Genesis es una tremenda banda de rock progresivo y una de las que mejor representa el espíritu de este estilo en su época de oro, período que tuvo lugar entre fines de los años 60 y mediados de los años 70 de la centuria pasada, donde agrupaciones como Pink Floyd, Yes, Emerson Lake and Palmer, Jethro Tull y King Crimson, por nombrar a las más representativas de dicha corriente, gobernaron los aires más innovadores de la música popular .
Así como ocurrió con los Beatles y en menor proporción con bandas como los Rolling Stones o Cream en buena parte de la década del 60, al final de aquel decenio Gran Bretaña una vez más se lució con potentes agrupaciones, que con audacia impusieron su sello y crearon escuela.
Justamente elegí «Foxtrot», el cuarto álbum de Genesis, editado en 1972, porque de alguna manera resume los atributos del rock progresivo, enfatizados en una sola pregunta: ¿por qué un rock notoriamente más elaborado que el tradicional y más comercial puede ser tanto o más atrayente que éste?…
Vamos por parte: «Foxtrot» contiene un estupendo viaje por el espacio en los ojos de un alien («Watcher of the skies»), un tema de veintitantos minutos que equivale a una auténtica exposición de cuadros musicales («Supper’s Ready»), un breve pero digno lapso para una guitarra clásica, ideal de la mejor y más romántica puesta de sol («Horizons»); potencia pura, variedad y misterio («Get’ em out by Friday»), la delicadeza del sonido («Time Tible») y una síntesis de los atributos aludidos («Can- Utility and the Coastliners»).
Hay espacio para el lucimiento de todos los músicos: Mike Rutherford aportando con fiereza su bajo en la base rítmica de «Watcher of the Skies» y «Get’ em out by Friday»; Tony Banks demostrando su destreza en los sintetizadores en este último tema y, en mayor proporción, en «Can-Utility and the Coastliners» y «Suppers Ready»; Steve Hackett hace lo propio en varios temas pero fundamentalmente en la romántica «Horizons», donde la guitarra dialoga consigo misma en altos y bajos, aunque también en agudos y graves -¡¡notable!!-; y Peter Gabriel, quien con histrionismo domina con su voz y, a veces, con la interpretación de su flauta traversa cada pasaje narrado (musicalmente, claro está) del disco…
En síntesis, un álbum sencillamente imprescindible.
Supe hace poco que Steve Hackett, quien fuera guitarrista de Genesis en la primera mitad de los años 70 -período de la formación más aclamada del grupo británico- cuenta con un nuevo baterista, Craig Blundell, y que el próximo año realizará una gira basada en dos de los mejores discos tanto de su etapa genesiana como de su carrera solista. Se trata de «Selling England by the pound», en el primer caso; y de «Spectral Mornings» en lo que concierne al segundo.
Un par de aspectos extras relevantes al respecto son el cuadragésimo aniversario del lanzamiento de «Spectral Mornings» en 2019 y la publicación de su nuevo álbum de estudio, «At the Edge of Light», fijada para el 25 de enero del año que se avecina. La nueva producción, que saldrá a la calle y a las redes en sus diversas versiones, sucede a «The Night Siren», de 2017, y parte de su repertorio está considerado en el futuro tour del músico.
Respecto a Blundell, quien ha sostenido que se unirá a la gira que Hackett hará entre abril y noviembre próximos, ha tocado junto a Steven Wilson y, en efecto, seguirá concentrado en el accionar de la banda de aquél hasta marzo. Blundell reemplazará a Gary O’Toole, quien formara parte de la agrupación del ex Genesis durante 18 años, tanto en calidad de baterista como de cantante.
Por tal motivo, he querido compartir dos clásicos del insigne guitarrista de rock progresivo, pertenecientes a los dos primeros largaduraciones citados. Uno, obviamente, es de la etapa de Genesis y corresponde a la versión en vivo de «Seconds Out» (1977), mientras que el segundo es de la etapa solista y la interpretación respectiva también es en directo, aunque de 2004.
Registro de 1974 en el Centro Deportivo Universitario de la ciudad canadiense refleja la época en que la mítica agrupación era un quinteto.
