
Me remeció la partida del gran bajista, cantante y guitarrista de Emerson, Lake And Palmer. Cuando escucho «The Sage», por ejemplo, siento el hechizo de la dulzura de la guitarra y una voz que seduce.
Greg Lake murió hace sólo un par de días. Tenía 69 años de edad. Cuando grabó uno de los temas que más me llegan de Emerson, Lake and Palmer, debe haber tenido unos 24: «The Sage». Hay dos versiones oficiales de este canción, ambas parte de la producción del mismo nombre: «Pictures at an exhibition» (1971), inspirada en la obra del compositor ruso Modest Mussorgsky. Claro: ELP tocó allí en vivo pero hay una versión en película y otra en audio.
El disco me fascina por completo, así como mucho de lo que hizo el power trío británico que completaban Keith Emerson (teclados) y Carl Palmer (batería), pero el citado tema, de reminiscencias medievales con guitarra clásica española, tiene a Lake de protagonista. En el mismo video y en el audio se nota que toca con mucho sentimiento. Puede sonar sumamente simplista, pero así es y así lo siento.
¿Con cuál de los dos «The Sage» me quedó? Con los dos, aunque si de favoritismo se trata prefiero la sutileza de la versión en audio por los sonidos más agudos de la guitarra: parte de ese todo musical que cala hondo por su hermosura, con un cantante en la plenitud de su talento.
Otros temas donde Lake es claro protagonista y deja su instrumento principal, el bajo, en segundo plano, son «Still you turn me on» y «Lucky man», los que cuentan con distintas versiones compartidas en Internet.
Grandes recuerdos, canciones inolvidables, pura piel, pura belleza. En el cielo, Keith debe estar acompañándolo en las teclas en este momento.
¡Gracias, Greg!
El power trío británico fue protagonista del primer recital que pude ver en el Estadio Chile. Fue a fines de marzo de 1993.
Me instalé en la galería norte. Esperé alrededor de una hora y quedé fascinado una vez sumergido en el hechizo de virtuosismo, fuerza y colorido escenográfico propuestos por el tecladista Emerson, el bajista y cantante Lake y, el baterista, Carl Palmer, provisto éste de un gong y baquetas especiales, especiales (valga la redundancia) para ciertos sonidos más envolventes y profundos.