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  • Maradona: demasiado terrenal para ser Dios, pero sí el Dios del planeta Fútbol

    https://www.lavoz.com.ar/deportes/

    Escrito el 27 de noviembre de 2020

    Por Gonzalo Figueroa Cea

    Decir que la muerte de Diego Armando Maradona me provocó un shock sonará razonablemente exagerado. Pero no hablo de shock en el sentido de fondo de la palabra, sino que como perplejidad instantánea como consecuencia inmediata de conocer la noticia -inesperada (aunque no tanto)- en un momento de alta concentración laboral.

    En efecto, mis dedos danzaban velozmente por las teclas de mi notebook,durante las primeras horas de la jornada del miércoles 25, cuando sentí unos tres sonidos de Whatsapp sospechosamente muy seguidos. Revisé el móvil y descubrí que un amigo había compartido en un grupo un gif del famoso segundo gol de Argentina a Inglaterra durante el mundial de México 86.

    Una maravilla por donde se le mire y para muchísima gente el mejor gol de todos los tiempos. Un «gol de la puta madre» pero también una «oda al fútbol» para un distinguible compatriota de Diego, Fito Páez…Y para mí también. Pensé que era un homenaje sencillo, pero después me fijé que mi amigo añadió que Maradona había fallecido (complementó la información con «barrilete cósmico»).

    No me detendré en los claros y oscuros de un tipo que, en tanto persona, estuvo muy lejos de ser lo que quisiera ver reflejados en cuanto a ciertos valores en mis hijas para la adultez (quizás él tampoco lo pensó para sí con sus hijos). Insisto: no me detendré en eso y menos en hechos de violencia asociados a su funeral, pero sí en el futbolista que admiro.

    Y ese aspecto es el que me interesa subrayar: Maradona fue el tipo que llevo el barrio al fútbol (incluso graficado en esa cosa tan detestable como la trampa) pero fundamentalmente entendido este concepto como un juego intenso, de llenar la vista de espectáculo, de tensión, de motivación y aleonamiento permanente para sus compañeros, donde la formalidad ultramaqueteada del profesionalismo de las grandes ligas y justas internacionales era superada por la fuerza, la garra y el corazón para ir por el triunfo, pero donde además era posible que se impusiera cierta irreverencia para enfrentarse a los altos poderes del «deporte rey» a nivel mundial (eso puede interpretarse también como una actitud desafiante ante todos los poderes).

    El maestro Eduardo Galeano (QEPD) y el periodista argentino Jorge Lanata han resumido la personalidad de Maradona enfocados en los matices más claros y más oscuros del personaje. Respecto de estos últimos, el énfasis de repudio por actos nada admirables (droga y temas de violencia intrafamiliar) lo dejo bastante más en claro Lanata, a diferencia del recordado escritor uruguayo, quien al igual que el autor de estas líneas no ocultó su admiración por Diego.

    Los homenajes han plagado toda clase de redes, con verdaderos reportajes gráficos y audiovisuales, muchos de ellos al nivel de documental, provistos de narraciones, testimonios y goles. En cuanto a los debates sobre si es efectivamente el «mejor futbolista de todos los tiempos», las comparaciones con Pelé (un grande que está vivo y que enteró en octubre 80 años de edad) fueron, son y serán inevitables, pero no me extenderé en ello, no sólo porque no me agradan las comparaciones odiosas (sí las simpaticas) sino porque al mismo tiempo nos olvidamos de otros futbolistas excepcionales como Puskás, Yashin, Cruyff, Van Basten, Platini, Zidane, Garrincha, Zico, Ronaldo, Ronaldinho, Francescoli, Eusebio, Cristiano Ronaldo, Beckenbauer, Maldini, Elías Figueroa y los mismos compatriotas de Diego, Di Stéfano, José Manuel Moreno, Fillol y Messi, sólo por nombrar algunos de los más ilustres.

    Podría entrar en detalles en torno a los clubes que defendió con éxito y mucho: Argentinos Juniors, Boca Juniors, Barcelona de España y Napoli; de su querida selección Argentina y del mítico mundial del 86 con sus goles de gran factura ante los belgas y sus asistencias en la final contra los alemanes…Y mucho más.

    Sólo me resta resumir que rara vez quienes seguimos fútbol hemos visto jugadores tan superdotados, que no solamente son capaces de «echarse al equipo al hombro», sino hacer chiquitita la pelota vía caricias con borde interno, borde exteno, pecho, muslo, cabeza y sacarse de encima a los rivales a una velocidad endemoniada mediante amagues, fintas, desbordes, hacer verdaderos «actos de magia»: malabares, piruetas con el balón en los pies o en la cabeza, o sin él, y asistencias maravillosas. Maradona es claramente uno de esos elegidos.

    No dudo que Brown, Burruchaga y Valdano fueron extraordinarios jugadores, pero tampoco dudo que el gran Diego influyó enormemente en las patriadas de estos héroes que le dieron el segundo y último título mundial a Argentina en México 86.