Estaba en los últimos meses de enseñanza media, en 1990, y recuerdo que radio Futuro, por entonces una emisora dedicada a lo que sus creativos denominaban «música contemporánea de vanguardia», anunciaron un especial del Genesis gabrielano para un primaveral sábado a las 14 horas.
Pongo de relieve ese día y esa hora porque porque se correspondían cada fin de semana con el programa que todos, o una mayoría abrumadora o relativa, esperaban. Por entonces, no existía el whatsapp, pero sí la correspondencia tradicional: las cartas y el teléfono fijo como vías de comunicación habituales, aparte del cara a cara.
Esas formas de contacto eran suficientes para que quienes definían la programación de una radio decidieran no sólo qué tipo de música se privilegiaba, sino qué tipo de especiales (disco o recital completos) eran factibles de escucharse en la Futuro.
El turno del aludido sábado fue para una de esas «grabaciones filetes dignas de Semana Santa»: una presentación en vivo del referido quinteto británico, realizada el 21 de abril de 1974 en el Centro Deportivo Universitario de Montreal, Canadá.
La calidad del sonido, comparado con «Seconds Out» o los posteriores álbumes en directo oficiales de Genesis, no es para quedar mudo y con la mirada muy abierta, pero sí para admirarse por su exclusividad y el hecho de pertenecer a una de las agrupaciones más importantes y populares de la historia del rock mundial, en una época no muy generosa en cantidad y calidad de registros en vivo de este tipo de música.
Algunos datos…
Antes de que disfruten la grabación (insisto: al igual que en el caso de aquella anterior, de Pink Floyd, y otras de naturaleza parecida, lo ideal es tener una copia original del sello que la distribuyó), sólo mencionaré dos aspectos: se trata de la formación más aclamada de la banda (Peter Gabriel en voz, Tony Banks en teclados, Phil Collins en batería y coros, Mike Rutherford en bajo y Steve Hackett en guitarra); y allí se aprecia, pese al sonido -algo precario pero no débil-, las virtudes individuales pero sobre todo los matices vocales y el histrionismo de Peter Gabriel, con el desarrollo del concepto «rock teatral» (en relación a las historias narradas entre tema y tema, cabe agregar que en los registros audiovisuales disponibles sobresalen los disfraces).
Es relevante añadir otros datos no menores: algunas semanas después del especial mencionado, radio Concierto (que por entonces pertenecía a los mismos dueños de la Futuro; y no era una emisora dedicada a la música pop ochentera, como lo es hoy), quizás inspirada por la positiva recepción del medio de comunicación consanguíneo, dio espacio a la citada presentación en uno de sus clásicos programas de la medianoche.
En 1990 Genesis era una trío (Collins-Banks-Rutherford), su cantante: Phil Collins ya tenía una carrera solista consolidada, el grupo ya estaba a punto de lanzar otro exitoso disco: «We can’t dance» (1991), ya circulaba un interesante y emotivo documental sobre su historia: «Genesis A history» y habían pasado 15 años desde que Peter Gabriel dejo de ser parte del conjunto (tres años después hizo lo propio Steve Hackett).
En abril de 1974 el quinteto estaba todavía en la gira que sucedió al lanzamiento de «Selling England by the pound» (1973) y, algunos meses después, iba a ser lanzado «The Lamb lies down on Broadway».
A propósito de la reciente visita del músico británico A Chile, comparto algo de su historial en la música pop al margen de su carrera solista.
Phil Collins no alcanzaba a cumplir los 20 años de edad cuando arribó a Genesis. Corría 1970 y, los integrantes de entonces: el cantante Peter Gabriel, el tecladista Tony Banks y el bajista Mike Rutherford (todos apenas veinteañeros) buscaban un guitarrista y un baterista (Anthony Phillips y John Mayhew se habían marchado). En una audición, Collins los dejó notablemente sorprendidos.
El muchacho, entonces muy delgado, de pelo largo y barba (no muy diferente a tantos jóvenes que por esos días seguían caminos similares), les demostró a quienes serían sus futuros compañeros que para él la batería era más que un instrumento de marcación: se le podía sacar múltiples variantes de sonido.
