Etiqueta: Los Prisioneros

  • Soda Stereo y su homónimo: un álbum menospreciado por Cerati, pero…

    sodasoda1984El debut del trío, que completaban Héctor «Zeta» Bosio y Charly Alberti, fue un energético impulso en una época de definiciones del rock argentino.

    En mi cumpleaños 15, en 1986, recibí dos regalos que, tal como solían decir algunos rock stars argentinos de entonces cuando había algún acontecimiento que los «revolucionó», fueron como un «shock» para mí (por cierto, en el sentido positivo de la palabra): uno era el caset del primer álbum de Los Prisioneros, «La Voz de los 80»; y el otro, era igualmente una cinta pero de la primera producción de Soda Stereo, su álbum homónimo. Cabe resaltar que ambos discos eran de dos años antes: 1984.

    El aludido largaduración debut del trío nacional da, por sí solo, para un artículo aparte. El de la banda argentina cumple con el mismo requisito, pero es el elegido para ocupar las referencias de estas líneas.

    Gustavo Cerati dijo en alguna ocasión que cuando escuchaba aquel disco en los tiempos en que ya la masividad los había consagrado, solía decirse, casi sin anestesia y con un sentido autocrítico bastante llamativo, «¿cómo pude hacer esta porquería?».

    A mí el disco me encantó y me sigue encantando: da la casualidad que, con el paso natural del tiempo y cierta insufrible tendencia a la saturación radial, los temas más taquilleros pueden efectivamente llegar a sonar insípidos, pero cuando escuchó «¿Por qué no puedo ser del jet set?», «Sobredosis de TV», «Te hacen falta vitaminas» y «Tele-Ka», si bien no me deslumbran como en 1986, me inyectan buena vibra y hasta los bailo.

    Influencias y …algo más

    «Trátame suavemente» original de Daniel Melero, amigo de Cerati, es un temazo -no lo dudo- pero nunca fue una pieza que me generase algo más especial que tan sólo escucharlo con respeto. ¿Mis canciones regalonas? (dentro de un gran álbum): «Dietético», «Afrodisíacos», «Ni un segundo», «Un misil en mi placard» y «El Tiempo es dinero» lo son. Me entretengo mucho escuchándolas.

    La guitarra, el bajo y la batería suenan como cristalinos, transparentes, demasiado fáciles de escuchar, nada difíciles de cachar y, por cierto, eso hace que este primer disco de Soda Stereo entre en la categoría de aquellas producciones que generan un relajo total al poner el oído, algo que aunque no amerita esfuerzo es igualmente digno e interesante de hacer.

    En cierto sentido me ocurre algo similar con la primera producción de G.I.T. (conocida en Chile como «Acaba de Nacer»), que casualmente es del mismo año del largaduración debut de Soda: 1984.

    ¿Por qué se da esta particularidad? The Police, casualmente en el año en que hizo la parte final de la gira de su último álbum, era el grupo referente que reinaba en Sudamérica en materia de rock y, sobre todo, de aquel más suave, llamado abiertamente pop y destinado a dominar en las discotheques. Pero también influía el punk, el post punk, los New Romantic y la New Wave. Se podía decir que ahí estaba la mano de Federico Moura, productor del debut de Soda y líder de Virus.

    Por lo tanto el trío liderado por Sting podía tener influencia en Argentina y en el resto de América Latina como la podía tener The Cure o Duran Duran, por ejemplo. Lo cierto es que los británicos eran como una suerte de espejo.

    «¿Mi novia tiene Bíceps?» Quizás un guiño a ese divertimento con un poema recitado por Andy Summers, «Be my girl-Sally» de «Oulandos D’ Amour» (primer largaduración de Police, en 1978).

  • “Signos”: acertijos bajo el agua

    Soda-Stereo
    Soda Stereo Taringa.net

    Por Gonzalo Figueroa Cea

    El tema que le da nombre al clásico disco de Soda Stereo de 1986 es una interesante forma de conocer las letras del líder de la banda, Gustavo Cerati.

    “No hay un modo, no hay un punto exacto, te doy todo y siempre guardo algo”. Así arranca “Signos”, la canción que da nombre al disco que Soda Stereo publicara en 1986, el tercero de su brillante carrera.

    Cuando la escucho no sólo resurgen con fuerzas mis ganas de disfrutar por enésima vez, completito, el álbum del ya legendario trío argentino, sino que además nuevamente se hace presente mi asombro: según lo que aparece en “Corazones en llamas” (libro de historias sobre el rock trasandino), el propio Gustavo Cerati confesó haber estado muy fatigado a pocas semanas de finalizar el long play y que, además, las letras las escribió sólo en una noche.

