Carlos González y Braian Quezada nos invitan a conocer detalles de la relación entre los «titiriteros» del balompié rentado y el poder de facto entre 1973 y 1989.
«A discreción» desmenuza lo que fue el fútbol profesional chileno en años de dictadura. Desde tiempos postreros a la legendaria (por lo ultra comentada y mítica) clasificación de la selección chilena al Mundial de Alemania, pasando por los inicios del sistema de pronósticos deportivos conocido como Polla Gol, la transformación definitiva del balompié rentado en actividad empresarizada (las camisetas con publicidad, como primera gran señal), los cuestionados manejos de los dirigentes en materia de finanzas y la consiguiente la «deuda histórica», hasta la culminación de los años más turbios con el gran engaño del Maracaná en 1989.
«Viaje al corazón del fútbol chileno bajo la dictadura militar» es la bajada del título del libro, escrito por los periodistas Carlos González Lucay y Braian Quezada Jara, publicado en su primera edición por editorial Forja en septiembre de 2010, con el apoyo del Centro de Ecología Aplicada (CEA) y el patrocinio de la Comisión Bicentenario. César Betancourt, Edgardo Marín, Luis Omar Tapia y Marco Sotomayor detallan con sus palabras, en la tapa del texto y en sus primeras páginas, sus favorables puntos de vista al respecto.
En el plano estadístico-deportivo, en las páginas finales están incluidas las tablas de posiciones de los campeonatos nacionales y las liguillas de Primera División que tuvieron lugar en el período aludido: 1973-1989.
Me permito destacar algunos párrafos de la investigación, la que por cierto me gustó y recomiendo:
«Para algunas personas, el fútbol se reduce a un balón y veintidós idiotas corriendo tras de él. Para nosotros, es un fenómeno social, que a lo largo de los años ha sido utilizado como un arma política, y puesta al servicio de los más diversos regímenes. Desde la España franquista hasta la Cortina de Hierro, pasando por el nazismo alemán y el fascismo italiano, hasta las dictaduras latinoamericanas, como en Argentina y Chile….
La relación entre el fútbol chileno y el Régimen Militar está llena de contradicciones. Durante sus 17 años, hubo períodos de colaboración, indiferencia y otros donde, derechamente, existió intervención. Esto dependía fundamentalmente de dos personas: quienes estuvieran al mando de la antigua Dirección General de Deportes y Recreación (hoy Instituto Nacional del Deporte, o Chiledeportes) y de la Asociación Central de Fútbol (actual Asociación Nacional de Fútbol Profesional, ANFP)».
(BOLETERÍA-Las puertas de la historía, página 19)
«La crisis ha llegado a tal punto, que se dice que la ACF no tenía luz, agua ni teléfono debido a las cuentas impagas. Sin embargo, ni periodistas ni dirigentes de la época recuerdan que esto haya sucedido. Lo que sí está fuera de toda de discusión, es que los futbolistas seguían sin cobrar sus sueldos y los auditores, que estaban estudiando la forma de saldar las deudas, se vieron obligados a suspender su labor pues se les debían varios meses de honorarios. Ello obligó al Director de Deportes, general Sergio Badiola, a asumir la superintendencia económica del fútbol, tomando la decisión de entregar los fondos directamente a los clubes, apartando a la Asociación Central de Fútbol del manejo de los dineros».
Todavía no era clásico en 1941 pero sí fue tema relevante de la edición 1 de la mítica publicación.
No hay duda que las estadísticas bien abordadas nunca mienten y, en el plano deportivo, eso suele ser más evidente por la vistosidad de su práctica y sus números. En 1941 Colo Colo se tituló campeón invicto del torneo mayor del fútbol profesional chileno. Se trató de su tercera corona en la fase rentada de nuestro balompié y también alcanzó la gloria en forma invicta en 1937. Universidad de Chile, en cambio, con algunos años menos en el profesionalismo que Colo Colo, ya exhibía una copa de la categoría máxima local en sus vitrinas: la de 1940.
Pero el actual derby mayor de nuestro fútbol (condición debida a la cantidad de títulos a nivel adulto y las tremendas popularidades de los dos clubes), no era tal en los años 30, 40 y 50. Recién en 1959 comenzó fraguarse como lo conocemos hoy. En los decenios referidos los clásicos mayores fueron Colo Colo-Magallanes, Magallanes-Audax Italiano y Audax Italiano-Colo Colo.