Además se dieron cuenta que Phil podía acompañar con distinción a Peter en los coros y ser la segunda voz de la banda. Posteriormente se les unió Steve Hackett como guitarrista y, de este modo, se estructuró la formación, no necesariamente de mayores ventas, pero sí más aplaudida por la prensa especializada y la predilecta de una legión importante de sus fans.
El quinteto grabó entre 1971 y 1975 cinco discos (entre éstos uno en vivo) dignos de cualquier estantería dedicada al rock progresivo, junto a obras de Pink Floyd, Yes, Emerson Lake and Palmer, Jethro Tull, King Crimson y otras agrupaciones representativas del estilo. En ese período Phil fue cantante principal en dos canciones de corte folk, dominadas por las guitarras: «For absent friends» y «More fool me», incluidas en «Nursery Cryme» (1971) y «Selling England by the pound» (1973), respectivamente.
Tras partir Gabriel de Genesis en la mitad de esa década (acontecimiento que no destacó por pasar precisamente inadvertido), Banks asumió el liderazgo mayor en el plano creativo y Phil la condición de «frontman» en el escenario, en el que gracias a sus dotes de actor (ya tenía experiencia al respecto y, sin duda, el legado de Peter algo influyó), con el curso de los años supo sacarle mayor provecho y soltura a su simpatía y, por ende, generar una gran comunicación con el público.
Sin perder su autonomía, profesionalismo y productividad, Genesis hizo concesiones al pop y se transformó en un grupo superventas e ideal para estadios de fútbol. Desde 1976 hasta 1992 grabaron 11 estupendos discos, tres de ellos en directo (eso sí, me quedó lejos con los dos primeros de estudio: «A trick of the tail» y «Wind and Wuthering»). Cabe agregar en la discografía posterior algunos box set y el álbum en vivo de la reunión de 2007.
Momentos especiales
Tratándose de un artículo sobre Collins, curiosamente no pretendo centrarme en su carrera solista (iniciada en 1981). Como ya se habrán dado cuenta parte de aquel objetivo ya he cumplido. Además en los grupos de FB dedicados a su trayectoria propia sus seguidores ya han disfrutado -y disfrutan- de múltiple material asociado a su producción personal y de toda información alusiva a su reciente visita a Chile. ¡Salud por ello!
Sí comparto con ustedes aquí (versiones en vivo vía descarga Youtube) algunos de mis temas regalones de él vinculados al período genesiano.
Conforme a un criterio similar al que usé en mi publicación sobre canciones bailables menos famosas de The Police, en el caso de Phil descarté hits salvo un par («Mama» y «No son of mine»). El lapso referido es 1976-1992.
El guitarrista había dejado de pertenecer por voluntad propia al legendario grupo británico en 1978, pero ya por entonces comenzaba a consolidar una carrera solista, cuyos encantos pueden observarse en una presentación en Montreux en 1980.
No quisiera partir el presente artículo con una referencia (con reverencia incluida) a Steve Hackett. Sí proseguiré estas palabras iniciales con una palabra: «The Steppes», algo así como «las estepas». Debo haber escuchado este tema del ex guitarrista de Genesis por 1991, cuando yo era auditor regular de la radio Futuro, cuyo perfil por entonces gozaba de mayor vanguardismo y menor popularidad que el de hoy.
Me hipnotizó la lenta, quizás previsible, pero deliciosa cadencia de aquel instrumental del álbum «Defector» (1980), quizás inspirado en un viaje montado sobre un camello por un desierto, pero con efectos de guitarra que hipnotizan, atraen y generan suspenso y ambiente junto a la flauta traversa que acompaña fielmente la melodía principal liderada por el instrumento de cuerdas, todo sostenido por la marcación simple pero efectiva de la batería. Por añadidura el bajo y las teclas brindan un toque envolvente que da, justamente, esa idea imaginaria de un lugar quizás árido, pero a su vez volátil y etéreo.
