Del grupo de rock más influyente y popular de todos los tiempos se ha escrito harto, pero «Imágenes de los Beatles», libro de fotografías y breves textos, constituye un interesante resumen.
«Imágenes de los Beatles», publicado en 2008 por Parragon Books, es una especie de álbum de fotos del cuarteto de Liverpool, consistente en instantáneas de gran calidad sacadas del archivo del Daily Mail y recopiladas entre 1960 y 2004.
Pero lo interesante no se detiene en las fotografías sino que se extiende a los breves textos que permiten explicar las evoluciones e involuciones del grupo de rock más famoso de todos los tiempos. Dicho de otro modo, esas leyendas arman una resumida historia.
Y allí no sólo quedan de manifiesto los aspectos archiconocidos de los «fab four», como los comienzos difíciles entre el Cavern de Liverpool y los boliches de Hamburgo, el despegue con «Love Me Do, la introducción a la marihuana motivada por Bob Dylan, la experimentación con LSD y la etapa vanguardista iniciada con «Rubber Soul» y finalizada con los atractivos individualismos de «Abbey Road», la contribución de George Martin como el quinto beatle y la influyente irrupción de Yoko Ono.
Al respecto, la publicación arroja interesantes conclusiones que permiten ratificar ciertos aspectos no siempre visibles de lo que fue y ha sido la trayectoria de John Lennon, Paul McCartney, George Harrison y Ringo Starr: la reputación de Brian Epstein como gran representante del grupo pero mal negociador de contratos, el desconocimiento cabal que tuvo la agrupación durante años acerca de sus ingresos, la fama de John como vanguardista y crítico del sistema tanto en el plano político como económico y, como contrapartida, la fama de de Paul como el beatle de mayor éxito como solista aunque no siempre receptor de criticas satisfactorias, los guiños de George y Ringo con el cine, etcétera.
Escuché decir en alguna oportunidad que la música es un “vehículo de emociones”. Puede ser. La subjetividad en este tema es neta: no tiene por qué acomplejarnos.
El título que le coloqué al presente texto no es casual. Tiene que ver con sucesivos debates en mi mente, otros que he observado y otros que he sostenido con otras personas. ¿Cuál es mi fundamento respecto de la afirmación? (“cualquiera puede opinar de música”).
Muy simple: si entendemos por “emoción” como una “conmoción afectiva de carácter intenso”, a su vez “conmoción” como “agitación o inquietud del ánimo” y “ánimo” simplemente como “alma o espíritu humano”, independientemente de las ideas de “positivo” o “negativo” que haya al respecto, quiere decir que la música genera emociones, hay subjetividad neta en tal sentido y, por lo tanto, cualquiera puede opinar.
Una cosa diferente es la crítica. Por “crítica” se entiende, entre sus diversos significados, “conjunto de opiniones o juicios técnicos que se hacen sobre una obra artística o del conocimiento”. La palabra “técnica” da la clave: tiene que ver con “conocimientos especiales”. Allí no cabe necesariamente la subjetividad.
Opiniones y «no tan opiniones»
Recuerdo que un músico, perteneciente a una conocida banda tributo chilena, me explicó muy claramente esta distinción: “cuando un músico que es admirador de un grupo X observa a una banda que tributa a ese conjunto, se fija en aspectos de tiempo, afinación, pronunciación del vocalista y hasta detalles propios de las grabaciones originales de la agrupación tributada. Quien no es músico probablemente dejará pasar más de un detalle, pero quien lo es detectará de inmediato las debilidades. Es una manera simple de decirlo”. Y no tengo por qué no creerle.
El tema es tan apasionante que recordé mis tiempos de la universidad, en 1995, cuando un gran profesor que tuve por entonces: el recordado Luis Advis, nos pasó el ramo de “Apreciación Musical”. Esa cátedra tuvo una introducción en 1994 denominada “Arte Contemporáneo” aunque el prefería para esa cátedra el nombre de “Estudio Comparado de las Artes”. Fue muy entretenido y enriquecedor.
Paul McCartney www.fanpop.com
No fue fácil, pero fue una buena introducción para el ramo de “Apreciación Musical”. Lo sentí como “anillo al dedo”: y no sólo por el hecho de haber sacado las mejores notas del curso en esa cátedra, sino porque aprendí mucho. La coda: una especie de “puente” entre una parte y otra de un tema musical; el acorde suspensivo: que es una variante que deja el tema musical como “pendiendo de un hilo” hasta que lograr proseguir; y el acorde conclusivo: el claro final de un tema musical, entre otras, fueron algunas de las enseñanzas de ese período.
Pero de lo que tampoco tuve duda por entonces fue de la subjetividad. Advis era músico 100 por ciento, tocaba el piano maravillosamente, componía y orquestaba. Autor de la “Cantata Santa María de Iquique”, este notable académico nos facilitó la comprensión de las diferentes etapas de la música: Barroca, Clásica, Romántica o Moderna, por ejemplo. Desde ese punto de vista, Johann Sebastian Bach no puede parecerse a Wolfgang Amadeus Mozart, y Tchaikovsky no encaja en el mismo estilo de Stravinsky.
Sentido cósmico y atractivo
Allí no sólo opera un tema de épocas distintas, sino de estilos distintos y, por cierto, toda clase de emociones. Un músico veterano, integrante de una renombrada agrupación nacional, me confesó algo revelador: “la música, tal como sostuvo Mozart, está en el universo, existe y lo que uno hace es rescatarla. Hay música en muchas cosas. Yo, que soy músico, puedo detectarla hasta en sonidos simples”.
Paul McCartney, el reconocido ex Beatle, sostuvo que cuando componía junto a John Lennon en pleno apogeo de los “fab four”, hacían algo espontáneo aunque se preocupaban mucho de que sonara atractivo. McCartney reconocía, no obstante, que la clave estaba en la sección media. La sección media brinda, a juicio del británico, una pausa especial, un impulso diferente a la canción.
En síntesis, así como Pilar Sordo exclama «¡viva la diferencia!», yo digo «¡viva la subjetividad».