La «U» tenía su propio duelo de sello distintivo ante Universidad Católica: el clásico universitario, provisto en las previas de coloridas presentaciones artísticas, incluso en horario nocturno. Evidentemente existieron y existen otros clásicos. Pero esa es otra historia.
Lo cierto es que el primer número de la revista Estadio, del 12 de septiembre de 1941, tuvo como primer partido comentado el encuentro entre el brillante Colo Colo dirigido por el húngaro Francisco Platko y el laborioso elenco universitario, campeón vigente. No hay referencias acerca del recinto en el que se jugó el cotejo, pero por las características provistas por las fotografías pareciera que fuera el antiguo estadio de Carabineros (próximo al Parque Centenario y frente a Cumming).
Nueva táctica de juego Titulado escuetamente «Colo Colo gana la primera rueda», en el texto su autor, apodado Centre Half, puso de relieve que, aunque la «U» fue un difícil rival, la escuadra del cacique ganó merecidamente 2 a 1. «(…) en todo momento, se mostró más equipo y sus hombres dejaron de manifiesto su superioridad individual y excelente estado físico».
Destacó, no obstante, la labor del arquero Ibáñez y el defensa Breñas en la «U»; y el reconocimiento de los jugadores albos, al final del partido, de llevar en andas a su entrenador. Sin embargo, también el articulista expuso que la «lucha intensa» y el «juego fuerte» le restaron calidad al partido. En efecto fueron expulsados dos hombres de Colo Colo y dos del club azul (en esa época su color de camiseta era casi celeste, el pantalón blanco y las calcetas más oscuras y cercanas al tono posterior). Entre las figuras albas salieron mencionados Enrique Sorrel (el «tigre») y Norton Contreras.
Llama la atención, obviamente por su fondo, los párrafos finales del comentario, alusivos a la forma de juego impuesta por el adiestrador europeo, lo que les comparto acá:
«Colo Colo ha desarrollado en sus partidos de la actual temporada una nueva táctica de juego, impuesta por su entrenador Platko, que le ha dado buenos resultados. Además de esto, el referido entrenador ha logrado presentar a sus hombres en gran forma atlética, obteniendo en este sentido una clara superioridad sobre sus oponentes.
El sistema de juego de Colo Colo (táctica Platko) merece un comentario especial. Se trata de una modalidad esencialmente defensiva. El centro medio retrasado jugando en una línea con los backs tiene por misión vigilar estrechamente al centro delantero adversario; los medios de ala juegan más al centro del campo en estrecha vigilancia de los interiores y, finalmente los backs muy abiertos se encargan de neutralizar todo intento de las alas. Es decir, una defensa hombre a hombre. Este sistema también permite a la delantera efectuar ataques veloces y profundos: teniendo la ventaja que nunca el ataque se hace persistente, no dando lugar a que se cierre la defensa contraria frente al arco y haciendo difícil el goal.
Como decimos, la táctica Platko ha demostrado ser eficaz en nuestro medio; pero sinceramente creemos que no se debe esperar el mismo resultado al ser enfrentada a equipos extranjeros, argentinos por ejemplo. Es sabido que los argentinos son grandes dominadores de pelota y saben desmarcarse, lo que haría muy peligroso, a nuestro juicio, el uso del sistema en referencia en un cotejo con estos adversarios».
Puedes visitar el archivo de la revista Estadio a través del sitio Memoria Chilena.
Decir que la muerte de Diego Armando Maradona me provocó un shock sonará razonablemente exagerado. Pero no hablo de shock en el sentido de fondo de la palabra, sino que como perplejidad instantánea como consecuencia inmediata de conocer la noticia -inesperada (aunque no tanto)- en un momento de alta concentración laboral.
En efecto, mis dedos danzaban velozmente por las teclas de mi notebook,durante las primeras horas de la jornada del miércoles 25, cuando sentí unos tres sonidos de Whatsapp sospechosamente muy seguidos. Revisé el móvil y descubrí que un amigo había compartido en un grupo un gif del famoso segundo gol de Argentina a Inglaterra durante el mundial de México 86.
Una maravilla por donde se le mire y para muchísima gente el mejor gol de todos los tiempos. Un «gol de la puta madre» pero también una «oda al fútbol» para un distinguible compatriota de Diego, Fito Páez…Y para mí también. Pensé que era un homenaje sencillo, pero después me fijé que mi amigo añadió que Maradona había fallecido (complementó la información con «barrilete cósmico»).