La misma sensación me generó «Spectral Mornings» y «Every Day» del disco «Spectral Mornings» (1979). Todo aquello que les describo me gatilló el presenciar, a través de la popular plataforma de Youtube, la presentación que Hackett y su banda realizaron en el Festival de Jazz Montreux en 1980. Evidentemente disfruté mucho los 53 minutos y fracción de la actuación y se me reafirmó la idea que tenía respecto de los deseos de Hackett, a fines de los 70, de proseguir una carrera en solitario.
El giro de su música distaba mucho de la que ya hacían en 1980, e incluso unos o dos tres años antes, sus amigos y ex compañeros de Genesis: el estilo del trío Banks-Collins-Rutherford consistía en estructuras más simples y tendencia mayoritaria a temas más breves (canciones pop, para ser más directos). «Quiero flexibilidad», enfatizaba el guitarrista por 1977. Y en la presentación de Montreux, además de una alta sintonía con sus músicos acompañantes, se revela una mayor satisfacción de su parte.
Su apuesta era sacarle el mayor provecho a la guitarra y a sus diversos efectos: si era factible que llegará a sonar como clásica española, como guitarra de heavy metal o como un verdadero violín eléctrico multifuncional, es sólo un aspecto. El rock progresivo, en cierto sentido, es algo así como música programática elaborada por pocos instrumentos en comparación a una orquesta sinfónica, pero su intención nunca se quedará en menos: los sonidos de la naturaleza, el mayor lirismo de las voces, emular las emociones al máximo, relatar algo parecido a una historia por muy sencilla que parezca, etcétera.
Los músicos que acompañan a Hackett (quien también hace coros) son su hermano John en flauta traversa, John Shearer en batería, Nick Magnus en teclados, Dick Cadbury en bajo y Pete Hicks en voz principal.
«Slogans» es el potente tema que irrumpe e inicia la seguidilla de 10 composiciones de Hackett, donde queda expuesta la experiencia ganada: por entonces ya acumulaba cinco discos solistas, además de los ocho que forman parte del legado de la mítica banda británica de la que fue pieza clave hasta 1978.
Steve Hackett se presentará nuevamente en Chile el 6 de marzo. Para mayor información hacer click en sitio Viagogo.
El noveno disco de Genesis tiene los atributos suficientes como para ser mirado más allá de la idea de un álbum bisagra.
La primera vez que vi la portada de «Wind and Wuthering» supuse de inmediato que debía ser muy diferente a otros discos de Genesis. Tenía unos 13 años de edad. Era, no obstante, una suposición superficial, como muchas que uno tiene en la adolescencia más temprana.
Por ese entonces, «Wind and Wuthering» era ya un clásico: había sido grabado y publicado hacía 9 años (es de 1976). Aclaro que mis 13 años de edad corresponden con 1985.
Y los referentes de otros álbumes que yo tenía de la banda británica no eran muchos en ese momento. En un mueble en casa de mis padres había (y siguen allí donde mismo) seis long plays del mítico conjunto de rock: «Trespass», «Nursery Cryme», «Live», «A trick of the tail», el referido y «Duke». Son de mi hermano mayor.
No iré al detalle sobre lo que me produce a esta altura cada uno de estos discos (no es la idea), pero sí comentaré lo que me ocurrió al querer conocer más acerca de «Wind and Wuthering». Eso agarró forma de conocimiento total en 1991. Ya tenía 20 años de edad y el oído más fino.
El mejor elepé de la era post gabrielana
Para quienes poco conocen la historia de Genesis, el elepé citado es el segundo después del retiro del cantante Peter Gabriel de la banda, el noveno de ésta en la cronología general y el último de estudio en el que participó el guitarrista Steve Hackett.
«Es el mejor disco del conjunto de la era post Gabriel», me comentó un amigo que estudió sonido y que, a petición expresa mía, me hizo escuchar «Wind and Wuthering» en una modesta grabación de caset (con el sonido fidedigno de un peak up de tocadisco).
Etéreo, por no decir intangible o sublime; tal como se señaló en un reportaje de «Bajo Cuerdas» (revista sobre música que existía por entonces) con letras y sonido inspirados en la naturaleza romántica de David Copperfield; «un disco bello», como sentenció una voz de la Radio Futuro en un especial acerca del guitarrista Steve Hackett, lo cierto es que coincido con todos estos sentires y, por añadidura, con mi amigo: creo que es el mejor álbum de Genesis de la era post gabrielana.
