Secrets”: “Let there be more light”.

    Luego, Simona queda sorprendida con “Remember a Day”, de Richard Wright, por los efectos volátiles de la guitarra, la presencia del piano y de la percusión, pero también por su delicadeza.

    -¡Es lindo, papá!

    -¿Yo?

    -Je, je…Tú sí, pero el tema también.

    Simona se anima a escuchar el disco con mucho interés, lo que llega a emocionar más de la cuenta a Orestes.

    Floyd
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    -…Nada. Lo que pasa es que estoy segregando mucha serotonina, je, je….

    -¿Qué es eso?

    -Otro día te explico. ¿Te gusta el disco?

    -Sí. Está muy bueno.

    Simona queda particularmente tiesa mirando el minicomponente a través del cual se escucha “Saucerful of Secrets”, sobre todo a la altura de temas como “Set the Controls for the Heart of the Sun” y aquél que le da nombre al disco. Al primero lo define como “misterioso” y, al segundo, como “conmovedor”.

    Respecto al primero, Orestes le formula una pregunta a la pequeña:

    -¿Por qué lo encuentras así?

    -Porque es como estar escondido en la selva.

    -¡Jajaja!.

    En todo caso, algo de razón tiene: sobre todo la forma cómo Nick Mason toca la batería da esa idea. A su vez, en relación al tema “Saucerful of Secrets”, Simona le formula una pregunta extrañada a su padre:

    -¿Por qué es así ese tema, papá? Es como que le ponen mucho color.

    -Es como la voz del universo -le responde él con mirada penetrante, sin olvidar que en la película “Pink Floyd at Pompeii” el mismo tema tiene una introducción diferente, donde los músicos ejecutan sus instrumentos en forma desaforada. Es como la idea de la formación del universo: «del caos al cosmos», como hubiese dicho el recordado profesor Luis Advis.

    Sin embargo, a diferencia de los temas referidos, “Corporal Clegg” le arrancó fuertes carcajadas a Simona.

    -¿Qué te causa gracia, Simona?

    -Esas trompetas, papá. Suenan muy divertidas.

    Simona se refería, evidentemente, a los instrumentos de viento de la banda del Ejército de Salvación, una gran ocurrencia de Waters para «Corporal Clegg».

    [youtube=http://www.youtube.com/watch?v=yRVgZDKyhK4]

  • Cualquiera puede opinar de música

    Bach
    Bach
    lastfm.es

    Escuché decir en alguna oportunidad que la música es un “vehículo de emociones”. Puede ser. La subjetividad en este tema es neta: no tiene por qué acomplejarnos.

    El título que le coloqué al presente texto no es casual. Tiene que ver con sucesivos debates en mi mente, otros que he observado y otros que he sostenido con otras personas. ¿Cuál es mi fundamento respecto de la afirmación? (“cualquiera puede opinar de música”).

    Muy simple: si entendemos por “emoción” como una “conmoción afectiva de carácter intenso”, a su vez “conmoción” como “agitación o inquietud del ánimo” y “ánimo” simplemente como “alma o espíritu humano”, independientemente de las ideas de “positivo” o “negativo” que haya al respecto, quiere decir que la música genera emociones, hay subjetividad neta en tal sentido y, por lo tanto, cualquiera puede opinar.

    Una cosa diferente es la crítica. Por “crítica” se entiende, entre sus diversos significados, “conjunto de opiniones o juicios técnicos que se hacen sobre una obra artística o del conocimiento”. La palabra “técnica” da la clave: tiene que ver con “conocimientos especiales”. Allí no cabe necesariamente la subjetividad.

    Opiniones y «no tan opiniones»

    Recuerdo que un músico, perteneciente a una conocida banda tributo chilena, me explicó muy claramente esta distinción: “cuando un músico que es admirador de un grupo X observa a una banda que tributa a ese conjunto, se fija en aspectos de tiempo, afinación, pronunciación del vocalista y hasta detalles propios de las grabaciones originales de la agrupación tributada. Quien no es músico probablemente dejará pasar más de un detalle, pero quien lo es detectará de inmediato las debilidades. Es una manera simple de decirlo”. Y no tengo por qué no creerle.

    El tema es tan apasionante que recordé mis tiempos de la universidad, en 1995, cuando un gran profesor que tuve por entonces: el recordado Luis Advis, nos pasó el ramo de “Apreciación Musical”. Esa cátedra tuvo una introducción en 1994 denominada “Arte Contemporáneo” aunque el prefería para esa cátedra el nombre de “Estudio Comparado de las Artes”. Fue muy entretenido y enriquecedor.

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    Paul McCartney
    www.fanpop.com

    No fue fácil, pero fue una buena introducción para el ramo de “Apreciación Musical”. Lo sentí como “anillo al dedo”: y no sólo por el hecho de haber sacado las mejores notas del curso en esa cátedra, sino porque aprendí mucho. La coda: una especie de “puente” entre una parte y otra de un tema musical; el acorde suspensivo: que es una variante que deja el tema musical como “pendiendo de un hilo” hasta que lograr proseguir; y el acorde conclusivo: el claro final de un tema musical, entre otras, fueron algunas de las enseñanzas de ese período.

    Pero de lo que tampoco tuve duda por entonces fue de la subjetividad. Advis era músico 100 por ciento, tocaba el piano maravillosamente, componía y orquestaba. Autor de la “Cantata Santa María de Iquique”, este notable académico nos facilitó la comprensión de las diferentes etapas de la música: Barroca, Clásica, Romántica o Moderna, por ejemplo. Desde ese punto de vista, Johann Sebastian Bach no puede parecerse a Wolfgang Amadeus Mozart, y Tchaikovsky no encaja en el mismo estilo de Stravinsky.

    Sentido cósmico y atractivo

    Allí no sólo opera un tema de épocas distintas, sino de estilos distintos y, por cierto, toda clase de emociones. Un músico veterano, integrante de una renombrada agrupación nacional, me confesó algo revelador: “la música, tal como sostuvo Mozart, está en el universo, existe y lo que uno hace es rescatarla. Hay música en muchas cosas. Yo, que soy músico, puedo detectarla hasta en sonidos simples”.

    Paul McCartney, el reconocido ex Beatle, sostuvo que cuando componía junto a John Lennon en pleno apogeo de los “fab four”, hacían algo espontáneo aunque se preocupaban mucho de que sonara atractivo. McCartney reconocía, no obstante, que la clave estaba en la sección media. La sección media brinda, a juicio del británico, una pausa especial, un impulso diferente a la canción.

    En síntesis, así como Pilar Sordo exclama «¡viva la diferencia!», yo digo «¡viva la subjetividad».

    [youtube=http://www.youtube.com/watch?v=L8XZTdN40mM]