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  • Iron Maiden: doncella de hierro siempre bienvenida

    Iron Maiden 2013
    Gráfica tour 2013
    Elacople.com

    Con la última y muy reciente actuación, la banda británica ya ha realizado siete presentaciones en nuestro país. Pero la historia del legendario conjunto invita a rememorar mucho más.

    La legendaria y activa agrupación británica Iron Maiden no sólo es un emblema del heavy metal y de la historia del rock de guitarras duras a nivel mundial, sino que es el número artístico del Hemisferio Norte que, por sí solo, más ha atraído público en Chile en materia de espectáculos masivos desde siempre.

    Afortunadamente bien atrás, en el tiempo, quedaron las ridículas acciones de organizaciones religiosas que impidieron lo que hubiese sido su primer concierto a principios de los años 90. Pero no quisiera quedarme estrangulado en ese episodio y tampoco hacer un comentario del reciente recital de Iron Maiden, porque de todo eso ya se ha escrito y hablado lo suficiente.

    Tampoco pretendo darle espacio a los comentarios de los seguidores, quienes mayoritariamente quedaron muy satisfechos con el espectáculo, sobre todo considerando que fue el miércoles 2 en el Nacional y tuvo el mérito de tener lugar en una semana en que los melómanos rockeros chilenos, en Chile mismo, fueron testigos de presentaciones de grupos como Megadeth, Slayer, Alice in Chains y Black Sabbath.

    Un lejano 1983

    Recuerdo que el concepto «heavy metal» lo escuché por primera vez en 1983, pero en una forma un tanto torcida. Tenía 11 años, estaba en quinto básico y Iron Maiden ya era uno de los exponentes más rutilantes del metal pesado. Sin embargo, cierta «falta de mundo» de la crítica especializada tendía a asociar el heavy metal con conjuntos más «poperos metaleros» como Quiet Riot o Twisted Sisters.

    Eran tiempos simpáticos: los Maiden y Metallica no vendían tantos discos como Madonna o Michael Jackson, ni tampoco tenían tantos hits en las listas de éxitos como ellos, pero llenaban estadios de fútbol y hacían largas y exitosas giras.  Ya, por entonces, al igual que otras bandas tocadas por la varita mágica de la gloria, los Maiden demostraban su talento en las zonas más requeridas de los circuitos itinerantes de la música popular en el Hemisferio Norte:  Estados Unidos y Europa.

    Iron Maiden 1982
    Iron Maiden 1982
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    Latinoamérica no se quedaba tan atrás, al menos en materia de difusión. Recuerdo que entre 1985 y 1988, cuando dominaban el rock latino y artistas como los mexicanos Luis Miguel, Juan Gabriel o el trío femenino Pandora, los seguidores chilenos de las tendencias de guitarras más duras y crudas marcaban presencia en distintos y exclusivos lugares, como el gimnasio Manuel Plaza de Santiago.

    Había muchas bandas inspiradas en la «doncella de hierro» o en Metallica y, aunque por esa época se veía bien lejano el día en que estas agrupaciones tocarían en nuestro país, algunos conjuntos formados por adolescentes se daban el trabajo de rendirle tributo en actividades de colegio y recitales en gimnasios.

    Recuerdo que Francisco Moreno, bajista del grupo Requiem, formado también por el recordado Julián Durney, admiraba fundamentalmente a Steve Harris, bajista de los Maiden. Corría 1988 cuando, motivado por Moreno, puse especial atención en el desempeño de Harris al escuchar los discos y pensé, casi como efecto inmediato, «éste tipo es una bestia con el bajo: lo toca a una velocidad endemoniada y admirable. ¡Es un shock en el oído y en el ánimo!…¡Positivo, por cierto!»

    Me llamaban la atención las tapas, imágenes interiores y los nombres de los álbumes: «El Número de la Bestia», «Pedazo de Cerebro» o «El Séptimo Hijo del Séptimo Hijo». La voz de Bruce Dickinson también me alucinaba: no tenía nada que envidiar a Freddie Mercury en potencia y, además, creo que es y sigue siendo más intenso que los intensos (valga la redundancia) Robert Plant, Ian Gillan y David Coverdale.

    Otras cosillas

    Lo del supuesto satanismo de las letras será asunto de otro análisis, quizás citando a Humberto Lagos, el gran estudioso de la sectas. Por de pronto, sólo quisiera quedarme con la idea de que Iron Maiden es un grupo con una cantidad de energía impresionante y una extraordinaria capacidad de energetizarme mediante la escucha.

    Como corolario a esta semblanza de los Maiden, a mediados de los años 90 mi padre me obsequió un álbum de ellos para la Navidad, sin saber si me gustaban demasiado: se lo agradezco enormemente. Todavía tengo el CD: «El Séptimo Hijo del Séptimo Hijo» (1987), hoy mítico. Por añadidura, uno de mis sobrinos es un gran seguidor de esta «doncella de hierro», hoy tan querida por los amantes de las guitarras duras en nuestro país.

    ¡Salud, doncella de hierro!

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