No me detendré en los claros y oscuros de un tipo que, en tanto persona, estuvo muy lejos de ser lo que quisiera ver reflejados en cuanto a ciertos valores en mis hijas para la adultez (quizás él tampoco lo pensó para sí con sus hijos). Insisto: no me detendré en eso y menos en hechos de violencia asociados a su funeral, pero sí en el futbolista que admiro.
Y ese aspecto es el que me interesa subrayar: Maradona fue el tipo que llevo el barrio al fútbol (incluso graficado en esa cosa tan detestable como la trampa) pero fundamentalmente entendido este concepto como un juego intenso, de llenar la vista de espectáculo, de tensión, de motivación y aleonamiento permanente para sus compañeros, donde la formalidad ultramaqueteada del profesionalismo de las grandes ligas y justas internacionales era superada por la fuerza, la garra y el corazón para ir por el triunfo, pero donde además era posible que se impusiera cierta irreverencia para enfrentarse a los altos poderes del «deporte rey» a nivel mundial (eso puede interpretarse también como una actitud desafiante ante todos los poderes).
El maestro Eduardo Galeano (QEPD) y el periodista argentino Jorge Lanata han resumido la personalidad de Maradona enfocados en los matices más claros y más oscuros del personaje. Respecto de estos últimos, el énfasis de repudio por actos nada admirables (droga y temas de violencia intrafamiliar) lo dejo bastante más en claro Lanata, a diferencia del recordado escritor uruguayo, quien al igual que el autor de estas líneas no ocultó su admiración por Diego.
Los homenajes han plagado toda clase de redes, con verdaderos reportajes gráficos y audiovisuales, muchos de ellos al nivel de documental, provistos de narraciones, testimonios y goles. En cuanto a los debates sobre si es efectivamente el «mejor futbolista de todos los tiempos», las comparaciones con Pelé (un grande que está vivo y que enteró en octubre 80 años de edad) fueron, son y serán inevitables, pero no me extenderé en ello, no sólo porque no me agradan las comparaciones odiosas (sí las simpaticas) sino porque al mismo tiempo nos olvidamos de otros futbolistas excepcionales como Puskás, Yashin, Cruyff, Van Basten, Platini, Zidane, Garrincha, Zico, Ronaldo, Ronaldinho, Francescoli, Eusebio, Cristiano Ronaldo, Beckenbauer, Maldini, Elías Figueroa y los mismos compatriotas de Diego, Di Stéfano, José Manuel Moreno, Fillol y Messi, sólo por nombrar algunos de los más ilustres.
Podría entrar en detalles en torno a los clubes que defendió con éxito y mucho: Argentinos Juniors, Boca Juniors, Barcelona de España y Napoli; de su querida selección Argentina y del mítico mundial del 86 con sus goles de gran factura ante los belgas y sus asistencias en la final contra los alemanes…Y mucho más.
Sólo me resta resumir que rara vez quienes seguimos fútbol hemos visto jugadores tan superdotados, que no solamente son capaces de «echarse al equipo al hombro», sino hacer chiquitita la pelota vía caricias con borde interno, borde exteno, pecho, muslo, cabeza y sacarse de encima a los rivales a una velocidad endemoniada mediante amagues, fintas, desbordes, hacer verdaderos «actos de magia»: malabares, piruetas con el balón en los pies o en la cabeza, o sin él, y asistencias maravillosas. Maradona es claramente uno de esos elegidos.
No dudo que Brown, Burruchaga y Valdano fueron extraordinarios jugadores, pero tampoco dudo que el gran Diego influyó enormemente en las patriadas de estos héroes que le dieron el segundo y último título mundial a Argentina en México 86.
Para finalizar, sólo me resta emular al gran relator uruguayo Víctor Hugo Morales: gracias, Dios, por el fútbol, por Maradona, por estas lágrimas…
La obtención del torneo de la primera categoría en 1989 no sólo significó el origen de un legendario tricampeonato, sino el primer gran impulso hacia la conquista de la Copa Libertadores dos años después.
A estas alturas no tengo duda que fue el primer gran paso para llegar al equipazo de 1991 que obtuvo la Copa Libertadores. En efecto la conformación del equipo titular de Colo Colo en los primeros meses de 1989 me dio un poco la pauta para lo que venía. La mitad de ese paso ya se había dado en 1986 con la llegada de Arturo Salah a la dirección técnica, apuesta del timonel albo Peter Dragisevic respaldada ese año por la mayoría del directorio en reñida votación (parte de la mesa era partidaria de la continuidad de Pedro García como entrenador).