Frenesí y serenidad
Un sonido que envuelve y reverbera, con la virtud de lograr que los instrumentos que más se distinguen con la melodía: la guitarra y los sintetizadores, se noten todavía más y que, en los momentos de mayor frenesí, los temas adquieran mayor potencia aunque sin llegar a la opulencia del hard rock o del heavy metal, o a la exageración del prog metal en cuanto a virtuosismo y velocidad.
Por cierto, están los espacios para los momentos calmos: he ahí «Blood on the Rooftops», con el inicial arranque de guitarra clásica de Hackett; o la delicadeza puesta en la combinación de piano y guitarra eléctricos entre el tecladista Tony Banks y el mismo Hackett en «One for the vine». Pero aquéllos son sólo un par de ejemplos de una producción que difícilmente aburre escuchada con atención.
Es cierto que se había ido el arcángel Gabriel, pero no se perdió la capacidad de asombrar en Steve Hackett, Tony Banks, Phil Collins y Mike Rutherford. Se puede decir que «Wind and Wuthering» está a medio camino entre «A trick of the tail» y «And then there were three».
La evidencia está en que «A trick of the Tail» es el puente entre el sonido más intrincado de la era gabrielana y el acercamiento al pop, mientras que «And then there were three» es el paso directo entre esa concesión al pop y el pop romántico próximo al estilo Collins.
Las variantes acústicas son las favoritas mías y de mi pequeña hija: pueden ser Víctor Jara o Silvio Rodríguez, pero también Emerson, Lake & Palmer o Rush.
Una de las cosas que más disfruto con mi pequeña hija, Rocío (quien cumplió 10 meses de vida), es compartir la música que me gusta con ella. ¿Cómo es eso? Muy simple: la pongo en la camita con la cabecita sobre una almohada y mirando al techo (ahora se sienta y se para, lo que es sin duda motivo de orgullo para cualquier papá o mamá), y mediante mi celular o mi tablet, pongo algún tema a través de Youtube.
Antes me bastaba con poner «guitarra clásica», pero he ido variando según motivaciones y circunstancias. Por ejemplo, puse en alguna oportunidad la «Sinfonía de los juguetes» de Leopold Mozart, la Pastoral de Beethoven (también conocida como la Sexta Sinfonía) o el Cuarto Movimiento de la Novena Sinfonía del mismo autor.
Ahora nuestro repertorio habitual es una mezcla acústica o semi acústica de conocidos intérpretes del rock, de la Nueva Canción Chilena, del Canto Nuevo o de la Nueva Trova Cubana. Podemos hablar de música para bebés, pero en otras categorías.
Y ha funcionado: se nota un sentimiento de felicidad muy especial, el que ha sido engalanado por ella mediante alguna sonrisa o algún ademán parecido a estar tocando la guitarra. Sin duda, yo también contribuyo a ese sentir haciendo morisquetas y gestos parecidos a estar tocando batería o guitarra.
En otro plano, al momento de los dulces sueños, escuchar música es tan eficaz como leer un cuento. Aprovecho de compartir mis listados de temas más regulares al respecto (no necesariamente escuchamos las versiones de los autores originales, sino que a veces interesantes covers):
MÚSICA EN CASTELLANO
«La partida» (Víctor Jara)
«Charagua» (Víctor Jara, versión en vivo de Inti Illimani)
«Y Nada más» (Silvio Rodríguez)
«Los Momentos» (Eduardo Gatti)
ROCK
«The Sage» (Emerson, Lake and Palmer)
«Still you turn me on» (Emerson, Lake and Palmer)
«Mood for a Day» (Yes)
«The Clap» (Yes)
«The Dusk» (Genesis)
«After the Ordeal» (Genesis)
«Harlequin» (Genesis)
«A Farewell-Broon’s Bane»
(Rush)
MÚSICA SELECTA
«Sinfonía de los Juguetes» (Leopold Mozart)
Dueto de Papageno y Papagena («La Flauta Mágica» de Wolfgang Amadeus Mozart)
El clásico tema de Genesis es una especie de sello distinguible del gran guitarrista británico.
