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  • El viejo CD…¿o cidí?

    cidí.punto
    CD (sitio Fandom)

    A esta altura no importa cómo te denominen, pero por respeto a la historia, ¡no te olvidaremos!.

    Recuerdo 1991, tiempos en que la sede de mi universidad estaba en avenida Las Condes, detrasito del estadio Palestino y del Jumbo. Tiempos veinteañeros mío y de mis amistades frecuentes, de chascas algo abundantes y desordenadas, vestir algo descuidado y desprejuiciado (se agradecen, a veces, épocas así, sobre todo ante cierto «automatismo tan burgués o neoliberal») y de sueños algo vagos y difusos por momentos. Entre la casa de mis padres -donde yo vivía- y la residencia donde vivía un amigo que estudiaba sonido, no tardaba más de 22 minutos en trasladarme vía caminata. Era lo mismo que tardaba en ir a la universidad: en efecto la casa referida quedaba unos 100 metros antes de la universidad.

    La familiaridad no es casual y siempre se recuerda con cariño, sobre todo cuando nos referimos a los últimos vestigios de clase media en un sector del oriente de la capital al que hoy le queda muy poco de clase media…si es que le queda.

    En efecto, allí en la casa de mi amigo conocí los CD -o, asumiendo la validez de la castellanización, «cidí» o, simplemente, disco compacto-; es decir, los conocí 12 años después del primer ejemplar en el mundo (el objeto fue creado en 1979). Para mí y mucha gente eran toda una novedad en 1991, como lo eran los discos láser, el antecedente de los DVD.

    No es que mi amigo fuera millonario: juntaba sus luquitas vía trabajo e invertía en aquellas verdaderas joyitas de entonces. Él estudiaba sonido por entonces y su banda regalona era King Crimson. Entre sus solistas predilectos figuraban Robert Fripp (guitarrista de los Crimson), y Brian Eno. Recuerdo que tenía un reproductor de cidís, conectado a una radio tipo minicomponente, de estupendo sonido, en el que escuchaba discos del conjunto y los músicos mencionados, entre otros ejemplares de audio.

    Quedé fascinado con el producto. Con algunos amigos míos y otros amigos de él (todos seguidores del rock en sus variantes tanto comercial como más alejada de la industria), acudíamos a su casa para escuchar toda clase de maravillas y con el mejor sonido. Distinguir con facilidad singulares efectos de guitarras y sonidos de fondo que, vía cinta de caset, no necesariamente eran detectados de buenas a primeras, era plenamente factible en el equipo armado de amigo, gracias a los discos compactos. Grupos famosos como King Crimson, Genesis, Rush, Pink Floyd o Kiss, y solistas como Robert Fripp, Brian Eno, Peter Gabrfiel o David Byrne, eran parte del repertorio de esas memorables escuchas.

    No hay duda que el vinilo, dentro de los formatos de audio clásicos, tiene también un maravilloso sonido, uno que los formatos digitales modernos difícilmente son capaces de igualar en artefactos móviles. Creo honestamente que con el cidí ocurre algo parecido usando un buen equipo como medio. Por lo mismo, ¡que gocen todos de buena salud!

    En síntesis, seas disco compacto, compact disc, CD o cidí, a esta altura no importa cómo te denominen con exactitud, pero por respeto a la historia, ¡no te olvidaremos!.