Cuando en el último año de ese decenio el club adquirió a Rubén Espinoza y a Eduardo Vilches, defensas que habían destacado en Universidad Católica sobre todo en la brillante campaña de la primera categoría en 1987, presentí que ese primer gran golpe en el mercado futbolístico nacional iba a rendir grandes frutos. Por añadidura Colo Colo trajo a Sergio Salgado, inagotable hombre gol de Cobresal; y Sergio Díaz, talentoso volante creativo argentino que se distinguió con sus tiros libres en Huachipato y Cobreloa.
A mis 17 años de edad pensaba que el salto cualitativo del club popular debía ser relevante, sobre todo tomando en cuenta un irregular 1988, donde las obtenciones de la Copa Chile (entonces Copa Digeder) y de la liguilla clasificatoria a la Copa Libertadores disminuyeron un poco cierto malestar que había en torno al rendimiento del equipo, el que incluso durante algunas fechas fue último en la competencia principal de la serie de honor y, en un clásico ante Universidad de Chile en una de las jornadas finales, perdió inapelablemente 0x3.
Todavía en rodaje durante los primeros meses de 1989 el equipo evidenció una mejoría en su juego con actitud y fútbol asociado de toque veloz y precisas entregas cortas. Pudo llegar más lejos en la Libertadores pero, tras un polémico partido entre los adversarios paraguayos: Olimpia y Sol de América (5 a 4 a favor de los últimos), remató último en el grupo que también integraba el campeón chileno: Cobreloa. En igualdad de puntaje final con Sol de América, Colo Colo sumaba menos goles a favor, razón por la cual la escuadra guaraní pasó a la fase siguiente y no el representativo chileno. Pero luego de esa experiencia adversa más una estupenda campaña en la Copa Chile (denominada Digeder esa temporada) que la volvió a ganar, el equipo ganó en confianza, fuerza y sentido colectivo.
Números pero también palabras
Y la campaña fue muy buena en el campeonato nacional: de 30 partidos, ganó 20, empató 5 y perdió sólo 5. Anotó 60 goles y recibió 28. Fue campeón con 45 puntos, a tres de Universidad Católica, y un 75 % de rendimiento, debajo de lo que logró en 1981 (campaña que figura entre los récords en competencias de 30 fechas: 48 puntos, dos de ellos por ser ganador de la Copa Chile, entonces llamada Copa Polla Gol) pero con la consolidación de un juego vistoso y contundente que poco a poco caminaba a hacer más historia y, además, con un ingrediente especial: la decimosexta estrella fue la primera alcanzada en su propio estadio, el Monumental, ubicado en el sector de Pedreros de la comuna de Macul y también conocido porque el nombre de su cancha recuerda al fundador y primer capitán del club, David Arellano Moraga.
Aunque la campaña de visita fue mejor (24 puntos versus 21), las mayores muestras de contundencia del último monarca de la década del 80 tuvieron lugar en casa: ante Fernández Vial, 6×2; Unión San Felipe, 4×0; Valdivia, 4×1; Naval 4×1 y Cobreloa 3×1. Como visita resaltaron los triunfos ante Huachipato, 3×0; Rangers, 4×2; el citado Fernández Vial, 3×2; y Universidad Católica (en el Nacional) 3×1. Los únicos manchones fueron las derrotas ante La Serena dos veces (1×2 en el Nacional y 0x1 en la Portada); 1×2 ante Cobreloa en Calama y los duros reveses en casa ante Unión Española y O’Higgins, 1×5 y 1×3, respectivamente. No obstante a tres de esos rivales pudo vencer en la revancha: a los loínos de local con el ya referido marcador y, de visita, a los rojos de Santa Laura 2×0 y a los calipsos de Rancagua por el mismo marcador.
El máximo goleador del cacique fue Sergio Díaz con 13 anotaciones. El del campeonato fue Rubén Martínez, de Cobresal, quien sacudió la red en 25 ocasiones. Al año siguiente llegó a Colo Colo. Siguieron a Díaz entre los más notorios scorers del elenco popular, Ricardo Dabrowski, con 11 goles; y Sergio Salgado y Marcelo Barticciotto, con 9. Entre los jugadores con mayor presencia de la escuadra campeona, además de los mencionados, destacaron el arquero Daniel Morón, los defensas Lizardo Garrido y Hugo González, los volantes Jaime Pizarro y Raúl Ormeño, y el delantero Guillermo Carreño, quien también estuvo entre las adquisiciones de principios de temporada. Sin embargo, en este plantel hubo dos figuras jóvenes que ya estaban ganándose un espacio relevante en el primer equipo: los defensas Miguel Ramírez y Javier Margas.
