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  • «Acceso Directo» de Andy Cherniavsky: un gran foco para el rock argentino de los años 80

    Por Gonzalo Figueroa Cea

    A un año del lanzamiento del libro de la reconocida fotógrafa trasandina, compartimos una reseña sobre esta publicación, relativamente reciente pero ya con perfil de clásico.  

    Andy Cherniavsky es una de las fotógrafas más aplaudidas de Argentina, dueña de una producción en lo profesional que puede resumirse, en la perspectiva de cuatro décadas y media de trayectoria, como una seductora combinación de moda, arte y rock. Pero también es y ha sido un testigo privilegiado de parte importante de la historia del rock argentino.

    Sería burdo reducir su relevancia al hecho de ser amiga de Charly García y ex pareja de Andrés Calamaro, por mucho que varias páginas de Acceso Directo (Memorias de una fotógrafa del rock argentino en los años 80), escrita por Andy, sean dedicadas a situaciones en las que los astros citados fueron parte involucrada.

    No hay duda que en Acceso Directo, Charly y el ex Abuelos de la Nada son citados como personajes clave en el desarrollo de la profesional como fotógrafa, pero a su vez aquellas amistades y la cercanía con otros figuras fomentan un vínculo importante con el desarrollo mismo del rock argentino, sobre todo en una década matizada con la agonía de la dictadura, la irrupción de la «Primavera alfonsinista», un despegue importante de la industria del rock, episodios de violencia, algún tipo de decadencia y el nacimiento de algunos mitos.

    Allí no sólo cabe el origen en cuanto a crecimiento personal de la propia autora de la publicación, con el recuerdo de un hermano muerto muy joven, un padre muy vinculado con el mundo del espectáculo o de los eventos culturales, una madre con una visión moderna en el plano de las libertades en tiempos en que aquellas se restringieron brutalmente y muchos viajes tanto el interior como al exterior (algunos forzados, otros no tanto), sino que la contribución, surgida en tiempos de la adolescencia de Andy, de un sentido de la curiosidad gatillado por ese exquisito mundo del que era parte, donde la fotografía se transformó en la herramienta para inmortalizar momentos únicos y llenos de sentido. 

    Al leer este interesantísimo conjunto de historias sobre el rock argentino, es espiritualmente palpable la alta sintonía de Andy con Calamaro, quien fue su novio durante varios años, y su gran amistad con Charly García, pero sobre todo el aporte de las admiraciones y las influencias mutuas más allá del rigor del trabajo y más allá de recitales, giras, veranos inolvidables, circunstancias festivas y otros estímulos de quienes viven con intensidad sus primeras décadas de vida, con el ingrediente añadido no menor de ser parte del energético mundo del rock and roll.

    El sentido del «Hornero Amable» (una especie de símbolo de su relación con Andrés Calamaro y un vínculo con la música), la accidentada actuación de Charly García con su banda en el Festival Buenos Aires Rock & Pop de octubre 1985 (con un micrófono inalámbrico que él mismo lanzó y se «paseó» por la cancha de Vélez Sarsfield), las tristes miradas de Luca Prodan y de Federico Moura (líderes de Sumo y de Virus, respectivamente) en sesiones fotográficas tomadas poco tiempo antes de las muertes de ambos, la gran admiración hacia Miguel Abuelo (otro ícono del rock trasandino fallecido en los años 80), el importante apoyo al mismo Charly en momentos en que la salud del astro estuvo particularmente frágil, las peculiares formas de ser de García y de otras estrellas, y la singular lucha de una mujer por hacerse un lugar y ser respetada en un ámbito de dominio masculino casi sin contrapeso, son sólo parte de aquel atractivo set de testimonios en primera persona que nos ofrece la fotógrafa en Acceso Directo.

    En un plano personal netamente mío, en la lectura del texto aludido me llamó particularmente la atención, por una parte, la exquisita forma de trabajo, vida social y enorme curiosidad de captar influencias de Serú Girán (donde brillaron Charly, Pedro Aznar, David Lebón y Óscar Moro), a mi juicio la gran banda de la historia del rock argentino. Y, por otra parte, la trascendencia de Los Abuelos de la Nada al margen del vínculo de Cherniavsky con Andrés Calamaro o Miguel Abuelo. Como que tengo la sensación (y me asoma una curiosidad enorme al respecto) que, de no haber prosperado el estruendoso fenómeno extracontinental de Soda Stereo, los Abuelos hubiesen sido la gran banda argentina del rock al menos de los años 80. El destino y quizás (dirán algunos con mayor seguridad) los egos dijeron otra cosa.

    En síntesis Acceso Directo (Memorias de una fotógrafa del rock argentino en los años 80), publicado por Planeta ( de cuyo sitio saqué la foto de portada) y cuya primera edición es de abril de 2020, es un libro con el derecho absoluto a convertirse en un clásico de la literatura sobre el rock en el vecino país, contado por una testigo privilegiada.

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    LIBRO «ACCESO DIRECTO»