Dentro de lo que se entiende como rock progresivo, traducido en la sensación orquestal y meticulosamente elaborada del rock en comparación a la mayor simpleza del rock and roll, la guitarra ha sido, al menos para mí, una pieza tan clave y distinguible como los sintetizadores.
Desde ese punto de vista, la capacidad de guitarristas como Steve Hackett, Steve Howe, Steve Rothery o David Gilmour de ejecutar sus instrumentos me generan una sensación volátil altamente agradable, algunas veces ligera y otras veces envolvente, que proporcionan también con alta intensidad las teclas. En ambos casos el denominador común es la elegancia.
Por tal motivo, elegí una interpretación de Steve Hackett, el ex guitarrista de Genesis, en el marco de una presentación en París inmortalizada en el álbum en vivo «Seconds Out» (1977) de la mítica banda británica, por dos particularidades:
1-Se trata del clásico «Firth of Fifth», tema en el que Hackett se luce con los clásicos punteos, que a veces dialogan con las baterías de Chester Thompson y Phil Collins y, en un momento dado, pasan a segundo plano para ceder el paso a las teclas de Tony Banks en el lucimiento musical.
2-Esa parte es resaltada en la película «Genesis: A History» (1990) acerca de la historia de la mítica banda británica, donde figura junto a otros regularmente recordados registros del guitarrista, como los de los temas «The Musical Box» o «The Fountain of Salmacis».
Y los motivos no son menores: es realmente representativa de la belleza de la música de Genesis y, en particular, de los indudables atributos de Steve Hackett como guitarrista.
A propósito del reciente y renovado interés por estas grabaciones de audio, recordé con cariño algunas joyitas de la música popular.
Hace algunos días tuvo amplia difusión una gran feria del vinilo. Sin duda un buen panorama para quienes son coleccionistas y una gran oportunidad para darle mayor visibilidad a un mercado que resucita, aunque no para vender necesariamente millones de long plays (como ocurría hasta entradita la década del 80 en los grandes mercados), sino para satisfacer la demanda que involucra la pureza del sonido de las grabaciones de los discos originales, las hermosas y coloridas cubiertas, la generosa información alusiva y, sin duda, la nostalgia.
Es cierto que hay copias nuevas, fidedignas a las originales (como dirían por allí en forma rimbombante), pero eso no necesariamente le quita fuerza a los referidos atractivos de un evento. Si el tema en sí mismo generó un interés importante, ya eso lo transformó en un hecho insoslayablemente destacable. De hecho, en el mall de una populosa comuna también vi un espacio dedicado al vinilo.
Por añadidura, durante años ha sobrevivido alguna clase de comercio restringido dedicado al vinilo, al estilo de los negocios de antigüedades. En efecto, se me viene a la mente un local que está casi en la entrada norte de San Diego.
No me interesé por ir. Curiosamente tampoco siento mucha pasión por el tema. Más allá del precio de algunos elepés (hasta 90 mil pesos), tampoco éste es el factor que me hizo desistir de acudir a esa feria. Lo cierto es que estoy pasando una etapa (mi más reciente paternidad) en que los discos long plays simplemente son un tópico secundario.
Sin embargo, el acontecimiento en sí mismo me recordó la gran colección de discos que tenían mis padres y mis hermanos, la que contempla los más diversos géneros y artistas.
Nostalgia pura
Dicen que en tiempos de la Nueva Ola Chilena se vendieron millones de long plays sólo en Chile. Luis Dimas se jactó de vender un millón de discos en su mejor momento. Lucho Gatica no vendió tantos ejemplares en nuestro país, pero no tengo dudas que vendió bastante más en el extranjero que el “Pollo” Fuentes, Luis Dimas y Los Prisioneros. Sospecho que lo mismo debe haber ocurrido con Antonio Prieto y Los Ángeles Negros.
Genesis «Duke» Coveralia.com
Mi mamá me dijo una vez que en tiempos de la Unidad Popular se vendían long plays y libros como pan caliente. La cultura estaba al alcance de la mano, como bien señaló con convicción el recordado dirigente comunista Luis Corvalán en su libro “El Gobierno de Salvador Allende”.