Los veloces ataques llenos de amagues, fintas, desbordes, toques y centros provistos de simpleza y elegancia, ya tenían patente y amenazaban con potenciarse en el futuro. En las virtuosas combinaciones irrumpían la mayor cantidad de veces apellidos como Espinoza, Carreño, Barticciotto, Pizarro y Sergio Díaz para que finalmente irrumpiera algún cabezazo o remate del «polaco» Dabrowski o de Salgado para hacerlo gol, aunque también la generosidad de todos alcanzaba para que el mismo «Barti», Carreño y hasta el «Chano» Garrido, por citar otras figuras, terminaran celebrando. Una mención especial merecen los tiros de pelota muerta de Pizarro y Díaz, siempre con olfato de gol en el arco rival.
«Bueno, mucha emoción porque no se puede, no se puede hablar: mira toda la gente feliz y contenta, y este campeonato es para toda esta gente», puso de relieve Dabwoski en medio de la algarabía por el logro, manifestado por el público que invadió la cancha del Monumental tras el empate ante Cobresal en la última fecha (a la misma hora Católica había perdido 1×2 ante Unión Española en Santa Laura). El gol del empate, concretado en un tiro libre de Sergio Díaz, bastó para aumentar la ventaja sobre la UC en la tabla de posiciones y alcanzar la gloria. «Es emocionante, es muy lindo jugar acá y ser campeón con Colo Colo. Imagínate», fueron algunas de las palabras de Salgado. «Imagínate: una alegría inmensa. Primero que nada salir campeón en el torneo de apertura y ahora en el campeonato oficial. Bueno, una alegría inmensa y creo que todo esto se lo debo a muchas personas que han confiado en mí, y este triunfo se lo dedicó sobre todo a mis padres, a mi mamá, a mi papá y a mis abuelos, a toda mi familia», enfatizó Miguel Ramírez.
El sabor especial del Monumental
Quisiera hacer un pequeño paréntesis final: cuatro años antes de este primer título en el recinto de calle Departamental, fui dos veces hasta allá. Una vez con mi padre y, la restante, solo y con el exclusivo acompañamiento de mi bicicross, regalo de Navidad. Tenía 13 años ese verano y, en la flamante bicicleta, me dio por recorrer algunas veces varios kilómetros por distintos lugares de nuestra capital. Un día decidí mandarme un pique directo desde la Villa El Dorado, en Vitacura (que, por entonces y con bastante respeto a los vecinos de ayer y de hoy, conservaba un fuerte y saludable matiz de clase media) hasta Pedreros, que tenía un «elefante blanco», una especie de Coliseo de Roma enclavado en una zona que, dentro de todo el Gran Santiago urbanizado, vendría siendo algo así como centro sur.
Impactado recorrí la infraestructura, cuya obra gruesa estaba lista. Abundaba la maleza, la cancha era una mezcla de tierra con pasto secos, todo lo correspondiente a las casetas para medios informativos, baños y zonas de descanso era solamente estructura en bruto (sin terminaciones) y los alrededores casi un tremendo sitio eriazo sólo interrumpido por las canchas de entrenamiento. La situación misma hizo volar mi imaginación.
Recuerdo que, por entonces, el presidente de Colo Colo, Alejandro Ascuí, proyectó que era factible finalizar el estadio en 90 días. Al final pasaron cuatro años y un largo historial cuyos detalles no son el objetivo de las presentes líneas, pero todo aquello que imaginé por entonces se cumplió. El título de 1989 fue, claramente, el primer gran paso.
La publicación es de principios de los 80, concentra gran parte de sus análisis en el balompié inglés, pero sus planteamientos mantienen plena vigencia: más allá de su innegable mayor industrialización, el fútbol es un fenómeno masivo provisto de grandes organizaciones humanas con códigos y costumbres propios.
Es curioso decirlo, pero conforme a la traducción real, “The Soccer Tribe” debió llamarse “La Tribu del Fútbol” en lugar de “El Deporte Rey”, título elegido para distribuir en Latinoamérica los ejemplares en español del referido libro del antropólogo inglés Desmond Morris. Sin duda “The Soccer Tribe” hubiese encajado mucho mejor en el espíritu de la publicación.
Y no se trata de ser seguidor del fútbol o no serlo, sino que de desarrollar un espíritu crítico, que el mismo Morris propuso en 1982 con “El Deporte Rey”, publicación de 238 páginas, completo análisis, vigente hasta hoy -pese al enorme crecimiento y profesionalización del negocio- de todas las características del fútbol moderno, considerando el accionar de todos sus protagonistas.
