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  • Soda Stereo: «Ruido blanco», primer álbum en directo del power trío

    sodastereroruidoblancoYa lideraba el rock latinoamericano.

    Así como a comienzos de los años 80 The Police -tal como lo leí en la biografía que portaba un cancionero- se «comía el mundo» al brindar recitales en distintas partes del orbe ante audiencias de hasta 25 mil personas pero nunca inferiores a las 8 mil, se podía decir que en 1987 Soda Stereo se «comía» América Latina, aunque todavía no llegaran al «gigantismo» que admitió Gustavo Cerati casi pisando los años 90.

    En efecto, el power trío argentino liderado por el guitarrista y cantante fue el que llevó más lejos (y, evidentemente, supo llevar) la internacionalización del rock en castellano por todo el continente e , incluso, llegar al mercado de Estados Unidos.

    En efecto, por aquel yo entonces tenía 15 años y hacía un seguimiento (al menos, de prensa y radio) de todas las bandas nacionales y trasandinas que pegaban en ese momento. Recuerdo especialmente un titular de un diario donde se destacaba que en México Soda Stereo tenía tanta popularidad como el «Chavo del Ocho».

    También recuerdo que en la revista, casi de bolsillo y de corta vida, «Súper Rock», destacaban regularmente al trío (que completaban Héctor «Zeta» Bosio y Charly Alberti) como la banda líder del rock latinoamericano o «pop latinoamericano».

    «Ruido blanco»

    Ese año Soda Stereo lanza su cuarto álbum, el primero en directo, que se llamó «Ruido Blanco» (nombre alusivo a la letra de «Prófugos»). Aunque Cerati resaltaba en esa época que grabaron porque estaban sonando mejor en vivo, trascendió con posterioridad que les tocó actuar mayoritariamente en recintos con equipos de mala calidad, lo que llevó a comprimir bastante el generoso material disponible en una selección que, tras la respectiva mezcla hecha en Barbados, quedó con un sonido bastante agradable de escuchar.

    Llaman la atención en «Ruido Blanco» versiones de temas diferentes a las de los originales (hasta esa fecha Soda había publicado su disco homónimo, «Nada Personal» y «Signos»). De hecho el inicio del largaduración revela una atmósfera digna de encuentro íntimo. Es la que corresponde a la canción «Signos»: sin duda, queda expuesto allí el talento del tecladista Daniel Sais.

    No obstante, mi tema regalón es «Sobredosis de TV», donde Cerati hace sobresalir su guitarra energéticamente mediante una melodía cuyo efecto da cuenta del potencial del líder del trío como instrumentista. El atributo particular de darle variantes a las canciones en vivo diferentes en comparación a cómo se escuchan en los discos de estudio, se va repitiendo en el resto del repertorio elegido en «Ruido Blanco».

    La invitación a bailar que emula el inicio de piano eléctrico de Sais en el comienzo de «Persiana Americana» es otra muestra del factor sorpresa, que en aquel momento ya hacía sobresalir a la banda originaria de Buenos Aires. Algo similar ocurre con «Prófugos». El resto de los temas tampoco destiñe: «Juego de Seducción», «Estoy azulado», «Final caja negra», «Cuando pase el temblor» y «Vita-set» (mix de «Te hacen falta vitaminas» y «¿Por qué no puedo ser del jet set?»).

    Cabe resaltar la colaboración de The Supremes. el grupo vocal femenino que lanzó a la fama a Diana Ross y que, por ese entonces, integraban Mónica Green, Melba Houston y Anita Robinson. También se destaca la sección de vientos conformada por Rodrigo Barboza, en trombón; José Vera, en saxo tenor; Ramón Carranza, en saxo; y Gustavo Aranguren, en trompeta. 

    Las canciones que forman parte de «Ruido Blanco» fueron grabadas en Argentina, Chile, Perú, Venezuela y México.  Hay un documental con el mismo nombre de este álbum, el cual fue dirigido por Alfredo Lois.

     

  • Soda Stereo y su homónimo: un álbum menospreciado por Cerati, pero…

    sodasoda1984El debut del trío, que completaban Héctor «Zeta» Bosio y Charly Alberti, fue un energético impulso en una época de definiciones del rock argentino.