Recuerdo con cariño unos de Astor Piazzolla, que mi madre escuchaba sobre todo para disfrutar “Balada para un loco”, tanto como cuando escuchaba a las notables Mercedes Sosa y Edith Piaff.
En las postrimerías del siglo XX recuerdo que mi padre junto a un tío llamado Abel disfrutaba viendo el estado de los viejos registros de tango; entre éstos, algunos de Piazzolla.
Uno de mis hermanos mantenía una colección de álbumes de la Nueva Canción Chilena: Quilapayún, Víctor Jara e Inti Illimani sobresalían claramente. Me llamaba mucho la atención que, por entonces, se grabaran hasta bandas sonoras de obras de teatro. ¡Impresionante!
Los rockeros
Mi hermana alucinaba con el clásico de Peter Frampton, “Frampton Comes Alive”. Recuerdo puntualmente “Do you feel like we do”, que al escucharlo hoy automáticamente me transporta a algún verano juguetón de 1977 ó 1978, vestido de pantalón corto y juntando tierra con agua, uno de mis “deportes” favoritos por entonces. Era niño. Mi hermana y mi hermano mayores eran adolescentes. Mi otro hermano era casi adolescente.
Por último, cómo olvidarme de los elepés de rock, los favoritos de mi hermano mayor: alucinaba con las figuras de los discos de Genesis. Me llamaban la atención la diferencia entre la tapa de “Nursery Cryme” (una especie de obra de arte mezcla de psicodelia con barroco) y la de “Duke” (una caricatura de un gordo que mira por la ventana el horizonte y da la espalda a quien mira).
Una década más tarde comprendí el por qué de esa diferencia: 9 años y dos estilos muy distintos. En cuanto a los de Kiss, siempre me llamaron la atención los maquillajes. También había uno de Rush (el primer disco en vivo) y otro de Yes (“Yesshows”)…
…En fin (ya casi no me queda suspiro), ¡qué época!
El clásico tema de Genesis, un éxito que permitió aumentar las ventas de su álbum «Selling England by the pound» de 1973, refleja la gran originalidad de las letras de la banda inglesa.
Existe, entre la numerosa bibliografía sobre Genesis, una publicación de la editorial argentina Distal, de 1993, titulada simplemente «Genesis 1969-1975», la cual se distingue por un breve resumen de la historia del legendario grupo de rock británico en el lapso mencionado más el generoso añadido de los títulos de los álbumes del período y de sus canciones, y las letras en inglés y en español de prácticamente la totalidad de los temas que forman parte de los long plays de esos seis años, incluyendo las del emblemático «The lamb lies down on Broadway» de 1974.
El ejercicio de leerlas es tan interesante como llamativo porque, mayoritariamente, no se trata de los típico relatos y estructuras de canciones pop, donde los lugares comunes, los conceptos universales en torno al amor de pareja y, por cierto, las frivolidades, copan los espacios de la música y llaman a acaparar los rankings con estribillos archipegadizos.
Por tal motivo, en la citada publicación elegí un sólo tema para referirme a las letras de Genesis: probablemente el primero con espíritu de hit de la agrupación inglesa integrada (tal como en el orden de la foto de arriba y de izquierda a derecha) por Phil Collins, Steve Hackett, Tony Banks, Mike Rutherford y Peter Gabriel: «I know what a like (In your wardrobe)», algo así como «Yo sé lo que me gusta (en tu armario)». La canción pertenece al álbum «Selling England by the pound» de 1973.
Antes de meterme de lleno en el vistazo a la letra, al respecto detallaré algunos párrafos de la historia del Genesis gabrielano relatada en un especial sobre el grupo, publicado por la revista «Leyendas» de la editorial argentina Magendra, más o menos en la misma época del texto aludido anteriormente:
Exhibición de pinturas: «The Dream»
«Por primera vez en la historia de Genesis, un simple, «I know what a Like», extraído de «Selling…» logró entrar a los rankings de disco simples, alcanzando el puesto número 19, y ayudó a vender el álbum con mayor rapidez en toda Europa».