Morris se “remonta” a tiempos más allá de las desarrolladas civilizaciones de miles de años atrás, para efectuar sus primeros análisis comparativos y referirse al fenómeno integral del deporte más popular del mundo: analiza el comportamiento de las tribus para comprobar asombrosas similitudes de sentido entre el fútbol moderno y ciertas prácticas de supervivencia del hombre.
Cabe, entre esas prácticas, la caza de animales de gran envergadura mediante una gran capacidad física -combinación de fuerza y velocidad- y la utilización de armas para lograr la meta: vencer al animal (matarlo) y, acto seguido, traerlo a casa como trofeo e iniciar los festejos respectivos con el resto de los miembros.
En estas prácticas de supervivencia y en otras actividades, como corridas de toro o matanzas de animales (y, por cierto, de humanos) del famoso coliseo romano -por citar sólo un par de ejemplos-, hubo y hay un abominable componente de violencia, sangre y muerte, pero hay dos aspectos que no pueden pasarse por alto y que son puestos de relieve en el libro de Morris: el sentido de espectáculo dirigido a las masas y la idea de lucha seria, lo que se vincula también al espíritu del fútbol aunque éste no se trate de una actividad sangrienta y mortífera.
En síntesis, el balompié es tan sólo un juego de pelota pero con tintes de profesionalización y de seriedad que le otorgan un atractivo especial para millones de seres humanos.
Los perfiles psicológicos de futbolistas, árbitros, entrenadores, dirigentes e hinchas; verdaderas clasificaciones de los mismos de acuerdo a sus comportamientos; la forma de organizarse de cada club, el sentido de pertenencia de los hinchas, las cábalas, la evolución de los esquemas y del reglamento del deporte, los códigos internos de los futbolistas y los códigos de los hinchas, el sentido de tradición y sacrificio del deporte, las grandes tragedias, la violencia en las graderías, los escudos y banderas y el por qué de los colores de una camiseta, sólo por citar algunos ejemplos, son parte de esta “cultura tribal” expuesta por Desmond Morris en “El Deporte Rey”.
Estos temas conforman este estupendo libro que, aunque concentró la mayor parte de su enorme trabajo de investigación en Inglaterra (con rico material gráfico y estadístico), posee conclusiones aplicables en todo el “planeta fútbol” e, incluso, a 30 años de su primera edición.
Harold Mayne-Nicholls no se transformó por generación espontánea en víctima del largo episodio que lo «desbancó» del timón del balompié rentado chileno. La idea de «autogol político y empresarial» al que se refiere el periodista Francisco Sagredo en su libro sobre la reciente crisis del fútbol profesional de nuestro país, da un poco la pauta acerca de un juego de ambiciones y de poder demasiado fuerte…Algo así como hacer las cosas siempre al límite.
Cuando agarré el libro «La Caída» del periodista Francisco Sagredo, el texto en realidad me agarró a mí y no me soltó. Era una inquietud mía saber más acerca de la reciente crisis institucional del fútbol profesional chileno que, a la larga (y no tan a la corta), significó que Harold Mayne-Nicholls no siguiera al mando del organismo rector del balompié rentado en nuestro país, sepultando así un período muy exitoso del fútbol chileno, donde la clasificación de la selección nacional al Mundial de Sudáfrica y la participación de ésta en dicha justa internacional, liderada por el entrenador argentino Marcelo Bielsa, mantuvo entusiasmado a todo un país.
«La historia secreta del autogol político y empresarial de Mayne-Nicholls, Bielsa y el fútbol chileno» es la referencia de la portada del libro, la que ilustra una pelota desinflada y un banderín de corner incrustado en el ella. Como que algo murió y no se levantó más…. Y no se equivoca el colega Sagredo en esta idea expuesta en la portada del libro.
Quienes crean que el texto estigmatiza a Mayne Nicholls y atribuye toda la responsabilidad de su «caída» a él mismo, se equivocan anticipadamente. Francisco Sagredo, entretenido para narrar y con una fuerte tendencia a reiterar el detalle de ciertas situaciones importantes para que al lector recuerde bien cada una y asocie con facilidad cada «cabo suelto» de la historia para entender la panorámica, no se refiere sólo a Mayne Nicholls sino que al sistema llamado «fútbol chileno», donde el dinero, la ambición, las pugnas de poder, la falta de diálogo y de «muñeca política» pueden determinar los destinos de la actividad más que los propósitos nobles de quienes pueden dirigir toda la organización.