    En mi cumpleaños 15, en 1986, recibí dos regalos que, tal como solían decir algunos rock stars argentinos de entonces cuando había algún acontecimiento que los «revolucionó», fueron como un «shock» para mí (por cierto, en el sentido positivo de la palabra): uno era el caset del primer álbum de Los Prisioneros, «La Voz de los 80»; y el otro, era igualmente una cinta pero de la primera producción de Soda Stereo, su álbum homónimo. Cabe resaltar que ambos discos eran de dos años antes: 1984.

    El aludido largaduración debut del trío nacional da, por sí solo, para un artículo aparte. El de la banda argentina cumple con el mismo requisito, pero es el elegido para ocupar las referencias de estas líneas.

    Gustavo Cerati dijo en alguna ocasión que cuando escuchaba aquel disco en los tiempos en que ya la masividad los había consagrado, solía decirse, casi sin anestesia y con un sentido autocrítico bastante llamativo, «¿cómo pude hacer esta porquería?».

    A mí el disco me encantó y me sigue encantando: da la casualidad que, con el paso natural del tiempo y cierta insufrible tendencia a la saturación radial, los temas más taquilleros pueden efectivamente llegar a sonar insípidos, pero cuando escuchó «¿Por qué no puedo ser del jet set?», «Sobredosis de TV», «Te hacen falta vitaminas» y «Tele-Ka», si bien no me deslumbran como en 1986, me inyectan buena vibra y hasta los bailo.

    Influencias y …algo más

    «Trátame suavemente» original de Daniel Melero, amigo de Cerati, es un temazo -no lo dudo- pero nunca fue una pieza que me generase algo más especial que tan sólo escucharlo con respeto. ¿Mis canciones regalonas? (dentro de un gran álbum): «Dietético», «Afrodisíacos», «Ni un segundo», «Un misil en mi placard» y «El Tiempo es dinero» lo son. Me entretengo mucho escuchándolas.

    La guitarra, el bajo y la batería suenan como cristalinos, transparentes, demasiado fáciles de escuchar, nada difíciles de cachar y, por cierto, eso hace que este primer disco de Soda Stereo entre en la categoría de aquellas producciones que generan un relajo total al poner el oído, algo que aunque no amerita esfuerzo es igualmente digno e interesante de hacer.

    En cierto sentido me ocurre algo similar con la primera producción de G.I.T. (conocida en Chile como «Acaba de Nacer»), que casualmente es del mismo año del largaduración debut de Soda: 1984.

    ¿Por qué se da esta particularidad? The Police, casualmente en el año en que hizo la parte final de la gira de su último álbum, era el grupo referente que reinaba en Sudamérica en materia de rock y, sobre todo, de aquel más suave, llamado abiertamente pop y destinado a dominar en las discotheques. Pero también influía el punk, el post punk, los New Romantic y la New Wave. Se podía decir que ahí estaba la mano de Federico Moura, productor del debut de Soda y líder de Virus.

    Por lo tanto el trío liderado por Sting podía tener influencia en Argentina y en el resto de América Latina como la podía tener The Cure o Duran Duran, por ejemplo. Lo cierto es que los británicos eran como una suerte de espejo.

    «¿Mi novia tiene Bíceps?» Quizás un guiño a ese divertimento con un poema recitado por Andy Summers, «Be my girl-Sally» de «Oulandos D’ Amour» (primer largaduración de Police, en 1978).

  • “Signos”: acertijos bajo el agua

    Soda-Stereo
    Soda Stereo Taringa.net

    Por Gonzalo Figueroa Cea

    El tema que le da nombre al clásico disco de Soda Stereo de 1986 es una interesante forma de conocer las letras del líder de la banda, Gustavo Cerati.

    “No hay un modo, no hay un punto exacto, te doy todo y siempre guardo algo”. Así arranca “Signos”, la canción que da nombre al disco que Soda Stereo publicara en 1986, el tercero de su brillante carrera.

    Cuando la escucho no sólo resurgen con fuerzas mis ganas de disfrutar por enésima vez, completito, el álbum del ya legendario trío argentino, sino que además nuevamente se hace presente mi asombro: según lo que aparece en “Corazones en llamas” (libro de historias sobre el rock trasandino), el propio Gustavo Cerati confesó haber estado muy fatigado a pocas semanas de finalizar el long play y que, además, las letras las escribió sólo en una noche.

