
Recuerdo una polémica bien absurda y hasta ridícula de hacia fines de 1990. Da la casualidad que fue la época de mi último año de enseñanza media y tuvo lugar una cosa algo psicótica en torno a los mensajes subliminales de algunas canciones de música popular, algo motivado por los medios informativos y que se propagó a parte importante de la audiencia, al menos en Chile.
Creo personalmente que el tema no daba para mucho, pero se trasladó al colegio y hasta hubo en mi curso, un día X en hora de clases, una interesante disertación de una compañera al respecto. En la oportunidad, ella mostró un vídeo de cinta VHS donde se incluía la música de «Hotel California» del grupo estadounidense de rock, Eagles, canción referida en el mismo filme como «satánica». Yo estaba por cumplir 19 años de edad.
Francamente si hubiese tenido 46 (la edad que tengo hoy) habría propuesto a los muchachos y muchachas del entonces Cuarto A del liceo 11 de Las Condes analizar la canción «Take it easy» o el concepto detrás del disco «Desperado» («forajido»), uno de los primeros de Eagles.
Por último les hubiese hablado del trasfondo del mismísimo «Hotel California», cuyas metáforas se refieren, según Don Henley, a ciertas contradicciones vitales y traumas de la cultura o historia de su país en la década precedente al lanzamiento del álbum respectivo (1976). En lo concreto algo más elevado que hablar de las drogas o del infierno, a pesar de la mención de la «bestia» (que en lo terrenal representa algo más poderoso que la caricatura del diablo).
Curiosidad por la música de Eagles
Con el curso de los años el tema me pudrió espiritualmente, al punto tal de sentir curiosidad por la música de Eagles, no por lo delirante de los mensajes satánicos, sino por el hecho de darme cuenta poco a poco que la agrupación californiana, además de ser la más popular de Estados Unidos en términos de ventas, ES un gran conjunto de rock.
En un conocido portal de Internet de películas a pago descubrí hace un tiempito (o, quizás, pasó algo que me hizo refrescar la memoria) «History of the Eagles», largometraje de tres horas dirigido por Alison Ellwood y lanzado a principios de 2013 acerca del conjunto que lideraron Henley y el recordado Glenn Frey.
Al verlo entero, me volvió al cuerpo el espíritu de enorme curiosidad que ha transformado al grupo formado en Los Ángeles en una de mis agrupaciones favoritas de Estados Unidos junto a The Byrds, Kansas, Chicago, Toto y Aerosmith, entre otras.
Hay dos aspectos que me llamaron de sobremanera la atención de la película: uno, el talento de los diversos músicos que pasaron por Eagles, además de los ya citados. Se trata de Bernie Leadon, Vince Gill, Randy Meisner, Don Felder, Joe Walsh y Timothy B. Schmit. Y dos, la gran capacidad de rearme de la banda tras sortear diversas crisis. Lo último no es poco decir, después de haber estado nueve años en actividad y haberse juntado en 1994 tras 14 años sin pisar un escenario como grupo y con un éxito de taquilla y de recepción crítica tan distinguible como el que tuvo en los años 70. En 1998, además, ingresaron al Salón de la Fama del Rock and Roll.
La presencia de hasta tres guitarristas motivó comparaciones con The Byrds y Crosby, Still, Nask and Young, aunque el grupo varió su estilo con los años desde el folk, el country and western y el bluegrass hasta el hard rock. Evidentemente los característicos problemas internos de las bandas de rock, generados por diferencias en torno a predilecciones y formas de tocar, no se hicieron esperar muchos años. En efecto, Meisner se transformó en el primer desencantado.
No obstante, este tipo de crisis no fueron exclusivas. En el mismo plano interno, los supuestamente amigos Frey y Felder casi se fueron a las manos en un recital de las postrimerías del primer ciclo de oro del conjunto. Meisner y Felder deseaban más protagonismo en las composiciones de éste, prácticamente monopolizadas en cuanto a autorías por Henley y el mismo Glenn.
El problema de alcoholismo de Joe también repercutió muy negativamente en ciertas circunstancias. El consumo de peyote y coca revela una época de la historia de la música, esencialmente en los 60 y los 70, de la que los músicos de rock difícilmente escapaban del consumo más que regular de drogas (no sé si las cosas han sido demasiado diferentes entre un tiempo y otro). Los Eagles («aguilas» en inglés) lo atribuyen a la juventud que tenían. Según Henley, quien negó tener gustos de esa naturaleza, el sentido de disciplina y de creciente profesionalismo les sirvió para sobrevivir, triunfar en la música y -tras negociaciones infructuosas, discos solistas, negativas de Frey y varios años- reagruparse nuevamente.
Tensión-distensión = impulso y solución
Tampoco fueron fáciles los vínculos con los sellos de la banda, Asylum y Geffen Records, sobre todo con el dueño de las discográficas, David Geffen. Al respecto, algunos dirán que en los negocios los ejecutivos suelen sacar la mejor parte. Muchas veces es así, con juicios o sin ellos.
Los temas políticos tampoco estuvieron ausentes: en efecto, el detonante de algunos conflictos fueron las distintas motivaciones de Don y Glenn en la ecuación «rock versus sensibilidades intelectuales». En el primero, la música representaba un todo. En el segundo, también pero con el agregado de una importante cercanía con el Partido Demócrata.
Sin embargo, mirando la parte medio llena del vaso, la determinante, duradera y virtuosa relación con el manager Irving Azoff y el apoyo de una serie de músicos que fueron fundamentales en el impulso y desarrollo de Eagles: Linda Ronstadt, Bob Seger, Kenny Rogers y Jackson Browne, por nombrar a los más famosos, fueron factores de evolución relevantes.
Párrafos atrás no quise poner «era» en lugar de «es», porque tengo la esperanza de que Eagles con Deacon Frey (el hijo del fallecido Glenn) pueda ser un gran eco de la legendaria banda estadounidense si asumen su legado.