Evidentemente los errores de Mayne-Nicholls no tuvieron que ver con haber traído a Marcelo Bielsa a la selección. Tampoco fue un error haberle dado un sentido de profesionalización al fútbol chileno al más puro estilo FIFA, el máximo ente rector del fútbol mundial. Mayne-Nicholls privilegió un sentido generoso y equitativo en las contribuciones de la actividad para todos los clubes (de allí la tremenda importancia de la gran fuente de recursos para los clubes, como lo es el Canal del Fútbol, CDF).
Más que una cosa de estilos Conforme a lo que investigó Sagredo, el gran problema de Mayne-Nicholls fue haber sido poco abierto al diálogo, intolerante ante las opiniones, propuestas y visiones diferentes de otros dirigentes, y no sólo en referencia a los adversarios, sino que incluso en referencia los propios aliados. Quizás allí también cabe el excesivo apego al estilo «FIFA», tan diplomático como impersonal y poco dado a las acuerdos de camaradería, «a lo amigo», tan propio del fútbol chileno en su etapa «pre sociedades anónimas» (lo que no es poco decir: estamos hablando de más de 100 años de historia).
No obstante, hay otros protagonistas. Genio y figura de toda este «telenovela» es el entrenador rosarino. En su estilo: regularmente hermético, poco amigo de hablar con la prensa (igual que el mismo Mayne-Nicholls) y propenso a dar verdaderas clases magistrales de dos horas y fracción cada vez que le concede la esporádica posibilidad de dar una conferencia de prensa a los medios informativos. En otras palabras, el «estilo Bielsa».
El nombre del español Jorge Segovia, dueño de la Universidad Sek, presidente de la Unión Española y el dirigente que finalmente derrotó a Mayne-Nicholls en la elección de directorio de la Asociación Nacional de Fútbol Profesional (ANFP) que marcó en 2010 un antes y un después en la historia del fútbol chileno, es casi accidental. Es el hombre que finalmente se subió al «carro» como candidato de los adversarios que querían derrocar a Harold.
Mientras el «hombre FIFA» y periodista recibía todo el reconocimiento de la ciudadanía por su enorme capacidad dirigencial, graficada en el éxito de la selección, el mejoramiento de estadios de fútbol al nivel FIFA (materializada a través del gobierno de la Presidenta Michelle Bachelet) y el apoyo a los procesos formativos de las divisiones inferiores del balompié, la oposición, encabezada por representantes de los tres clubes más importantes del fútbol chileno: Colo Colo, Universidad de Chile y Universidad Católica -hombres como Guillermo Mackenna, de Blanco y Negro (Colo Colo); y José Yuraszeck, de «Azul Azul» (la «U»), por ejemplo- urdía el plan para destronar a Harold, principalmente motivados por el manejo que ellos consideraron inadecuado por parte del directorio de la ANFP en la repartición de los excedentes del Canal del Fútbol.
Dicha operación para sacar a Mayne Nicholls del poder duró cerca de un año y medio entre los primeros meses de 2009 y noviembre de 2010, época de la elección de la ANFP.
¿»Buenos» y «malos»?….¡No!
No obstante, irrumpen en la historia otros nombres en el «reparto»: entre aquéllos, los dirigentes Darío Calderón y Ricardo Abumohor, como cercanos al periodista; y Federico Valdés, Miguel Nasur y Antonio Bloise, entre los opositores…El nombre de Sergio Jadué aparece como alternativa de presidenciable tras declararse forzadamente viciada la elección que llevó a la derrota a Mayne-Nicholls. Jadué derrota finalmente al candidato oficialista, Ernesto Corona, ratificando a principios de 2011 el triunfo de los adversarios del «hombre FIFA» en la ANFP.
Cabe mencionar también el importante «cortocircuito» entre la dupla Mayne-Nicholls- Bielsa y la del Presidente de la República, Sebastián Piñera, y el titular de Chile Deportes, Gabriel Ruiz-Tagle (ex presidente de Colo Colo), gatillado por diversos desencuentros, además de las fuertes y constantes especulaciones de conflictos de interés del mandatario y Ruiz-Tagle.