    Para finalizar, sólo me resta emular al gran relator uruguayo Víctor Hugo Morales: gracias, Dios, por el fútbol, por Maradona, por estas lágrimas…

    Ver VÍDEO GOL MARADONA CON RELATO V. H. MORALES

  • “Signos”: acertijos bajo el agua

    Soda-Stereo
    Soda Stereo Taringa.net

    Por Gonzalo Figueroa Cea

    El tema que le da nombre al clásico disco de Soda Stereo de 1986 es una interesante forma de conocer las letras del líder de la banda, Gustavo Cerati.

    “No hay un modo, no hay un punto exacto, te doy todo y siempre guardo algo”. Así arranca “Signos”, la canción que da nombre al disco que Soda Stereo publicara en 1986, el tercero de su brillante carrera.

    Cuando la escucho no sólo resurgen con fuerzas mis ganas de disfrutar por enésima vez, completito, el álbum del ya legendario trío argentino, sino que además nuevamente se hace presente mi asombro: según lo que aparece en “Corazones en llamas” (libro de historias sobre el rock trasandino), el propio Gustavo Cerati confesó haber estado muy fatigado a pocas semanas de finalizar el long play y que, además, las letras las escribió sólo en una noche.

    “Pensé que moría”, señaló el guitarrista, creativo y líder indiscutido de la banda que también conformaban Carlos Ficcichia y Héctor Bosio (Charly Alberti y Zeta, respectivamente). Lo más curioso de todo es que Cerati no sólo ha sobrevivido 28 años más, sino que hoy es una leyenda viviente, pese al coma en el que se mantiene hace 4 años, producto de un accidente cerebrovascular. Este lunes 11 cumplió 55 años de edad.

    También recuerdo que una joven fanática de Soda Stereo destacó, en las cartas al lector de una edición de 1987 de la fugaz pero exitosa minirevista chilena “Súper Rock”, que le gustaban mucho las letras de Cerati por lo abstractas. También recuerdo que, por ese entonces, Claudio Narea, guitarrista de Los Prisioneros, reconocía que no le agradaban las letras de Soda Stereo, en el sentido que ellos no podían hacer “estupideces como cantarles a las telarañas o cosas así”.

    Lo cierto es que a mi atraía Soda Stereo. Las letras de Cerati, además, tenían algo particular. Una vez en la revista “La Bicicleta”, por ahí por el mismo año, resaltaban la genialidad del músico en un análisis de sus letras. En la publicación cultural chilena, una de las más populares en tiempos de la dictadura, se señalaba que el argentino tenía la virtud de ser “enfermantemente bueno” en todo lo que hacía: música, letras, ejecutar la guitarra, y cantar.

    Soda Stereo Taringa.net
    Soda Stereo
    Taringa.net

    No está demás resaltar que el disco “Signos” pertenece a una época de expansión del rock sudamericano, sobre todo del argentino, en los mercados internacionales. Al respecto, Soda Stereo fue la agrupación trasandina “punta de lanza” no sólo en lo que se refiere a conquistas de nuevas fronteras, sino que por ser el mayor referente histórico de una época que vio despegar internacionalmente a Charly García, Fito Páez y bandas como Los Enanitos Verdes, Virus, G.I.T. y Miguel Mateos y Zas, marcando un camino interesante para los futuros exponentes de entonces.

    Figuras sin definir
    “Signos, mi parte insegura, bajo una luna hostil, signos, ¡oh!”, cantaba Cerati en el estribillo de la canción. Quizás reflejaba cierta inseguridad o inestabilidad en el plano sentimental, pero no quisiera detenerme en eso y hacer un perfil psicológico del connotado artista.

    Esa cosa abstracta de las letras, con cierta dosis de perfeccionismo, fue el factor que me sedujo para escuchar y seguir escuchando a Soda Stereo. En una oportunidad leí que Cerati buscaba que las letras calzaran bien, que sonarán perfecto. En otras palabras, no sólo le interesaba el sentido de las letras (muy diferentes a los lugares comunes y obviedades de Ricardo Arjona, con todo el respeto que me merece el cantautor guatemalteco) sino la forma.

    He querido detenerme en “Signos” no sólo por la reposada forma musical del tema, su indudable atractivo y, por cierto, ser un clásico del rock latinoamericano, sino que por lo llamativo de sus letras.

    “Si estás oculta, ¿cómo sabré quién eres?, me amas a oscuras, duermes envuelta en redes” son los versos de la segunda estrofa. Cerati juega al misterio, como también lo hace su musa inspiradora, a quien ama sin verla en un lugar que no tiene por qué ser convencional.

    “Mar de fondo, no caeré en la trampa, llámame pronto, acertijos bajo el agua” canta Cerati tras el estribillo. En el mismo ámbito lejano a lo corriente, el creador intenta alejarse de los riesgos, de la caída libre, pero no sólo del amor, sino de los obstáculos que se interponen en la relación.

