
Por Gonzalo Figueroa Cea
19 de febrero de 2008
EL ROBUSTO SEÑOR ROCK
Genesis es una tremenda banda de rock progresivo y una de las que mejor representa el espíritu de este estilo en su época de oro, período que tuvo lugar entre fines de los años 60 y mediados de los años 70 de la centuria pasada, donde agrupaciones como Pink Floyd, Yes, Emerson Lake and Palmer, Jethro Tull y King Crimson, por nombrar a las más representativas de dicha corriente, gobernaron los aires más innovadores de la música popular .
Así como ocurrió con los Beatles y en menor proporción con bandas como los Rolling Stones o Cream en buena parte de la década del 60, al final de aquel decenio Gran Bretaña una vez más se lució con potentes agrupaciones, que con audacia impusieron su sello y crearon escuela.
Justamente elegí «Foxtrot», el cuarto álbum de Genesis, editado en 1972, porque de alguna manera resume los atributos del rock progresivo, enfatizados en una sola pregunta: ¿por qué un rock notoriamente más elaborado que el tradicional y más comercial puede ser tanto o más atrayente que éste?…
Vamos por parte: «Foxtrot» contiene un estupendo viaje por el espacio en los ojos de un alien («Watcher of the skies»), un tema de veintitantos minutos que equivale a una auténtica exposición de cuadros musicales («Supper’s Ready»), un breve pero digno lapso para una guitarra clásica, ideal de la mejor y más romántica puesta de sol («Horizons»); potencia pura, variedad y misterio («Get’ em out by Friday»), la delicadeza del sonido («Time Tible») y una síntesis de los atributos aludidos («Can- Utility and the Coastliners»).
Hay espacio para el lucimiento de todos los músicos: Mike Rutherford aportando con fiereza su bajo en la base rítmica de «Watcher of the Skies» y «Get’ em out by Friday»; Tony Banks demostrando su destreza en los sintetizadores en este último tema y, en mayor proporción, en «Can-Utility and the Coastliners» y «Suppers Ready»; Steve Hackett hace lo propio en varios temas pero fundamentalmente en la romántica «Horizons», donde la guitarra dialoga consigo misma en altos y bajos, aunque también en agudos y graves -¡¡notable!!-; y Peter Gabriel, quien con histrionismo domina con su voz y, a veces, con la interpretación de su flauta traversa cada pasaje narrado (musicalmente, claro está) del disco…
En síntesis, un álbum sencillamente imprescindible.