    “Pensé que moría”, señaló el guitarrista, creativo y líder indiscutido de la banda que también conformaban Carlos Ficcichia y Héctor Bosio (Charly Alberti y Zeta, respectivamente). Lo más curioso de todo es que Cerati no sólo ha sobrevivido 28 años más, sino que hoy es una leyenda viviente, pese al coma en el que se mantiene hace 4 años, producto de un accidente cerebrovascular. Este lunes 11 cumplió 55 años de edad.

    También recuerdo que una joven fanática de Soda Stereo destacó, en las cartas al lector de una edición de 1987 de la fugaz pero exitosa minirevista chilena “Súper Rock”, que le gustaban mucho las letras de Cerati por lo abstractas. También recuerdo que, por ese entonces, Claudio Narea, guitarrista de Los Prisioneros, reconocía que no le agradaban las letras de Soda Stereo, en el sentido que ellos no podían hacer “estupideces como cantarles a las telarañas o cosas así”.

    Lo cierto es que a mi atraía Soda Stereo. Las letras de Cerati, además, tenían algo particular. Una vez en la revista “La Bicicleta”, por ahí por el mismo año, resaltaban la genialidad del músico en un análisis de sus letras. En la publicación cultural chilena, una de las más populares en tiempos de la dictadura, se señalaba que el argentino tenía la virtud de ser “enfermantemente bueno” en todo lo que hacía: música, letras, ejecutar la guitarra, y cantar.

    Soda Stereo Taringa.net
    Soda Stereo
    Taringa.net

    No está demás resaltar que el disco “Signos” pertenece a una época de expansión del rock sudamericano, sobre todo del argentino, en los mercados internacionales. Al respecto, Soda Stereo fue la agrupación trasandina “punta de lanza” no sólo en lo que se refiere a conquistas de nuevas fronteras, sino que por ser el mayor referente histórico de una época que vio despegar internacionalmente a Charly García, Fito Páez y bandas como Los Enanitos Verdes, Virus, G.I.T. y Miguel Mateos y Zas, marcando un camino interesante para los futuros exponentes de entonces.

    Figuras sin definir
    “Signos, mi parte insegura, bajo una luna hostil, signos, ¡oh!”, cantaba Cerati en el estribillo de la canción. Quizás reflejaba cierta inseguridad o inestabilidad en el plano sentimental, pero no quisiera detenerme en eso y hacer un perfil psicológico del connotado artista.

    Esa cosa abstracta de las letras, con cierta dosis de perfeccionismo, fue el factor que me sedujo para escuchar y seguir escuchando a Soda Stereo. En una oportunidad leí que Cerati buscaba que las letras calzaran bien, que sonarán perfecto. En otras palabras, no sólo le interesaba el sentido de las letras (muy diferentes a los lugares comunes y obviedades de Ricardo Arjona, con todo el respeto que me merece el cantautor guatemalteco) sino la forma.

    He querido detenerme en “Signos” no sólo por la reposada forma musical del tema, su indudable atractivo y, por cierto, ser un clásico del rock latinoamericano, sino que por lo llamativo de sus letras.

    “Si estás oculta, ¿cómo sabré quién eres?, me amas a oscuras, duermes envuelta en redes” son los versos de la segunda estrofa. Cerati juega al misterio, como también lo hace su musa inspiradora, a quien ama sin verla en un lugar que no tiene por qué ser convencional.

    “Mar de fondo, no caeré en la trampa, llámame pronto, acertijos bajo el agua” canta Cerati tras el estribillo. En el mismo ámbito lejano a lo corriente, el creador intenta alejarse de los riesgos, de la caída libre, pero no sólo del amor, sino de los obstáculos que se interponen en la relación.

    “Si algo cedes, calmaré tu histeria, con los dientes, rasgaré tus medias” estructura la cuarta estrofa, donde la imaginación del compositor da rienda suelta a la parte más apasionada de la relación con su amante.

    Tras la nueva interpretación del estribillo, éste prosigue después pero cambia en su composición: “Signos, uniendo fisuras, figuras sin definir, signos, ¡oh!”. Como que Cerati observa que en el amor hay grietas, disputas, problemas o, simplemente, vacíos de comunicación.

  • El vinilo resucita

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    Piazzolla y Ferrer (1970) Wikipedia

    A propósito del reciente y renovado interés por estas grabaciones de audio, recordé con cariño algunas joyitas de la música popular.