    “Si algo cedes, calmaré tu histeria, con los dientes, rasgaré tus medias” estructura la cuarta estrofa, donde la imaginación del compositor da rienda suelta a la parte más apasionada de la relación con su amante.

    Tras la nueva interpretación del estribillo, éste prosigue después pero cambia en su composición: “Signos, uniendo fisuras, figuras sin definir, signos, ¡oh!”. Como que Cerati observa que en el amor hay grietas, disputas, problemas o, simplemente, vacíos de comunicación.

  • Fito, Cerati y Charly: grandes en energía y sintonía

    Fito Páez
    Fito Páez
    gratismusica.org

    Ante el mar de alternativas audiovisuales que hoy nos ofrece Youtube, rescato un momento con estos tres grandes del rock argentino.

    Esa apabullante y gran herramienta llamada Youtube me ha permitido acceder a todo aquello que, en el ámbito de la música popular, vi lejano durante muchos años debido a que la tecnología no avanzaba tan vertiginosamente como ahora y desde hace algunos años ocurre.

    Fue en Youtube donde pillé un extracto, un momento, un legendario lapso en que un tridente destacado de músicos argentinos se lucía en un muy exclusivo lugar de Buenos Aires llamado Gran Rex.

    El responsable de subir el video respectivo (instalado abajito de este texto) puso como fecha del evento el 13 de noviembre de 1999. La secuencia dura tan sólo 17 minutos y medio, pero es una gran muestra de la energía y sintonía de Fito Páez, Gustavo Cerati y Charly García.

    “¡Gracias por venir!”

    Páez, García y Cerati siempre han ido por carriles distintos. Páez en su permanente búsqueda de la audacia musical, sus interesantes hallazgos y el mensaje irreverente y poético complementados con su agudeza vocal; García, quizás ya no tan prolífico como en los 70 y los 80, pero siempre extrovertido, gracioso, histriónico y, de alguna manera, siempre innovador; y, Cerati, alejado desde hace un par de años del grupo que lo llevó a la fama: Soda Stereo y con una carrera solista que ya había despegado por entonces y muy alto en materia de exploración de sonidos y metáforas.

    Cerati
    Gustavo Cerati
    fundacionkonex.com.ar

    La presentación de Fito al inicio revela esta sintonía y el sentido de admiración entre él y los otros dos superclase del rock argentino: “tenemos a uno de los músicos, a uno de los artistas más genuinos y legítimos del pop mundial. Es un honor presentar esta noche conmigo a Gustavo Cerati”, enfatiza el rosarino, a lo que siguen efusivos aplausos.

    “¡Aloja!” responde con entusiasmo y sonriente un agradecido Cerati, antes de arrancar con “Puente”, un tema de ritmo reposado al principio, donde la guitarra eléctrica comanda la música, muy en función del lucimiento vocal y su mensaje, y cuyo estribillo viene a dar la sensación de un clímax donde el ex guitarrista de Soda Stereo canta: “gracias por venir” junto a Fito.

    De pronto aparece Charly, con su clásico de 1984, “Cerca de la Revolución”. No obstante, no es Pablo Guyot quien lo acompaña en la guitarra principal, sino que Cerati; y, en las voces, Fito, como ocurriera 15 años antes, y el ex Soda acompañan al ex Sui Generis. Luego viene el añadido de los lucimientos de Gustavo, quien eleva a la altura de las nubes el sonido de su guitarra, y del propio García, quien toca el piano al más puro estilo Jerry Lee Lewis.

    Cierra la breve y energética secuencia “Ciudad de Pobres Corazones”, tema que da el nombre al mismo disco que publicara Páez en 1987. La interpretación es repartida casi en forma equitativa por los tres músicos aludidos en perfecta armonía con el resto de la banda. Todos, por cierto, partiendo por los líderes naturales, muy entusiastas, casi como poseídos.

    ¿Por qué recalco esto de expresar lo que siento por la música? 

    No soy músico: soy periodista. Pero soy un convencido de que una cosa no me invalida para opinar sobre la otra. Claro: desde un punto de vista técnico, apenas sé un puñado de notas de guitarra y, en un teclado de juguete (evidentemente más propio para el uso de mi pequeña hija), soy capaz de sacar la melodía característica de “la Novicia Rebelde”, que no es tan complicada. Por lo tanto, difícilmente podré referirme a aspectos técnicos de la música.

    Charly
    Charly García
    abrocomillas.com.ar

    Sin embargo, la música es un vehículo de emociones y, desde ese punto de vista, puedo manifestarlas, como lo he hecho varias veces sin pretender de dármelas de crítico musical. Tampoco he pretendido (valga la redundancia) hacer diferenciaciones a la altura de un licenciado en arte o un experto en estética acerca de qué es una percepción o qué es una sensación.

    Pero a lo mejor un día lo hago y, francamente, creo que sería un bonito homenaje al recordado músico Luis Advis, de quien tuve el privilegio de ser su alumno en mis tiempos de estudiante de periodismo de la Universidad Bolivariana.

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