Disco de 1975 confirma a la banda norteamericana entre las grandes del rock de guitarras duras.
Aunque no es una de mis bandas de cabecera, me gusta -y mucho- Aerosmith. Si bien es cierto no computo por parte de la prensa especializada la mención del grupo de New Hampshire en alguna clasificación o «santísima trinidad» que lo sitúe al lado de conjuntos como Led Zeppelin, Deep Purple, Black Sabbath, AC/DC o Judast Priest, posee un hard rock que equilibra sabiamente la potencia intrínseca de la música de guitarras duras y la contundencia comercial del pop que visita regularmente las listas.
En una oportunidad, un músico nacional de rock me comentó que la influencia de Aerosmith -cuyo primer álbum fue lanzado a fines de 1973- se ve claramente en bandas ochenteras de hard rock como Poison, Bon Jovi, Warrant o White Lion, con inspiración más glam, dado el sofisticado uso de maquillaje, peinados de peluquería y vestimentas sumado a un espíritu de música de guitarras duras más comercial y de matiz más romántico.
«Juguetes en el entretecho»
En esta ocasión, comparto mi comentario sobre el tercer disco de la banda, «Toys in the Attic» (algo así: como «Juguetes en el entretecho»), clasificado antes de la medianía de la tabla en el ranking de los 500 mejores long plays de la historia del rock and roll según la revista Rolling Stone, publicado en 2003.
A su vez, la banda liderada por el cantante Steve Tyler, conforme a la clasificación que José Ramón Pardo y su equipo hacen en el grueso libro de 650 páginas, «La discoteca ideal de la música pop» («Los 1.000 mejores discos del pop-rock»), de 1997, figura con el citado largaduración, lanzado en 1975.
«Los juguetes en el entretecho» no sólo se distinguen en las cifras -en la misma publicación de Pardo resalta una presencia de más de dos años en las listas y una venta superior a las cinco millones de copias-, sino por la versatilidad e histrionismo de Tyler como vocalista y la templada contundencia de sus compañeros de banda.
Arropado por la dureza de las guitarras y la correspondiente base rítmica, «Toys in the Attic» da tiempo para acelerar, brindar ciertas pausas y, en medio del dominio más proclive a lo duro de estos herederos del rock and roll, cabida para el romanticismo, como el de la canción «You see me crying».
Son 37 minutos y fracción de regularidad justificada dado el escaso margen de aburrimiento que ofrece el álbum, aunque los aficionados podrán apreciar mejor, entre los nueves temas de la producción, «Sweet emotion» o «Walk this way».
Para la grabación del citado trabajo Aerosmith estaba conformado, además de Tyler (quien además de cantar, tocó allí la armónica y el piano, y acompañó en la percusión), por Tom Hamilton (bajo y guitarra rítmica), Joey Kramer (batería y voz), Joe Perry (primera guitarra, guitarra acústica, bajo y voz, entre otros instrumentos y funciones) y Brad Whitford en guitarras.
Bibliografía: «La discoteca ideal de la música pop» («Los 1.000 mejores discos del pop-rock»), de 1997.