Genesis Revista Leyendas
«Banks, el responsable de la música de «I know what a like», supo desde un principio que este tema tenía todo lo indispensable para convertirse en un éxito rotundo. Esta seguridad por parte del músico quedó más que confirmada luego que Peter Gabriel escribió para dicha composición. La inspiración literaria le llegó a Gabriel luego de visitar una exhibición de pinturas llamada «The Dream» a cargo de una mujer de nombre Betty Swanwick. Sus maravillosos e imaginativos versos «Yo soy un simple cortador de césped/ podés reconocerme por mi forma de caminar», obligaron a Swanwick a agregar un cortador de césped en la parte frontal de su obra cuando la rehizo, a pedido de la banda, para la portada del álbum».
Siempre me llamaron la atención las partes recitadas de «I know what I like». La aludida en el párrafo anterior corresponde al último verso del tema, con un Gabriel reposado, aunque igualmente histriónico, que dice: «When the sun beats down and I lie on the bench/ I can always hear them talk/ Me, I’m just a lawnmower/You can tell me by the way I walk (cuando el sol pega fuerte y me estiro en el banco siempre les oigo hablar. Yo, sólo soy un cortacésped. Puedes reconocerme por mi manera de andar)».
El inicio tiene un espíritu casi similar en su totalidad: «It’s one o’clock and time for lunch, pamdidambidam/When the sun beats down and I lie on the bench/I can always hear them talk (ya es la una, la hora de almorzar, pamdidambidam. Cuando el sol pega fuerte y me estiro en el banco siempre les oigo hablar)».
Y luego comienza la parte cantada: «There’s always been Ethel; Jacob, wake up! You’ve got to tidy your room now»/ And then Mister Lewis: / «Isn’t it time that he was out on his own?/ Over the garden wall, two little lovebirds/ Cuckoo to you! /Keep them moving sharp…(siempre está Ethel: «¡Despierta, Jacob!, tienes que arreglar tu habitación». Y después el señor Lewis: «¿No es ya hora de que se las arregle solo?» Sobre el muro del jardín dos periquitos te hacen cucú. Déjalos con sus bromas pesadas)».
Peter Gabriel Revista Leyendas
Enseguida irrumpe el estribillo: «I know what a like and I like what I know/Getting better in your wardrobe/Stepping one beyond your show, your show (yo sé lo que me gusta, y me gusta lo que sé. Me siento mejor en tu armario. Un paso más allá de tu show, tu show)».Por cierto hay algo más.
La parte restante de la letra es así, previa al estribillo: «Sunday night, Mr. Farmer called, said:/»Listen son, you´re wasting time/There´s future for you in the fire escape trade/Come up to town!»/But I remembered a voice from the past;/»Gambling only pays when you´re winning»/-I had to thank old a Miss Mort for schooling a failure/Keep the mowing sharp…(el domingo por la noche me llamó el señor Farmer, me dijo: «escucha, hijo, estás perdiendo el tiempo. Tu futuro está como empleado en la salida de emergencia. Ven a la ciudad». Pero entonces recordé una voz del pasado: «Jugar es sólo provechoso cuando ganas». Tuve que dar las gracias a la vieja Mort por enseñarle a un fracasado. Déjalos con sus bromas pesadas)».
La canción narra la vida simple, sin ambiciones y feliz de un joven guardabosques que se gana la vida cortando el pasto con su máquina.
Extravagante, extraña y curiosa es la letra de este juguetón tema, donde la guitarra de Hackett simula el sonido de una cortadora de pasto, Mike Rutherford toca un sitar eléctrico además del bajo, Banks adorna la gama de sonidos con los teclados y Collins se luce en la batería con un ritmo pop, al que se añaden a atractivas percusiones.
Dicho de otro modo, aquel sonido opera como el complemento para el gran histrionismo de Gabriel, que era posible apreciar incluso de manera mucho más dinámica en vivo por aquel entonces.
Las lecturas que pueden hacerse de la canción pueden ser igualmente extravagantes y curiosas, lo que avala una vez más el rico universo genesiano.