«La Caída» no es un libro en que Sagredo divida a los protagonistas entre «buenos» y «malos». El tipo es bastante ecuánime en ese plano. No obstante dejo para el final tres párrafos reveladores del texto que llaman mucho la atención. Uno se refiere a la gestión financiera y otro, sin chistar demasiado, revela un poco la personalidad de Mayne-Nicholls:
«Se va Mayne-Nicholls y deja como legado un estilo de administración contradictorio. Sus obras están ahí (la mayor, Bielsa), pero sus desastres también: tres mil seiscientos millones de pesos en pérdidas para el período 2007-2010. A quienes fueron sus mandantes les asiste un evidente derecho a pataleo, sobre todo si se toma en cuenta que, de esa cifra, mil trescientos millones corresponderían sólo a gastos de administración en la ANFP para los primeros nueves meses de 2010».
(«Ángeles y Demonios», parte de la columna escrita por el periodista César Olmos para el Mercurio el 15 de enero de 2011)
«Esta semana estoy entregando el primer borrador de mi libro sobre la crisis que vivió el fútbol chileno el año pasado. Ya le he escrito en otras oportunidades para solicitarle una entrevista para mi investigación y usted, atentamente siempre, ha declinado mi propuesta.
Bueno, como ya estoy cerrando mi trabajo, me parece necesario intentar por última vez, en el entendido que gran parte del libro se refiere a su persona y que el cien por ciento de mis cincuenta y un entrevistados tuvieron opiniones relacionadas con su gestión en Quilín y su larga carrera en el fútbol, ofrecerle nuevamente la opción de entregar su versión de los acontecimientos y confirmar, desmentir o simplemente ignorar las informaciones que se me han entregado y que tienen que ver con su recorrido en el fútbol nacional e internacional».
(mail de Francisco Sagredo dirigido a Harold Mayne Nicholls el viernes 30 de septiembre de 2011 a las 03:52)
«Estimado Francisco: Gracias por su mail y sus palabras. Comprendo perfectamente su posición y agradezco la delicadeza, pero mi respuesta no ha variado ni varíará. Atentamente, Harold Mayne-Nicholls».
(mail de respuesta de Harold Mayne Nicholls a Francisco Sagredo el viernes 30 de septiembre de 2011 a las 10:02)
Tras un prolongado letargo, no por desidia sino por redefinición en torno a la naturaleza de este mismo sitio, he decidido «resucitar» Rocas Alucinantes. Y lo hago a contar de este miércoles 18 de julio, apoyado en una pluma libre, más atrevida, pero igualmente más pensante…Quizás más estratégica, pero no estratégica en el sentido de usar la misma web y las redes sociales como si fueran el arma letal de un francotirador, sino como un medio donde los conceptos de cultura y espectáculos no tengan límites y sean puertas amables que la gente pueda abrir, curiosear a interesarse por los temas abordados.
Conforme al mismo espíritu inicio esta etapa con un atrevimiento: en este caso referirme a un medio que enteró algo más de un mes de existencia. Se trata del sitio web Freakopolis, impulsado por mi amigo Pablo J. Gasc. No solamente me ha atrapado por un vínculo amistoso, porque he escrito en él o simplemente por el factor de seducción del medio.
Me estimula ver medios nuevos. En un mundo dominado por intereses demasiado interesados (valga la redundancia) en «emborrachar la perdiz» para que la gente asuma la «normalidad» (concepto archi manoseado, como si fuera normal cualquier cosa) como algo que no tiene remedio pero con las ventajas de las tarjetas de crédito (y todo lo que tenga «estanque de reserva», aunque sea ajeno) y las supuestas libertades de los sistemas de salud, pensión y educación, siempre se agradecerá la existencia de espacios del universo Internet que traspasan la delgada línea entre lo obvio o lo demasiado habitual, por un lado, y la novedad, la irreverencia o la crítica abierta por otro.
Y en Freakopolis encontramos un confortable ambiente variopinto, donde caben comentarios de libros, temas contingentes (como la ley que obliga a transformarse en responsables a ciertos padres de billetera prominente y cariño escaso), entrevistas a personajes como el astrónomo José Maza y el comediante Adriano Castillo, la irrupción en una cita de ilustres líderes de la extinta Concertación y mucho más.
Por mi parte enteré tres colaboraciones con este medio enfocadas al área de entretenimiento: artículos sobre “A llorar a la Fifa”, podcast de fútbol conducido por Juan Cristóbal Guarello; los 40 años del lanzamiento del más emblemático álbum de The Police: “Synchronicity” y un homenaje a Harry Hole, el policía gigantón, personaje entrañable de las novelas del escritor noruego Jo Nesbø. Evidentemente vendrán más.
Informarse no tiene límites y, en tal sentido, Freakopolis seduce.
Comparto con ustedes la coordenada directa: https://freakopolis.cl/