    Hace algunos días tuvo amplia difusión una gran feria del vinilo. Sin duda un buen panorama para quienes son coleccionistas y una gran oportunidad para darle mayor visibilidad a un mercado que resucita, aunque no para vender necesariamente millones de long plays (como ocurría hasta entradita la década del 80 en los grandes mercados), sino para satisfacer la demanda que involucra la pureza del sonido de las grabaciones de los discos originales, las hermosas y coloridas cubiertas, la generosa información alusiva y, sin duda, la nostalgia.

    Es cierto que hay copias nuevas, fidedignas a las originales (como dirían por allí en forma rimbombante), pero eso no necesariamente le quita fuerza a los referidos atractivos de un evento. Si el tema en sí mismo generó un interés importante, ya eso lo transformó en un hecho insoslayablemente destacable. De hecho, en el mall de una populosa comuna también vi un espacio dedicado al vinilo.

    Por añadidura, durante años ha sobrevivido alguna clase de comercio restringido dedicado al vinilo, al estilo de los negocios de antigüedades. En efecto, se me viene a la mente un local que está casi en la entrada norte de San Diego.

    No me interesé por ir. Curiosamente tampoco siento mucha pasión por el tema. Más allá del precio de algunos elepés (hasta 90 mil pesos), tampoco éste es el factor que me hizo desistir de acudir a esa feria. Lo cierto es que estoy pasando una etapa (mi más reciente paternidad) en que los discos long plays simplemente son un tópico secundario.

    Sin embargo, el acontecimiento en sí mismo me recordó la gran colección de discos que tenían mis padres y mis hermanos, la que contempla los más diversos géneros y artistas.

    Nostalgia pura

    Dicen que en tiempos de la Nueva Ola Chilena se vendieron millones de long plays sólo en Chile. Luis Dimas se jactó de vender un millón de discos en su mejor momento. Lucho Gatica no vendió tantos ejemplares en nuestro país, pero no tengo dudas que vendió bastante más en el extranjero que el “Pollo” Fuentes, Luis Dimas y Los Prisioneros. Sospecho que lo mismo debe haber ocurrido con Antonio Prieto y Los Ángeles Negros.

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    Genesis «Duke» Coveralia.com

    Mi mamá me dijo una vez que en tiempos de la Unidad Popular se vendían long plays y libros como pan caliente. La cultura estaba al alcance de la mano, como bien señaló con convicción el recordado dirigente comunista Luis Corvalán en su libro “El Gobierno de Salvador Allende”.

    Recuerdo con cariño unos de Astor Piazzolla, que mi madre escuchaba sobre todo para disfrutar “Balada para un loco”, tanto como cuando escuchaba a las notables Mercedes Sosa y Edith Piaff.

    En las postrimerías del siglo XX recuerdo que mi padre junto a un tío llamado Abel disfrutaba viendo el estado de los viejos registros de tango; entre éstos, algunos de Piazzolla.

    Uno de mis hermanos mantenía una colección de álbumes de la Nueva Canción Chilena: Quilapayún, Víctor Jara e Inti Illimani sobresalían claramente. Me llamaba mucho la atención que, por entonces, se grabaran hasta bandas sonoras de obras de teatro. ¡Impresionante!

    Los rockeros

    Mi hermana alucinaba con el clásico de Peter Frampton, “Frampton Comes Alive”. Recuerdo puntualmente “Do you feel like we do”, que al escucharlo hoy automáticamente me transporta a algún verano juguetón de 1977 ó 1978, vestido de pantalón corto y juntando tierra con agua, uno de mis “deportes” favoritos por entonces. Era niño. Mi hermana y mi hermano mayores eran adolescentes. Mi otro hermano era casi adolescente.

    Por último, cómo olvidarme de los elepés de rock, los favoritos de mi hermano mayor: alucinaba con las figuras de los discos de Genesis. Me llamaban la atención la diferencia entre la tapa de “Nursery Cryme” (una especie de obra de arte mezcla de psicodelia con barroco) y la de “Duke” (una caricatura de un gordo que mira por la ventana el horizonte y da la espalda a quien mira).

    Una década más tarde comprendí el por qué de esa diferencia: 9 años y dos estilos muy distintos. En cuanto a los de Kiss, siempre me llamaron la atención los maquillajes. También había uno de Rush (el primer disco en vivo) y otro de Yes (“Yesshows”)…

    …En fin (ya casi no me queda suspiro), ¡qué época!