    “Pensé que moría”, señaló el guitarrista, creativo y líder indiscutido de la banda que también conformaban Carlos Ficcichia y Héctor Bosio (Charly Alberti y Zeta, respectivamente). Lo más curioso de todo es que Cerati no sólo ha sobrevivido 28 años más, sino que hoy es una leyenda viviente, pese al coma en el que se mantiene hace 4 años, producto de un accidente cerebrovascular. Este lunes 11 cumplió 55 años de edad.

    También recuerdo que una joven fanática de Soda Stereo destacó, en las cartas al lector de una edición de 1987 de la fugaz pero exitosa minirevista chilena “Súper Rock”, que le gustaban mucho las letras de Cerati por lo abstractas. También recuerdo que, por ese entonces, Claudio Narea, guitarrista de Los Prisioneros, reconocía que no le agradaban las letras de Soda Stereo, en el sentido que ellos no podían hacer “estupideces como cantarles a las telarañas o cosas así”.

    Lo cierto es que a mi atraía Soda Stereo. Las letras de Cerati, además, tenían algo particular. Una vez en la revista “La Bicicleta”, por ahí por el mismo año, resaltaban la genialidad del músico en un análisis de sus letras. En la publicación cultural chilena, una de las más populares en tiempos de la dictadura, se señalaba que el argentino tenía la virtud de ser “enfermantemente bueno” en todo lo que hacía: música, letras, ejecutar la guitarra, y cantar.

    Soda Stereo Taringa.net
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    No está demás resaltar que el disco “Signos” pertenece a una época de expansión del rock sudamericano, sobre todo del argentino, en los mercados internacionales. Al respecto, Soda Stereo fue la agrupación trasandina “punta de lanza” no sólo en lo que se refiere a conquistas de nuevas fronteras, sino que por ser el mayor referente histórico de una época que vio despegar internacionalmente a Charly García, Fito Páez y bandas como Los Enanitos Verdes, Virus, G.I.T. y Miguel Mateos y Zas, marcando un camino interesante para los futuros exponentes de entonces.

    Figuras sin definir
    “Signos, mi parte insegura, bajo una luna hostil, signos, ¡oh!”, cantaba Cerati en el estribillo de la canción. Quizás reflejaba cierta inseguridad o inestabilidad en el plano sentimental, pero no quisiera detenerme en eso y hacer un perfil psicológico del connotado artista.

    Esa cosa abstracta de las letras, con cierta dosis de perfeccionismo, fue el factor que me sedujo para escuchar y seguir escuchando a Soda Stereo. En una oportunidad leí que Cerati buscaba que las letras calzaran bien, que sonarán perfecto. En otras palabras, no sólo le interesaba el sentido de las letras (muy diferentes a los lugares comunes y obviedades de Ricardo Arjona, con todo el respeto que me merece el cantautor guatemalteco) sino la forma.

    He querido detenerme en “Signos” no sólo por la reposada forma musical del tema, su indudable atractivo y, por cierto, ser un clásico del rock latinoamericano, sino que por lo llamativo de sus letras.

    “Si estás oculta, ¿cómo sabré quién eres?, me amas a oscuras, duermes envuelta en redes” son los versos de la segunda estrofa. Cerati juega al misterio, como también lo hace su musa inspiradora, a quien ama sin verla en un lugar que no tiene por qué ser convencional.

    “Mar de fondo, no caeré en la trampa, llámame pronto, acertijos bajo el agua” canta Cerati tras el estribillo. En el mismo ámbito lejano a lo corriente, el creador intenta alejarse de los riesgos, de la caída libre, pero no sólo del amor, sino de los obstáculos que se interponen en la relación.

    “Si algo cedes, calmaré tu histeria, con los dientes, rasgaré tus medias” estructura la cuarta estrofa, donde la imaginación del compositor da rienda suelta a la parte más apasionada de la relación con su amante.

    Tras la nueva interpretación del estribillo, éste prosigue después pero cambia en su composición: “Signos, uniendo fisuras, figuras sin definir, signos, ¡oh!”. Como que Cerati observa que en el amor hay grietas, disputas, problemas o, simplemente, vacíos de comunicación.